Los asesinos de masones



Los asesinos de masones

La Masonería te exhorta a honrar la memoria de un Hombre injustamente
asesinado, al que podemos identificar con el Osiris egipcio, que los
cristianos identifican con Jesucristo y nosotros los francmasones con
Hiram Abiff. Natural es que no sintamos pesar por sus muertes,
personajes que fueron asesinados hace siglos, como si sentirías se
tratase de una persona que hubieses conocido y amado. Es en vano que
te excitasen a lamentar las muertes, como la de aquellos que han
estado muy cercanos a ti; es igualmente inútil el que te exhorten a
lamentar la muerte de los mártires que los masones de hoy honramos.
Lo que nos acongoja como masones, es que hoy la ignorancia y el
fanatismo que mató a estos sigan aún vigentes en el pueblo.
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Las páginas dolorosas de las historias del mundo están sembradas con
nombres de mártires. En todas las épocas y en todas partes, la
Tiranía, el Fanatismo y la Brutalidad, han hecho multitud de
victimas. En esta nuestra era de agitación y de lucha, la vida no es
respetada. ¿Por qué no lamentar los asesinatos del Maestre Templario
Jacques Bernard de Molay, de Giordano Bruno, de Sócrates, de Séneca,
el asesinado del Imán Husein nieto del Santo Profeta Mohammed , el
asesinato del sufí Al-Hallaj, o de otros tantos, apóstoles
revolucionarios de la libertad, que fueron victimados por sus ideas
liberales, decapitados, y quemados vivos por la Santa Inquisición,
perseguidos por la intolerancia de sacerdotes católicos, de la
rapacidad de nobles y de totalitarios políticos opresores, o de la
crueldad e ingratitud del pueblo?
Hermano francmasón y hermana francmasona, si has meditado sobre las
enseñanzas de los grados masónicos, habrás comprendido que la leyenda
esotérica de Hiram Abiff y los lamentos de nosotros los masones por su
fin trágico, tienen un sentido más profundo de lo que parece a simple
vista, puesto que es evidente que el pueblo masónico no podría haberse
dedicado desde hace tantos siglos a lamentar la muerte de un hombre,
sólo por haber sido bueno, que no se sabe mucho de él, no se
distinguió por enseñanzas a nosotros legadas. Preguntarás por qué se
te llama a lamentar y a honrar a este enigmático hombre, cuyas hazañas
no son tampoco registradas por la Santa Biblia, asesinado por
malhechores dentro de otro aún más enigmático Templo en Jerusalén.
Igualmente te preguntaras qué lección secreta encierra para la
Masonería el hecho de que tres bandidos, hayan osado arrancar de su
boca los grandes secretos de una hermandad milenaria, en el mismo
templo, adivinaras que el móvil del asesinato no era simplemente el
lucro de unas cuantas monedas más. Y en silencio, te quejarás de que
muchas veces se te ha prometido una explicación que jamás has
recibido; y debo admitir que tu impaciencia es fundada. La Masonería
es una Escuela que enseña por medios no muy ortodoxos, y todo parece
velado y oculto, pero si sabes hacia donde ver, todo se clarificará.
Hiram Abiff, como es sabido no era descendiente de el Padre Abraham,
por lo tanto “no era Judío”, era lo que sería hoy considerado un
simple árabe de la Franja de Gaza en Cisjordania; al parecer en todo
el Reino de Israel, no había gente capaz de poner un bloque de piedra
sobre otro bloque de piedra, sus lugares de culto eran simples tiendas
de campaña. Y por lo tanto necesitaban de un hombre con conocimientos
de Arquitectura, con la especialidad de hacer Templos Religiosos.
Judea estaba, como todos sabemos rodeada en aquel entonces por grandes
civilizaciones, los Egipcios por el Oeste, la Caldea por el Este y al
Norte Grecia; estas civilizaciones ya contaban con miles de años de
experiencia en la construcción de Templos.
El maestro constructor Hiram Abiff, era un simple hombre del pueblo,
un diestro trabajador del hierro y el bronce, se encontró de pronto en
un pueblo fanatizado con un Dios extraño; un demiurgo sangriento
llamado Jehová, en donde todo el poder, tanto real como sacerdotal,
estaba en manos de ciertas familias. La Masonería lo eligió como el
tipo de las clases obreras, de las masas del pueblo cuyas manos
producen lo que las clases consumen y crean las fortunas que malgastan
los afortunados. Es también el tipo de aquellos artesanos albañiles de
las ciudades importantes del Medioevo, con las que los masones
operativos se identificaron, esos que con su ingenio tramaron derribar
del Trono a la nobleza, y tenían la consigna de derrocar a las
Opresoras Iglesias Cristianas, y así levantaron las primeras
barricadas de la libertad contra el poder brutal y la tiranía
legalizada. Cuantas veces los albañiles de las Catedrales
observarían horrorizados las brutales ejecuciones de la Santa
Inquisición.
El asesinato de ese hombre es típica de la suerte de aquellos que
primero proclaman los derechos de las masas sufrientes y mudas de la
humanidad y las exhortan a reivindicar esos derechos; la suerte de
los indígenas americanos, de los oprimidos por el régimen cubano y
venezolano, y de tantos otros que hoy sufren vejaciones por culpa de
Iglesia, como es el caso de las humillaciones sexuales provocadas por
los Legionarios de Cristo. Todos esos maltratos que son culpa de esos
tres enemigos de la humanidad: la voracidad de los que ostentan el
poder, el fanatismo del sacerdocio, y las violentas insensatas y
bestiales de la plebe ignorante.
La Masonería igualmente simboliza en el asesinato de Hiram Abiff la
somnolencia estúpida de un pueblo sumergido en una esclavitud
denigrante, que besa sus cadenas y abraza los pies de aquellos que les
pisotean; se conforman con ser esclavos de ídolos fabricados por los
medios de comunicación; murmuran plegarias incoherentes pidiendo
necedades, dictadas por pastores de religiones protestantes,
esperando ser beneficiados a sus peticiones obscenas.
Los asesinos de Hiram Abiff son los mismos que han dado muerte a los
apóstoles de la ciencia; a los caudillos de las revoluciones
libertarias, son los mismos que han matado el alma de los niños con
obscenidades sexuales; son las mismas fuerzas que atrapan a los
jóvenes con drogas y alcohol. Los asesinos de Hiram Abiff son los
mismos profanos que se han infiltrado a las Logias, y que hoy pelan
puestos de Venerable o de Grandes Maestros, con el mero fin de tonto
lucimiento; y que una vez obtenidos los puestos con su ego intentan
destruir a la Orden Masónica por dentro. Los asesinos de Hiram son los
cuasi - masones que arrojan estiércol en tantos foros masónicos, con
el fin de manchar la buena marcha de los mismos.
La Masonería sabiamente ha escogido una leyenda milenaria, el
asesinato de Osiris, que por envidia fue victimado por su propio
hermano Seth, la masonería ha escondido a Osiris en la alegría de
Hiram. No es una farsa lo que los masones representamos, sino algo muy
serio. La leyenda de Hiram es solamente una parábola una enseñanza
esotérica que simboliza muchas otras cosas, que con estudio y
dedicación podrás descubrir, hasta que al final llegues a identificar
en ti mismo a tus propios asesinos. Espero que un día ceses de buscar
en los demás defectos, y comiences a observarlos en ti mismo. Porque
no hay mayor desgaste para ti, que ir por la vida corrigiendo a los
demás. Utiliza tu energía en ti, no te desgastes
Los asesinos de masones, el ego, la ignorancia , el fanatismo , la
avaricia, le hipocresía etc.

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