A la oposición le llegó su hora loca



A la oposición le llegó su hora loca
Por: Vidal Argenis Chávez López
Fecha de publicación: 06/09/07

imprímelo mándaselo a
tus panas

Desde que el proyecto de cambio del huso horario nacional fue
presentado por el presidente de la República, Hugo Chávez, el
oposicionismo que le "da fastidio todo lo que se hace bajo el sol" no
ha logrado asimilar el hecho de que se adelante en 30 minutos la hora
actual.

En cuanto a los beneficios que traería este ajuste de hora, el
ministro del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, Héctor Navarro,
explicó con claridad meridiana que "los seres vivos tienen
sincronizada su actividad metabólica con la luz solar para la
regulación de diversos ciclos biológicos". Y reveló que "cuando una
persona se levanta en la oscuridad, puede sufrir alteraciones de
diversa índole; siendo los niños los más afectados, pues éstos
segregan la hormona del crecimiento durante la noche".

A pesar de lo positivo que representa la variación de hora, los
oposicionistas -dándole cuerda a su enajenación existencial- han
rechazado la proposición presidencial y prefieren seguir en la
oscuridad, entre gallos y medianoche, para poder seguir
suministrándole rienda suelta a la alteración psicótica inoculada con
cronometrada precisión por los medios privados.

Las acciones disociadas de la oposición son tan puntuales y
predecibles, que no resultaría extraño que a un oposicionista se le
ocurra plantear que deben lanzar al río Guaire, a la Fosa de Cariaco y
al Lago de Maracaibo todos los relojes que existen en el país con la
finalidad de que Venezuela se quede sin hora. "Reloj no marques las
horas", llamarían a esta trastornada operación.

Aunque no lo veamos como si se tratara de ganarle tiempo al tiempo que
se le apaga, consideramos que la oposición debe tomarse un tiempecito
para dejar de equivocarse al momento de poner en marcha su táctica y
estrategia política.

En cambio, el presidente Hugo Chávez siempre ha sido acertado en este
sentido. Sabiendo que el tiempo es oro y que el tiempo constantemente
le da la razón, el primer mandatario nacional propuso en el proyecto
de Reforma Constitucional reducir a seis horas la jornada laboral. Eso
se llama jugar sabiamente con el tiempo: por un lado adelanta 30
minutos y por el otro rebaja dos horas. De allí, que -al ver
trastocado su atrasado reloj mental- el oposicionismo perdió la noción
del tiempo histórico que vive.

Por lo tanto, inmerso en una lucha estéril y mentecata contra el
cambio del huso horario y la reducción de la jornada laboral,
pareciera que el sector opositor sigue sin entender que su hora y su
tiempo se quedaron detenidos eternamente en el pasado. Por lo visto,
los tiempos adelantan para el Gobierno nacional que es una barbaridad,
pero se paraliza y empantana para la oposición.

El oposicionismo no ha comprendido que el 6 de diciembre de 1998
finalizó su "horario de atención al público" y que el tiempo se le
convirtió en una piltrafa, en un harapo de la vida.

Porque hay que ser ciego y sordo o estar sumido en el octavo sueño,
para no darse cuenta que el grito "no volverán" cada día se prolonga
en el tiempo con una puntualidad meridianamente indiscutible que
marcha con su indetenible y brioso tic, tac, tic, tac. "Tu tic-tac me
recuerda mi irremediable dolor".

Lo risible del asunto de enfrentar el cambio del huso horario, es que
muchos están a la espera del instante cuando Oscar Pérez, Antonio
Ledezma, Hermann Escarrá, Ezequiel Zamora, Oswaldo Álvarez Paz y el
grupito de opositores disociados salga, sin retardo alguno, a marchar
con cartelones, pancartas y franelas que digan: "¡Con mi hora no te
metas!" o "El viejo huso horario somos todos".

Cuando llegue ese cantinflérico momento, la oposición habrá entrado -
sin pérdida de tiempo- de manera irremediable en su hora loca. Y así
se habría cumplido infaliblemente la letra de un conocido bolero:
"Reloj no marques las horas, / porque voy a enloquecer".

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