El 10 de junio de 1998 fue capturado en el aeropuerto internacional José Martí, en la capital, el mercenario salvadoreño Otto René Rodríguez Llerena, a quien las autoridades aduanales le ocuparon 1 519 gramos de explosivo plástico, dos relojes digitales marca Casio PQ 10, igual número de detonadores eléctricos e interfases para colocar varios explosivos en instalaciones turísticas, culturales y económicas cubanas.
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- Date: 11 May 2007 05:55:14 -0700
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Cronología de un plan terrorista abortadoLa Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA) y su matarife Posada Carriles pretendieron encubrir
un siniestro y abarcador plan terrorista contra Cuba, pero la
Seguridad del Estado no lo permitió
Por: Marianela Martín González
Correo: nacional@xxxxxxxxxxxxxxx
11 de mayo de 2007 00:00:00 GMT
Fotos:
Cortesía de los órganos de la Seguridad del Estado
Otto René de espalda al televisor, reconoce la voz «gangosa y
salivante» de Ignacio Medina, seudónimo de Posada Carriles. En la
década del 90 se produce una escalada terrorista contra Cuba,
sostienen los oficiales Roberto Hernández y Francisco Estrada.
El 10 de junio de 1998 fue capturado en el aeropuerto internacional
José Martí, en la capital, el mercenario salvadoreño Otto René
Rodríguez Llerena, a quien las autoridades aduanales le ocuparon 1 519
gramos de explosivo plástico, dos relojes digitales marca Casio PQ 10,
igual número de detonadores eléctricos e interfases para colocar
varios explosivos en instalaciones turísticas, culturales y económicas
cubanas.
En la investigación se probó que Rodríguez Llerena fue reclutado
directamente por Luis Posada Carriles, quien entonces usaba el
seudónimo de Ignacio Medina.
El teniente coronel Francisco Estrada Portales, integrante del equipo
de investigación del llamado caso Salvador, rememora que el 4 de
agosto de 1997 estalló un artefacto explosivo en el lobby del hotel
Cohíba, y que entre los extranjeros establecidos como posibles
sospechosos se encontraba el ciudadano salvadoreño Otto René Rodríguez
Llerena, a quien los órganos de la Seguridad del Estado habían
rastreado e investigado.
«Casualmente, ese mismo día estuvo en el Cohíba, y luego regresó a su
país. Cuando casi un año después lo detenemos, ya había un grupo de
evidencias criminalísticas que lo señalaban como el sujeto responsable
de poner el explosivo.
«Por el lugar donde se puso la bomba el 4 de agosto, debajo del
extremo izquierdo de un butacón del lobby, asegurábamos que la persona
que la puso tuvo que estar sentada allí. Levantamos en aquel entonces
las muestras de olor, las cuales mantuvimos en conservación hasta que
detuvimos al sospechoso, y coincidieron plenamente.
«Además de todo lo que se pudo demostrar con pruebas periciales, como
la referida y el retrato hablado, entre otras, él reconoció la
autoría. No olvidemos que estos terroristas son mercenarios, no
vinieron a defender ningún ideal.
«Rodríguez Llerena reconstruyó los hechos de manera tan auténtica como
solo podía hacerlo el autor de los hechos.
«Incluso, pudo dar cualquier otro criterio, pero la bomba la colocó,
en el momento de la reconstrucción, en el lugar exacto, y justamente a
la hora en que fue activada.
«Nosotros teníamos claro que a esa hora había salido un grupo de
turistas del hotel. Lo reconstruido por Otto contempla ese detalle.
«Como referencia importante del proceso investigativo recordamos que
cuando el salvadoreño describió la voz del supuesto Ignacio Medina
dijo que era "gangosa y salivante", como realmente es la de Posada, a
causa de su deformación en la mandíbula.
«Nos contó que, a cambio de mil dólares y el pago del paquete
turístico, en julio de 1997 el supuesto Ignacio Medina le propuso
colocar un artefacto explosivo en uno de los hoteles de La Habana.
«El 31 de ese mismo mes se personó en la oficina donde trabajaba
Rodríguez Llerena, en San Salvador, y le entregó el boleto y demás
documentos. Junto con estos le dio los medios para armar y colocar
artefactos explosivos y, entre otras cosas, la calculadora programada
y el mecanismo eléctrico para hacer estallar las bombas.
«Supimos durante las investigaciones del caso que le propuso
posteriormente introducir medios para conformar artefactos explosivos,
y lo instruyó para entregarlos al cubano Juan Francisco Fernández
Gómez. Le informó que recibiría como pago por eso 250 dólares y, como
antes, el costo del paquete turístico».
Estrada agrega que el 6 de junio de 1998 Posada Carriles le entregó al
mercenario salvadoreño los medios que le fueron ocupados en el
aeropuerto internacional José Martí y la foto de una niña que debía
entregar a su contacto en Cuba. Entre otras cosas le mostró una imagen
de Fernández Gómez, en la cual portaba una gorra negra con la
inscripción «100% cubano».
