Cuadro del Tercer Grado Masónico



Cuadro del Tercer Grado El Cuadro del Tercer Grado puede interpretarse
de dos maneras. Como los otros Cuadros, muestra primero una pintura
del individuo humano. En este sentido indica que el concepto habitual
de la vida humana es como la muerte comparada con la capacidad del
potencial humano. En segundo lugar, la perspectiva del interior del
templo sugiere que muriendo al concepto del yo se puede conseguir ese
potencial. El ritual del Tercer Grado, tal como lo lleva a cabo la
logia, describe sencillamente el proceso de esta “muerte del yo falso”
de una forma dramática; y de este modo el ritual aporta una especie de
introducción al tema. Este acontecimiento solo puede darse en personal
psicológicamente maduras. Únicamente una persona que haya asumido la
responsabilidad de su vida, que haya experimentado el surgimiento del
yo, que haya desarrollado su propia voluntad y esté preparada para
rendirla ante la deidad, “tiene derecho a demandar ese último y mayor
juicio por el que sólo [él o ella ] puede tener acceso a los secretos
del Grado [de Maestro Masón]”. Los términos de esta cita son
importantes. El ritual habla de un proceso psicológico; será difícil
(el juicio), el individuo debe iniciar el proceso por sí mismo (tiene
derecho a solicitarlo), y mientras tenga lugar este proceso
psicológico el desarrollo del individuo no cesará (es el único modo de
avanzar). El texto sagrado nos dice que la experiencia real se
verifica “con la ayuda de Dios”, y nosotros asumimos que es cuando la
deidad lo desea. Cuando esto ocurre, llega, como hacen las
iniciaciones masónicas, en el contexto de “los deberes cotidianos del
lugar que [uno] ocupa en la vida”. Podemos tratar de entenderlo
considerando tal circunstancia en términos generales. Los masones
reconocerán la situación como algo paralelo al ritual del Tercer
Grado. El individuo se encuentra a sí mismo en su vida corriente en
una situación de gran dificultad, pero para la que se ha preparado y
con la que debería ser capaz de enfrentarse. Cuando hace frente a la
situación, sus habilidades fallan una tras otra. Sus análisis de la
situación, aparentemente correctos, no aportan respuestas útiles; sus
actos, perpetrados sobre la larga experiencia, no producen ningún
beneficio. No puede recurrir a la ayuda exterior porque la situación
psicológica le impide abrirse a aquellos que podrían ayudarle. Cada
vez que recurre a una de sus capacidades cultivadas con tanta
dedicación y esmero, ésta le traiciona. Un medio de escapar de la
situación se presenta ante él, pero lo rechaza por que implica la
violencia de alguno de los principios morales que se ha comprometido a
respetar. Pero él persevera. Las circunstancias externas empeoran, y
su situación continúa deteriorándose. Por fin se dirige al “Oriente”,
hacia el lugar de su ser que, como le ha enseñado la experiencia, es
la fuente inagotable de ayuda en los momentos de desesperada
necesidad. Y le mata. Sus restos son enterrados entre los escombros
del templo psicológico que con tanto cuidado había edificado. Ya hemos
visto porque se desarrolla este acontecimiento. El individuo que se
concibe a sí mismo como una simple “alma” y cree que “hay algo más”
está tan enredado en la ilusión de una existencia independiente como
lo estaba cuando se consideraba a sí mismo simplemente un cuerpo
físico. Los juicios que van a integrar las duras pruebas del individuo
son el resultado de sus propios trabajos masónicos, que le han llevado
a la situación en la que ya no puede funcionar sin esa ilusión; y es
ese concepto ilusorio de sí mismo, inadecuado para la clase de vida
que debe vivir, el que muere. De igual modo que el candidato en la
ceremonia no permanece demasiado tiempo en la tumba simbólica, tampoco
dura mucho en el período de desorientación en la experiencia real. El
agente de la psique que hemos llamado el Venerable Maestro sube a la
consciencia para convertirse en el principio rector primario dentro
del cual el individuo, en su nuevo estado, se tiene a sí mismo por un
ser espiritual en posesión de un alma/ yo y un cuerpo. El individuo se
eleva en su tumba de escombro psicológico para encontrarse a sí mismo
en la logia del Maestro Masón, en la puerta de acceso hacia el
