Pero los periodistas solamente informan de feos delitos y asustan al pueblo con imágenes de desabastecimiento, nada más que para desestabilizar al Gobierno, que luego no sabe cómo convencer a la gente de que no es verdad lo que aparece en los medios, cuando la verdad es que en Venezuela sólo debería de haber buenas noticias.
- From: TORREBLANCA® <donquicovelez@xxxxxxxxx>
- Date: 15 May 2007 20:54:42 -0700
Liliana Fasciani M. // Buenas noticias
Cierto funcionario del Gobierno se quejó recientemente de las malas
noticias que transmiten los medios de comunicación. Tiene razón el
sujeto de que el predicado sea tan inconveniente. Sobre todo cuando la
cotidianidad podría mostrarse de un modo distinto. Lo mediáticamente
correcto sería informar de lo que algunos no vemos:
Vivimos como hermanos en un país rico donde todo funciona
perfectamente.
Nuestro sistema de salud, del cual nos beneficiamos todos por igual,
es gratuito y expedito, cuenta con los equipos más modernos y el
personal está bien remunerado.
Nuestro sistema educativo es la envidia del continente. Los planteles
son excelentes, los docentes ganan tremendos salarios, disponen de
programas de mejoramiento y enseñan según los más avanzados métodos
pedagógicos. Los estudiantes tienen acceso a sendas bibliotecas,
múltiples facilidades de estudio, y se destacan por su aplicación y
conocimientos.
Nuestro sistema de transporte es de los más seguros, eficientes y
confortables del mundo. Preferimos circular por la ciudad en autobús y
en metro debido a lo económico del pasaje y a la rapidez del servicio,
por eso nuestras calles y avenidas se mantienen despejadas. Nos
ufanamos de nuestras carreteras y autopistas, completamente asfaltadas
y señalizadas, con el peralte adecuado, sin obstáculos en la vía y con
radares de detección de velocidad en todas partes, lo que reduce al
mínimo los accidentes de tránsito. Además, nuestro parque automotor,
lleno de vehículos nuevos y no contaminantes, está en manos de
conductores conscientes y respetuosos de las leyes.
En ninguna parte se ven indigentes, ni recogelatas ni locos ni
drogadictos, tampoco ancianos ni niños abandonados pidiendo limosna o
haciendo malabarismos en los semáforos. Los ciudadanos con problemas
mentales y adictivos son atendidos en centros especiales, las personas
mayores perciben una buena pensión, y los niños sin familia viven
rodeados de amor en hogares bonitos, van a la escuela y reciben
semanalmente una mesada para sus chucherías.
Nuestra economía va viento en popa y el índice de desempleo está en
cero porque sobran puestos de trabajo. El petróleo, derramado en
nuestros bolsillos, nos permite comprar toda clase de productos y
llenar hasta el tope los carritos de mercado. El Estado genera
empleos, promueve la iniciativa privada y anima las inversiones
nacionales y trasnacionales que dinamizan exitosamente el crecimiento
económico del país, situado entre los primeros lugares a nivel
planetario.
La agricultura y la ganadería son actividades muy desarrolladas en
inmejorables condiciones, con recursos tecnológicos modernos y gran
seguridad. El sueño de todo venezolano es vivir en una casita en la
ribera de un río, criando gallinas y cultivando hermosos huertos.
Además de autoabastecernos de todo lo necesario, exportamos nuestros
productos comercialmente y, de paso, hacemos caridad en el exterior.
No hay un solo venezolano sin techo en todo el país, ni en la economía
informal, y mucho menos ejerciendo la prostitución. Todos disfrutamos
de un buen nivel adquisitivo, pues la pobreza ha sido radicalmente
erradicada.
Nuestras cárceles son pocas y están casi vacías, porque dado que la
mayoría estudia y trabaja, son una rareza los malandros, ladrones,
atracadores, sicarios, secuestradores y asesinos. Por eso nuestras
casas no tienen rejas, ni nuestros carros sistemas de alarma. Nuestra
única causa de muerte es la que nos depara el destino. Venezuela es un
país libre de violencia, porque todos sabemos que el crimen no (se)
paga.
Nuestro mayor orgullo es la inteligencia, sensibilidad social y
vocación de servicio que caracteriza a nuestros gobernantes. Nos
felicitamos cada mañana frente al espejo, mientras cepillamos nuestra
sonrisa, por haber elegido con incuestionable acierto a quienes con
tan buen pulso dirigen el timón de la nave patriótica.
Somos afortunados de que nuestros diputados vivan consagrados a su
función para darnos las mejores leyes; de contar con un Poder Judicial
eficiente e impoluto; de confiar plenamente en la imparcialidad y
transparencia del órgano electoral; y, sobre todo, de venerar y seguir
ciegamente al supremo jefe del Estado hasta donde nos lleven sus
pasos.
¡Ah! Pero los periodistas solamente informan de feos delitos y asustan
al pueblo con imágenes de desabastecimiento, nada más que para
desestabilizar al Gobierno, que luego no sabe cómo convencer a la
gente de que no es verdad lo que aparece en los medios, cuando la
verdad es que en Venezuela sólo debería de haber buenas noticias.
lilianafasciani@xxxxxxxx
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