QUÉ SABÍA LA SEGURIDAD DEL ESTADO SOBRE TÍA RAMONA
Hasta el 16 de marzo de 1999, no se conoce la realidad en torno a Juan
Francisco Fernández Gómez, cabecilla contrarrevolucionario en Villa
Clara. Ese día el Comandante en Jefe Fidel Castro les anticipó a los
periodistas reunidos en el Congreso de la UPEC que vivirían un momento
sorprendente.
Fotografía de la nieta del agente Félix ocupada al terrorista Otto
René, junto con 200 dólares.
Más tarde, imágenes del Noticiero de televisión mostraban a Juan
Francisco y Olga, su compañera en la vida, como testigos en el segundo
día del juicio realizado a Otto René Rodríguez Llerena.
«Se trataba del agente Félix, el valioso hombre que se infiltró en las
entrañas de la mafia cubano-americana, y contribuyó con su testimonio
a probar la culpabilidad del salvadoreño reclutado por Posada
Carriles», rememora el teniente coronel Roberto Hernández Caballeros,
otro de los integrantes del equipo que investigó el caso Salvador.
Con anterioridad Juan Francisco, durante una visita a Estados Unidos,
había sido reclutado por el ya fallecido Rolando Borges Paz, principal
cabecilla de la organización Ex-Club de Presos Políticos.
«Allí recibió un bolígrafo con tinta invisible, una lámpara
ultravioleta para la lectura de los mensajes secretos que se
cruzarían, así como la mitad de un billete de un dólar, el cual
serviría de contraseña para si tenía que enviar un emisario.
«Cuando Fernández Gómez regresó a Cuba comienza la comunicación con
Borges Paz, a través de los teléfonos 3052668031, 3052660835,
305446420 y el celular 3053428671, mediante los cuales intercambiaban
mensajes, aunque la vía más común era el envío de cartas con escritura
secreta, usando a miembros de la comunidad cubana en Estados Unidos,
que viajaban a la Isla y desconocían lo que trasportaban», continúa el
oficial Hernández Caballeros.
Así el agente Félix recibió orientaciones de comenzar a crear
condiciones para recibir los medios necesarios y colocar artefactos
explosivos en hoteles y otros enclaves. Esta operación fue nombrada
por los terroristas como Tía Ramona.
El 31 de agosto de 1997, precisa Hernández Caballeros, Borges Paz le
envío a Juan Francisco un mensaje en el cual solicita otro teléfono
que no fuera el de su domicilio para recibir por esa vía la llamada de
un centroamericano, que lo contactaría para entregarle los artefactos
explosivos, y le indica espaciar la comunicación entre ellos.
«El 26 de marzo de 1998, aprovechando las facilidades que concede la
SINA a la contrarrevolución, Fernández Gómez viajó de nuevo a Estados
Unidos y contactó otra vez con Borges Paz, quien le explicó que la
operación se había parado por la detención del terrorista salvadoreño
Raúl Ernesto Cruz León.
«Le comentó que el Ex-Club de Presos Políticos estaba vinculado a las
actividades terroristas ocurridas en Cuba, y que las cargas
explosivas, colocadas en ómnibus del turismo y en uno de los
aeropuertos de Ciudad de La Habana, no habían estallado por problemas
en los detonadores, hechos acaecidos realmente, en los cuales las
autoridades cubanas ocuparon los medios».
El oficial Francisco Estrada Portales explica que Borges Paz le
comunicó al agente Félix que la Fundación Nacional Cubano Americana
(FNCA) estaba apoyando financieramente a los terroristas y operaba en
distintos países de Centroamérica, entre ellos Honduras, El Salvador,
Guatemala y Costa Rica.
Recuerda que en esa ocasión nuestro agente visitó con Borges Paz el
domicilio de Dionisio Gonzalo López, en Miami, donde José Santiago
Penin, primo de Dionisio, le entregó medios similares a los que usaría
para la operación Tía Ramona.
«En esta misma oportunidad Borges Paz le mostró un fajo de billetes
falsos de moneda convertible cubana, de la denominación de 20 pesos, y
luego le entregó uno que fue peritado en Cuba, resultando que tenía la
misma técnica de falsificación y el mismo papel que los entregados por
la FNCA a mercenarios y otros agentes de la Seguridad del Estado.
Calzado de Rodríguez Llerena donde trasladó 209 gramos de material
explosivo.
«También supo Juan Francisco Fernández Gómez que el centroamericano
que traería la carga mortífera -y que resultó ser Rodríguez Llerena-
se hospedaría en un hotel de la capital, y desde allí lo localizaría
para definir el lugar y la hora del encuentro personal, a fin de
recibir los medios. Le entregaron una gorra de color negro, la cual
debía usar en el momento del encuentro», explica Estrada.
LA PLATA DE LA FNCA
En la última visita del agente Félix a Miami, Borges Paz le orientó
que se tomara y le entregara varias fotos con la referida gorra negra,
las mismas que fueron mostradas posteriormente a Otto por Posada
Carriles.