sanctasanctórum del templo de su propio ser; y a través de su velo
puede vislumbrar la presencia de la divinidad. Tras este proceso
interior ha llegado el fin, la situación externa que provocó este
acontecimiento psicológico parece fácil de resolver o incluso parece
poder resolverse por sí misma, igual que los asesinos del arquitecto,
que, en la leyenda, comparecen ante una justicia rápida y segura. El
proceso se resume claramente en el Cuadro del Tercer Grado, que señala
que el camino hacia este nuevo estado interior pasa por la experiencia
de la muerte del yo. Considerando los grados previos, hemos
comprendido el trabajo que debe realizarse en cada nivel al examinar
una de las Tres Joyas Inmutable. La piedra bruta del aprendiz indicaba
la responsabilidad individual ante uno mismo. La piedra perfecta de la
cámara central indicaba que dentro del alma humana existía un criterio
interno absoluto con el que el miembro debía contrastar su propia
moralidad. La Joya Inmutable que se refiere al Maestro Masón es el
Cuadro y, a diferencia de las otras joyas, no está relacionada con una
única piedra; más bien, como el cuadro sobre el que están dispuestos
los dibujos, trata de las relaciones entre las piedras y la totalidad
de la escultura superior a la que pertenecen. Esto es como decir que
los intereses del Maestro Masón son transpersonales y holísticos. Esta
idea se transmite de otra manera. Los ornamentos e la ideología del
Maestro Masón son la puerta de acceso hacia el sanctasanctórum (donde
se reúne la logia de los Maestros Masones), el pavimento cuadrado de
esa entrada y la pequeña ventana que la ilumina. Esta colección de
símbolos, y especialmente su proximidad al lugar del templo donde
reside la divinidad, indica que el Maestro Masón, en el sentido en que
lo definimos, es una persona consciente a un nivel psicológico
relacionado con el mundo del espíritu del mismo modo que nuestro ego
habitual es consciente del cuerpo y del mundo físico. Se sitúa en el
pavimento cuadrado, que es el mismo símbolo de la dualidad y la
separación que vimos en el Primer Grado, pero bajo la luz que procede
de la ventana ve que los objetos aparentemente independientes del
mundo son sencillamente manifestaciones únicas de la esencia divina
tal y como ella misma se proyecta en la existencia. En un sentido muy
real, el Maestro Masón no es nada más (ni nada menos) que un individuo
cuya responsabilidad consiste en ser consciente de la unidad esencial
y en manifestar “los deberes cotidianos del lugar que ocupa en la
vida” en esa consciencia. Existe otro modo de entender el nivel de la
consciencia que representa el Maestro Masón. Igual que el aprendiz
tenía herramientas para la acción, y el compañero herramientas para
poner a prueba, así tiene el Maestro Masón herramientas para el diseño
y la creatividad: el lápiz, el skirrett y el compás. El lápiz es la
herramienta activa. Del mismo modo que cuando escribimos o dibujamos
con un lápiz, los pensamientos que residen en la psique “cambian los
mundos” por así decirlo, en la punta del lápiz y adquieren forma de
palabras o diagramas – la representación de los pensamientos en el
mundo físico -, así el lápiz como herramienta activa del Tercer Grado
representa ese punto profundo de la consciencia donde el material
procede del espíritu entra por primera vez en la psique y toma forma
en la mente, un fenómeno que reconocemos como “creatividad” o incluso
“revelación. El skirrett es una herramienta que se emplea en el
terreno práctico para sujetar el lápiz y limitar su movimiento; y ese
es exactamente el papel de la función psicológica que representa: esta
función podría llamarse “entendimiento”, una definición que quizá
podría depurarse para transmitir la idea de las leyes, tradiciones y
principios fundamentales que logramos comprender tras un estudio
exhaustivo, paciente y cuidadoso y que pueden delimitar y guiar el
entusiasmo de la “creatividad”. Como todas nuestras funciones
psicológicas, estas dos necesitan mantenerse en un equilibrio
consciente. La herramienta de la consciencia que realiza esta tarea es
el compás. Conocido hoy como la bigotera, es un instrumento de
proporción, cualidad precisa que se requiere para mantener la
tradición y la revelación, principio de creatividad, en equilibrio.
