Epa, tú, revolucionari@
- From: "(F)" <expression.freedomof@xxxxxxxxx>
- Date: Mon, 13 Aug 2007 01:21:19 -0000
ND / El Universal
Epa, tú, revolucionari@
"La ilusión revolucionaria ha muerto a manos de Chávez"
¿Fue para esto que tú luchaste? Permite, entonces, que fluya la
argumentación.
Sí, ya sé; no te gustaba la IV República, ni CAP ni Caldera. Te
dejaron de simpatizar AD y COPEI, y tampoco te gustaron el MAS ni La
Causa R. Se necesitaba un cambio radical -decías- para que los
ladrones dejaran de gobernar. ¿Y el neoliberalismo? ¡Ufff! Eso de que
el mercado impere en vez de la justicia social; que los precios suban
y no que bajen; y que todo haya que pagarlo para que los oligarcas se
enriquezcan, tenía que cesar. La vieja República no daba para más; era
necesario que los militares dejaran de ser promovidos por las amantes,
según pensabas, y que debían dedicarse a lo suyo, en vez de estarle
haciendo la corte a los políticos.
Estimabas que era necesario que fuesen profesionales serios. No hay
que olvidar que querías un negocio petrolero sin influencia alguna de
las transnacionales. ¿Te acuerdas? Había que desterrar "la apertura"
como el mayor pecado de entreguismo de los recursos naturales. No te
olvidabas de la necesidad de defender la universidad autónoma y
democrática frente a los gobiernos que deseaban meterle mano. ¿Y las
policías? Las ponderabas como llenas de hienas en las que imperaba la
tortura, el maltrato y tantas cosas con respecto a las cuales quisiste
pasar la página. En fin, todas esas hambres te trajeron a estos lodos.
¿No será oportuno que hagas un balance, tú, revolucionario? ¿No ha
llegado el tiempo de echarle una mirada al espejo?
La Nueva Alternativa. Sí; Fidel, el Che, los caídos en los 60 y
tempranos 70, las redadas, las manifestaciones, la kermesse de los
jueves en la Plaza Venezuela, el Caracazo. Hechos reales junto a los
fantasiosos, formaron esa sólida gana del cambio. La revolución, con
esa erre que resuena a revuelta que retumba en la ruta redentora, era
el motivo. Pero, ¿dónde estás en este momento? No eres el seguidor de
un héroe del Moncada; ni siquiera de un audaz teórico del socialismo;
ni tampoco de un arrojado anarquista lanzado por el siglo XIX a estos
recovecos.
Eres el adepto, el sostén y el aplaudidor de un militar ambicioso y
delirante, de los que está llena la historia de América Latina. ¿Cómo
es eso? Claro, tienes un argumento. Hay militares progresistas. Son
los que vibran con la injusticia social y el tableteo de
ametralladoras del Che. Pero, has de darle una vuelta al asunto,
aunque te cueste.
Quítale el discurso a este militar al que sigues; bájale el volumen;
apágale la corneta. ¿Qué te queda? El desnudo déspota que te insulta
cuando quiere; que te achaca sus propios errores y debilidades. El que
dice representarte y no te deja hablar. El que cuando parloteas con
una posición distinta a la suya, te asegura que estás confundido. Si
discrepas, te acusa, oye tú, de contrarrevolucionario o de equivocado
o de envenenado por el enemigo. Tu disensión siempre es obra de una
influencia externa, maligna, jamás de tu propia deliberación.
Tú buscaste a lo largo de tu vida a un líder revolucionario y hete
aquí a la cola de un caudillo militar. Nada parecido a lo que
querías.
Zigzags. Dicen que Dios escribe recto pero con los renglones torcidos.
A ti te parece que si bien Chávez no es Dios -al menos completamente-
puede ser que por una vía rara, esté abriendo el camino a esa
revolución que tanto has apetecido. Es -dices- el martillo que la
historia te dio. Pero, ¿por qué no escarbas un poco?
