Bush: mentiras, paciencia y carnicería
- From: "trabaninoscar@xxxxxxxxx" <trabaninoscar@xxxxxxxxx>
- Date: Mon, 09 Jul 2007 08:23:41 -0700
Con el cotidiano telón de fondo de las decenas de muertos en el Irak
ocupado, el presidente George W. Bush invocó recientemente la
"paciencia" de sus gobernados ante la prolongación de la guerra contra
el infortunado país árabe y aseguró que "la victoria" de Estados
Unidos requiere, además, de "más coraje y más sacrificio". En la base
aérea de la Guardia Nacional, en Virginia Occidental, y flanqueado por
una enorme bandera, Bush pronunció un discurso patriotero, ciertamente
a tono con la celebración de la independencia de la nación del norte
-4 de julio-, pero sumamente alejado de la realidad.
"Llegará un momento en el que el pueblo iraquí no necesitará la ayuda
de 159 mil soldados estadunidenses en su país", abundó el gobernante,
como si algún pueblo necesitara por un solo día en su territorio a un
ejército invasor y como si la nación agresora requiriera invertir 3 o
4 mil vidas en la destrucción de un país que nunca le ha significado
una amenaza.
Las exhortaciones chovinistas de Bush tuvieron su efecto hace cuatro
años y fueron, a pesar de las mentiras contenidas en ellas, un
aliciente para exacerbar los ánimos de la opinión pública
estadunidense en respaldo a la invasión, el arrasamiento y la
ocupación de un país petrolero situado a miles de kilómetros de
distancia. Pero desde abril de 2004, cuando se dieron a conocer las
atrocidades cometidas por las tropas ocupantes en la prisión de Abu
Ghraib, el apoyo popular a la empresa bélica ha ido disminuyendo de
manera sostenida. Hoy es ampliamente mayoritario el rechazo social a
la permanencia de las tropas en Irak y los márgenes de acción de la
Casa Blanca se han estrechado de manera perceptible, especialmente
después del triunfo demócrata en las elecciones legislativas del año
pasado.
Más allá de las realidades políticas y mediáticas de Estados Unidos,
hay numerosos datos que indican la imposibilidad de que las fuerzas de
ese país y sus tropas aliadas derroten a las organizaciones de la
resistencia en Irak, o de que desempeñen un papel positivo para
devolver la paz a esa martirizada nación. De acuerdo con la
información procedente del teatro de operaciones, a cuatro años de la
invasión los agresores no han conseguido ni siquiera ejercer un
control efectivo en Bagdad, y mucho menos en el resto del territorio
de Irak. En este contexto, las operaciones contra bastiones
insurgentes como la que se lleva a cabo en estos días en la provincia
de Diyala y su capital, Baquba, parecen ser simples incursiones
punitivas, ciertamente mortíferas, pero efímeras, y una vez concluidas
la insurgencia vuelve a tomar el control de las regiones atacadas.
La idea del Pentágono de sustituir de manera paulatina a las fuerzas
ocupantes con cuerpos policiales y militares locales, entrenados y
armados por Washington, tampoco ha dado resultados apreciables. En un
contexto social de descomposición tan extrema como el que caracteriza
al Irak ocupado, los intentos por conformar una milicia mínimamente
confiable y disciplinada son como hacer estatuas con arena suelta. Los
reclutas son asesinados en cuestión de días, desertan, se corrompen o
se dedican a extorsionar a la población, y se ha sabido que no son
pocos los casos de efectivos regulares que se pasan con todo y sus
armas a las filas de la resistencia.
La única razón real para mantener a las tropas ocupantes en Irak por
tiempo indefinido es la perspectiva de seguir brindando contratos a
corporaciones del círculo presidencial estadunidense, como
Halliburton, y seguir enriqueciendo, a costa de las vidas de iraquíes
y de invasores, y con dinero de los contribuyentes, al puñado de
empresarios vinculados a la mafia que controla la Casa Blanca.
Esta realidad es cada vez más clara para los segmentos mayoritarios de
la sociedad estadunidense, y las proclamas patrioteras de Bush ya no
dan el mismo resultado que hace cinco o seis años. Si en el momento
actual la creciente presión interna -civil y legislativa- por un
retiro rápido de las tropas fuera acompañada de un deslinde inequívoco
y severo por parte de los gobiernos europeos, los cuales tienen todos
los elementos de juicio para tomar distancia de la persistente y
absurda carnicería que tiene lugar en Irak, es probable que el
gobernante de Washington no tuviera más remedio que aceptar, de una
vez por todas, la derrota a la que ha conducido a las fuerzas armadas
de su país, las más poderosas del mundo.
*Editorial de La Jornada
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