Le dijo, además, que para propiciar la identificación el
centroamericano llevaría la foto de la nieta de Félix, la cual
previamente nuestro agente había dado a Borges Paz. Precisó que Otto
llevaría una camisa blanca en el momento del contacto y le entregaría
200 dólares.
Este viaje le permitió a Fernández Gómez participar en una fiesta
organizada en La Casa del Preso, en Miami, donde se encontraban Jorge
Más Santos, Alberto Hernández y Roberto Martín Pérez, todos directivos
de la FNCA. Allí escuchó que Más Santos dijo estar financiando todas
las actividades contra Cuba promovidas por el Ex-Club de Presos
Políticos.
Lo que ignoraban estos terroristas es que Juan Francisco Fernández
Gómez colaboraba con la Seguridad del Estado, desde hacía más de 20
años, y que gracias a eso se trabajaba para frustrar la operación Tía
Ramona.
Los vínculos de los terroristas que actuaron como brazo armado de la
política anticubana con la FNCA y Posada Carriles, quedaron
demostrados jurídica y legalmente en el proceso de instrucción del
caso Salvador, sobre el cual el gobierno de Estados Unidos tiene toda
la información brindada por las autoridades cubanas.
Fondo del maletín de mano del terrorista salvadoreño, donde transportó
997 gramos de explosivos.
Bombas para empujar
A partir del derrumbe del campo socialista y la existencia de un
mundo unipolar, los años de la década del 90 están marcados por el
incremento de acciones terroristas contra Cuba, como parte de una
operación política para liquidar a la Revolución.
La mafia anticubana observó el panorama mundial, y consideró que podía
derrumbarse el sistema social edificado por el pueblo, bajo la
conducción de su líder histórico. Lograr la desestabilización mediante
una combinación basada en el aumento de la guerra económica,
arreciando el bloqueo, y una escalada de explosiones dentro y fuera de
la Isla, era la receta al estilo imperial.
Fragmentos del siguiente mensaje de la Junta de directores de la
Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), firmado en Miami el 11 de
agosto de 1997 y publicado en El Nuevo Herald el 15 del mismo mes,
corroboran que esta organización anticubana ha estado involucrada en
los atentados perpetrados en el país en dicho período.
«La Fundación Nacional Cubano Americana consciente de su
responsabilidad para con el pueblo cubano, respalda sin ambages ni
reparos cuanta denuncia, enfrentamiento o acto de rebeldía interna
vaya encaminado a la expulsión de Fidel y Raúl Castro del poder, y por
ende a la obtención de la paz y el bienestar de nuestro pueblo».
En esa década los terroristas, financiados por la FNCA, introdujeron
en el país 30 bombas. De ellas 11 estallaron en lugares públicos,
ocasionando daños materiales y humanos.
La labor de los Órganos de la Seguridad del Estado y la valentía de
sus agentes, desempeñaron un papel determinante para frenar la
barbarie.
«Lo novedoso de esta etapa es que en Cuba no había actividad
terrorista directa desde hacía algún tiempo. Me refiero a una escalada
de colocación de bombas», considera el teniente coronel Francisco
Estrada Portales, especialista del Departamento de Delitos contra la
Seguridad del Estado.
«Es cierto que se mantuvo siempre el entrenamiento y las
infiltraciones de grupos armados, pero en la década del 90 es cuando
se reinicia la colocación de artefactos explosivos.
«Desde los primeros años del referido decenio, los Órganos de la
Seguridad del Estado recibieron información sobre el reclutamiento de
ciudadanos residentes en Cuba, llevado a cabo por la FNCA, para
ejecutar atentados con explosivos en lugares públicos dentro del país
y donde Cuba tuviera intereses fuera de frontera.
«La idea era dar la imagen de desestabilización. Por eso,
paralelamente, algunos mecanismos políticos empezaron a propagar, con
mucha fuerza, que todas esas acciones eran ejecutadas por miembros de
los aparatos gubernamentales inconformes con el proceso
revolucionario.
«Bajo ese contexto, en 1995 sucede el caso Palma, para el cual fueron
reclutados dos ciudadanos que llevaron a cabo una operación del tipo
CIA de los años 60.
«Estos mercenarios entraron ilegalmente por vía marítima a Puerto
Padre, en Las Tunas, y enterraron 51 libras de explosivo plástico, el
equivalente a 57 bombas de una magnitud aproximada a las que
posteriormente estallaron en los hoteles de La Habana.
«Salieron del país en esa ocasión, y los capturamos cuando regresaron
y colocaron una bomba de cinco libras de explosivo plástico en el
hotel Sol Palmeras, en Varadero, en 1995.
«Después, a partir de la primavera de 1997, en varias instalaciones
turísticas de La Habana estallaron más artefactos. Estos hechos
terroristas fueron preámbulo de lo ocurrido en el capitalino hotel
Copacabana donde, por causa de un explosivo, perdió la vida el joven
italiano Fabio Di Celmo».
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