Para conocer una última idea de las responsabilidades que recaen sobre
el Maestro Masón diremos que sus aspiraciones no se dirigen hacia el
Este –su orientación ha cambiado, como indicaban los puntos cardinales
del compás del Cuadro del Tercer Grado -. El Maestro Masón mira hacia
el Oeste, desde donde ha venido con la actitud de la tercera de las
virtudes teologales, la claridad, que representa el estado anónimo
apropiado de los pocos que, de hecho, alcanzan ese Grado. En el Cuadro
del Primer Grado, la caridad se sitúa en el peldaño más alto de la
escalera de Jacob, principalmente en la parte del Cuadro que
representa la psique, pero con la cabeza en la zona que representa el
espíritu e iluminada por la gloria de la divinidad. La Caridad
amamanta a un niño, que simboliza la responsabilidad del Maestro Masón
de educar a todo lo que le siga. Esta ideas nos dan una idea de que el
Maestro Masón, una persona que puede considerarse madura en el
contexto de la psicología en proceso de desarrollo que hemos derivado
de los símbolos de la orden de la francmasonería. El Maestro Masón se
encuentra a la luz del espíritu, con los pies en el terreno del mundo
de lo cotidiano, y reconoce, de hecho, la manifestación única e
integrada de la voluntad divina en todos los mundos. El desarrollo de
estos individuos es el objetivo de la orden. Encontrar nuestro lugar
en esa manifestación única e integrada es una experiencia
enriquecedora, satisfactoria y profundamente gratificante. Es como
llegar a casa- Es muy difícil interpretar el Grado de Maestro Masón
porque el ritual describe un proceso psicológico que sucede muy raras
veces en nuestra sociedad, pero cuando ocurre es tan intensamente
personal que pocos que lo han experimentado están preparados para
hablar de ello fuera de su círculo privado. El Tercer Grado transmite
una leyenda basada, de una forma u otra, en casi todas las culturas
humanas. La leyenda tiene dos aspectos: el primero es un desastre
primordial, un acontecimiento catastrófico que supone una pérdida
profunda e impone una gran dificultad a todo el género humano: el
segundo alude a los medios por los que la pérdida puede transformarse
en algo bueno y así pueda restaurarse el feliz y original estado
humano. En toda la civilización occidental el primer aspecto de esta
leyenda, el del desastre primordial, esta encarnado en la teoría de la
"caída del hombre". En nuestra sociedad materialista el libro del
Génesis suele interpretarse como una creación del universo físico, a
pesar del hecho de que la posición se ha convertido en algo menos
defendible después de tantos descubrimientos en las ciencias físicas.
Hemos tocado brevemente una interpretación mística de este texto en el
que el Génesis I describe la "creación" del mundo del espíritu y el
Génesis II la "formación" del alma y del mundo de la psique. En este
contexto, el "caído" y la posterior expulsión de Adán del Edén se
refiere al proceso por el que los miembros de la raza humana fueron
los primeros a encarnarse por un acto de voluntad divino. Una de las
consecuencias de esta encarnación inicial parece ser que los seres
humanos, tras haberse encarnado, han perdido la capacidad para
"caminar con Dios" y de ser mantenidos directamente por Dios. En su
lugar la humanidad encarnada es "cortada", separada; el individuo
encarnado debe mantenerse a sí mismo "con el sudor en la frente".
Adaptando esta idea a los términos contemporáneos, podríamos decir que
en su estado original (esto es, antes de que la raza apareciera en la
tierra por primera vez) la especie humana podía tener consciencia y
comunicares directamente con la deidad; y que algún acontecimiento
relacionado con el proceso de la encarnación rompe con esa conexión.
