uno debe tener al día su pasaporte "porsiacaso" hay que tomar las de Villadiego y hacer como hicieron los cubanos después que las olas del mar de la felicidad les comenzaron a bañar sus bellas playas



De Safari por el centro de Caracas
Iván Olaizola D'Alessandro

Viernes, 18 de mayo de 2007


No concesión o cierre / puede ser el punto de quiebre


A pesar del férreo control que mantiene sobre la inseguridad el
ministro del pe pe para el Interior y Justicia, capitán P. Carreño,
unos amigos de lo ajeno y supongo de la revolución, visitaron nuestro
apartamento y se llevaron algunas cosas, en realidad pocas, aunque mi
señora cada vez que lo comento me corrige y dice "nos llevaron muchas
cosas de valor" y yo para mis adentros, nunca contradigo a mi señora
por sabios consejos que recibí de mi difunto padre, pienso: calentera
van a coger esos tipos cuando traten de vender lo que se llevaron y
no
les den ni un bolívar fuerte. Pero nos llevaron los pasaportes que
eso
si es realmente de valor en este país y, cosa rara, nos dejaron el
apartamento tapizado de propaganda del gobierno. La policía de
Baruta,
a quien llamamos para poner la denuncia, me preguntó si es que yo era
alguien importante de la oposición y les respondí que mi única
actividad oposicionista, es esta humilde columna. Bueno el caso es
que
por lo del robo de los pasaportes tuve que ir a PTJ a poner la
denuncia donde me pidieron que hiciese una carta, yo mismo, ya que
ellos no tenían posibilidades en ese momento para hacerla, pero que
no
pusiera robo sino extravío, todo lo cual acepté.


En vista de los días que vive la república por aquello de patria,
socialismo o muerte, del cambio de la ley de educación, de
inquilinato, de la patria potestad, de libre tránsito y demás
rumores,
uno debe tener al día su pasaporte "porsiacaso" hay que tomar las de
Villadiego y hacer como hicieron los cubanos después que las olas del
mar de la felicidad les comenzaron a bañar sus bellas playas. Así que
nos dirigimos a la ONIDEX, en el centro de Caracas, para solicitar
que
nos anulasen los pasaportes "extraviados" para poder iniciar
nuevamente el tedioso proceso de ingresar a la página web de ese
organismo para formular de nuevo la solicitud correspondiente.


Para los ciudadanos que vimos en el sureste caraqueño ir al centro de
Caracas es como ir de safari. Uno se viste un tanto "niche",
incluidos
blue jeans y zapatos tenis, nada de prendas ni relojes y se
encomienda
al Todopoderoso. Así lo hicimos. Bien de madrugada nos fuimos,
dejamos
el carro en el Colegio de Ingenieros y allí tomamos el metro hasta
Capitolio. De la Bolsa bajamos hacia la plaza Caracas. ¡Oh Calcuta!
exclama uno cuando ve aquel mar de tarantines, borrachitos
amanecidos,
indigentes, niños de la patria, botellas, latas, desperdicios y
pestilencia, en fin que solo faltaría la Madre Teresa. Hago memoria y
recuerdo unas recientes declaraciones del teniente coronel donde
comentaba que había paseado por el centro de la capital y por lo
limpia que estaba felicitaba a Bernal, ¿sería que lo pasearon por
plaza Francia, en Altamira? me pregunto. Prejuicios a un lado
llegamos
al edificio de la Onidex. Nos metimos en la cola de la tercera edad a
pesar de la renuencia de mi señora. Noto a muchos sentados en unos
banquitos de plástico, pregunto y me dicen que debo contactar al
señor
que los alquila. "Maestro son mil bolos". Entablo conversación con el
tipo y le comento que debe ganarse un buen dinerillo y me dice "bueno
maestro es que yo soy TSU en sillas", hay otros que son TSU en
guardar
puestas, en datos filiatorios, en estampillas, y así sucesivamente me
menciona las diferentes profesiones de la revolución. La cola duró
poco e ingresamos al interior del edificio, nos dieron un número y
tomamos asiento. Todo el personal rojo, rojito, pero muy atentos. La
espera no duró mucho, nos atendieron bien. "En quince días puede
solicitar de nuevo su pasaporte". Gracias señorita y nos fuimos de
nuevo al mundanal zaperoco. Hay hambre, pero antes de meternos en una
cafetería que esta justo en frente, me detengo en una venta de leyes.
Quiero reponer mi constitución porque la que tengo de tanto
manosearla
o violarla, esta vuelta "sereta", como el país dijera alguien. Cuanto
vale esa constitución pregunto. "Ocho mil la grande". Dame una, pero
le comento a mi señora: la verdad que voy a perder esos reales porque
el comandante la va a cambiar nuevamente. "Eso cree él" me dice el
vendedor, "nosotros no vamos a permitirle eso", y se ha destapado a
hablar mal del gobierno, de la revolución, a todo pulmón. Le hago la
observación de que tenga cuidado porque supongo que estamos en un
nido
de chavistas. "Mire amigo aquí los únicos chavistas son los camisas
rojas que lo atendieron adentro, que los cambian cada dos meses para
enviarlos a Cuba o a Bolivia, y para que sepa yo vivo en los Altos de
Lídice y allí es la misma cosa. Esta revolución se volvió pura pata y
no se pudo parar". Pago y nos vamos, me como una arepa de amarillo y
mi señora una empanada.


Camino a la estación Capitolio, entramos a la Iglesia de San
Francisco, turismo endógeno que llaman. Visitamos la nave de las
llagas del santo amigo de los animales. Muy acogedora. Pido para que
nos proteja de sus amigos. Al tomar nuevamente el metro, literalmente
nos metieron al vagón. A mi señora se le quedó atrapada la cartera y
gracias a que las puertas respondieron a su sistema de seguridad no
pasó nada grave. En la estación de La Hoyada se enganchó el asa del
bolso de una señora en mi cinturón-celular y ella empujaba para salir
y yo para quedarme en el vagón, casi me dejan. Un joven, con pinta de
evangélico y supongo asiduo usuario del metro, nos comenta que es que
ahora hay menos vagones y pasan mas espaciados, amen que el
mantenimiento deja mucho que desear. Cosas de la revolución, pienso.
Llegamos al CIV, cojo mi carro rumbo al sureste y llegamos sanos y
salvos. Una experiencia más para contar a nuestros nietos.


Iolaiz...@xxxxxxxxx

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