Toda tu lucha ahora aterriza en una de las operaciones de saqueo del
país de las cuales la de Gómez, por ejemplo, se queda enana. ¿Sabes
cómo está Pdvsa? Es una empresa arruinada, que ya no tiene plata en su
caja para poder pagar todos sus compromisos. Es la caja chica, negra y
arrasada, del régimen que conduce tu admirado líder. ¿Dónde están los
sueños de probidad en el manejo de los dineros públicos? Es un saqueo,
no de uno o de dos, sino de un enjambre de vividores que se han
abalanzado con el antiguo grito de las piñatas: "¡Aquí es! ¡Aquí es!"
Mientras tanto, Rico Mac Pato regala unos taladros aquí, unos millones
allá, promete unas empresas acullá, en ese festín del whisky más caro,
de Hummer y, en especial, de mutilación de esperanzas. Las de todos,
pero especialmente de las tuyas.
El reciente episodio de los 800 mil dólares que volaron a Buenos
Aires, es una síntesis de aquello contra lo cual luchaste. Los
zánganos del gobierno argentino, junto a los empleados de Pdvsa, a un
hijo de alguien que tiene vara alta allí, y a un -al parecer- joven
empresario, luego de un vuelo de muchas horas tomaron tierra para
ilustrarle al mundo cómo se bate el cobre cuando de revolución se
trata.
Hasta dicen que al Antonini le echaron el muerto porque el maletín
supuestamente lo llevaba otro. En fin, tus luchas han aterrizado en
valijas de las cuales ni tienes noticia; a veces te han dicho que
están destinadas a fortalecer a Tiro Fijo, a Ollanta, más allá a
Daniel Ortega; en realidad, esos maletines van de oficinas lujosas a
oficinas lujosas, de ricos a nuevos ricos, y tú, de bobo, crees que es
para la revolución mundial.
Los Acusetas. La semana pasada, en Globovision, el periodista Leocenis
García acusó en su propia cara a Tascón, de redomado corrupto y de
cómplice de esa joyita que ha resultado ser Rafael Ramírez. Y Tascón
huía, se replegaba, apenas balbucía respuestas escurridizas. ¿Puedes
tú tener en tu elenco de representantes a un personaje como Tascón?
Sabes que su lista es la guía de la persecución y de la ruina de
centenares de miles de venezolanos que creyeron que lo que estaba
escrito en la Constitución -la tuya, la de 1999- era válido. Pero,
Tascón es insaciable, se buscó a Eva Golilla para perseguir a otro
grupo, esta vez de periodistas. Fíjate las vueltas que da el mundo: se
buscan a esta abogada para que fortalezca el engranaje de la
persecución; en nombre de tu revolución, el sapeo, la delación, la
persecución, y el hostigamiento, se convierten en métodos aceptados.
No son sólo Tascón, la Golilla y otros promotores del terror, sino
aquéllos que están enchufados en organismos militares y policiales,
para espiarte a ti también. Al final, no eres totalmente confiable. Tú
también hablas y te quejas y no te gusta y sabes que hay otros como
tú; y al Comandante no le agradan tus lamentaciones. Por la mitad de
tus descontentos hay varios que han sido lanzados al lodazal y
acusados de contrarrevolucionarios.
El Fin de una Quimera. El gobierno podrá durar lo que dure, pero la
ilusión revolucionaria, en el sentido de cambio profundo y positivo,
ha muerto a manos de Chávez. Eso les pasa a los revolucionarios que se
acuestan con militares redentores: terminan embadurnados. Mira, ahora
tu responsabilidad es ayudar a que esta pesadilla cese. ¿Tendrás el
coraje para planteártelo? ¿Tendrás el valor cívico de hacerlo? ¿No
estarás ya demasiado hundido en la ciénaga? Piénsalo.
Ten la gentileza.
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