En el tratamiento masónico de este tema los acontecimientos se
describen usando el simbolismo de la muerte. La muerte que se describe
en el Tercer Grado no es la muerte física que concluye con nuestro
período de encarnación, sino un proceso psicológico individual que de
alguna manera es análogo a la muerte física. El tema se representa
mediante la reconstrucción del asesinato del Arquitecto Principal, el
más joven de los Tres Grandes Maestros Masones en la construcción del
Templo del Rey Salomón. Se dice que el acontecimiento tuvo lugar
cuando el "trabajo (en el Templo) estaba a punto de finalizar", y como
resultado se perdieron los "secretos del Maestro Masón", ya que solo
podían transmitirse cuando los tres Grandes Maestros estuvieran
presentes en y oficiando. El modo más sencillo y obvio de entender la
leyenda es como una advertencia de que siempre se debe ser fiel a las
obligaciones; y ésta es sin duda una interpretación válida. Pero
cuando nos reflejamos en la experiencia del Grado, la grandeza de la
amplitud de la ceremonia perece superar esa simple explicación e
invitar a nuestra atención a la descripción simbólica de la condición
de aislamiento del ser humano a la que alude la historia. Está claro
que el Arquitecto asesinado no es completamente desconocido. La
simbología de la escalera caracol ha presentado a estos grandes
maestros y ya ha asociado al Arquitecto principal con el primer
Vigilante/yo. Por estos medios podemos relacionar los principios que
aparecen en la leyenda con el ser humano individual heredero de los
procesos de la "caída". Si consideramos al ser humano como el "templo
de Dios", entonces en un sentido la construcción de ese templo esta
por finalizarse cuando el individuo va a nacer. La persona que está
destinada a ocupar el joven cuerpo tiene espíritu, alma y yo, y reside
en el Edén (la residencia de almas inocentes que todavía no se han
encarnada) y el feliz contacto con la divinidad hasta que llegue el
momento de su nacimiento y su cuerpo (su "abrigo de piel") esté
preparado para recibirle. En este contexto, la muerte del Arquitecto
representa el acontecimiento en el momento del nacimiento cuando el yo
(el Primer Vigilante) se siente agobiado por el impacto del
confinamiento en su cuerpo físico y pierde la consciencia,
concretamente el contacto consciente con su alma y su espíritu y con
la divinidad. Esta "muerte" o restricción de la consciencia refleja en
el nivel individual la separación consciente de la deidad que la
historia de la "caída" describe para el ser humano. La leyenda
masónica cuenta que el Arquitecto es enterrado en una tumba de "tres
pies hacia el Este y tres pies hacia el Oeste" (limitada por la
dimensión de la consciencia), y tres pies entre el Norte y el Sur
(limitada en la capacidad para la acción y la restricción) y de cinco
o más pies (la altura de un hombre) de profundidad". Además la leyenda
da a entender que el feliz estado edénico que precedió a la
encarnación sólo es posible cuando los Tres Oficiales Principales -
yo, alma, espíritu- están en buen estado; y en ese sentido esta claro
por que los "secretos del Maestro Masón" (la consciencia de los
"mundos superiores") se ha perdido. Los párrafos anteriores consideran
el primer aspecto de la leyenda masónica, la del desastre primordial;
y ofrecen una explicación de cómo podemos llegar a ser en nuestra
situación presente y aparentemente aislada. La segunda perspectiva de
la leyenda habla de reparar la situación, y cuando examinamos esa
segunda perspectiva se hace claro por qué la lectura del Tercer Grado
dice que "para un completo conocimiento de este Grado basta poco
alcance". Hay un segundo contexto en el que el ser humano puede
considerarse el Templo de Dios, y es reconociendo que la estructura
psicológica que hemos visto construir (o quizá explorar) al masón con
tanto esmero es ese "Templo". En este caso el Compañero maduro cuya
condición hemos descrito más arriba es el templo que esta a punto de
acabarse; y la "muerte" que se mencionaba en la leyenda es el proceso
psicológico por el cual se concluirá la construcción. Es un proceso de
"muerte del yo", y no resulta algo totalmente nuevo al candidato al
Tercer Grado. Cuando se inició como aprendiz, el candidato se
consideraba un ser físico, aunque ya entonces tuvo conocimiento de que
"había algo más". En el curso de su desarrollo habrá "muerto" esa idea
y llegará a considerarse fundamentalmente un ser psicológico, un alma
y yo humanos, que ocupan un cuerpo. La "muerte" a la que se enfrenta
un candidato en el Tercer Grado le obligará a reconocer que no es más
un ser psicológico que físico, sino más bien un ser espiritual que
tiene cuerpo y alma. "Reconocer" el mundo es importante. La mayoría de
las personas religiosas creen que tienen una esencia espiritual. La
"muerte" psicológica mencionada en el Tercer Grado está relacionada
con la experiencia de esa ciencia espiritual. Puesto que requiere la
muerte del yo del candidato (su esencia psicológica), y puesto que su
yo es el concepto de su existencia, esa "muerte" puede ser un proceso
muy doloroso y terrible.
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