El régimen es comunista y camina aceleradamente hacia el "mar de la felicidad" que construyó el proceso revolucionario de Cuba.



Qué podemos hacer para impedirlo?
Oswaldo Álvarez Paz

Martes, 27 de febrero de 2007

El mundo libre pierde a Venezuela y los venezolanos perdemos la
patria. No ha sido de la noche a la mañana ni producto de caprichos
postelectorales del megalómano que nos gobierna. No. La nación ha sido
víctima de un largo proceso por el control total del poder público y
para el control o eliminación de cualquier centro de poder privado que
no se coloque al servicio del oficialismo. El régimen es comunista y
camina aceleradamente hacia el "mar de la felicidad" que construyó el
proceso revolucionario de Cuba. Sobre ese esquema relanza el viejo
sueño fidelista de la revolución continental y mundial promoviendo la
unidad de ser y de destino contra el gran enemigo, Estados Unidos de
América. Para lograrlo promueve alianzas políticas y económicas con
los gobiernos más forajidos del planeta y con organizaciones
probadamente subversivas, calificadas como terroristas por los
organismos especializados, estén o no en sociedad abierta o encubierta
con el narcotráfico y los perros de la guerra. El objetivo es
consolidar el poder donde se tiene y conquistarlo, por cualquier vía,
donde la institucionalidad democrática sea un muro de resistencia.
Para ello es necesario debilitar al máximo los valores esenciales de
la civilización occidental, de toda ella, y radicalizar la lucha
contra Estados Unidos y Gran Bretaña como expresiones excelsas de
cuanto tiene que desaparecer. El señor Chávez lo hace a su manera,
avanza de frente o en círculos, más rápido o lentamente, de acuerdo a
las circunstancias. Pero a nadie en el mundo le quedan dudas sobre el
rol que juega en un tablero internacional que controlan otros. Así los
intereses nacionales pasan a un segundo plano como quedó demostrado,
una vez más, con el territorio esequibo y la entrega traicionera. Se
acerca a sus objetivos y el mundo contempla estupefacto la enorme
dosis de dinero negro y de audacia que se aplica. Aún no reacciona, o
reacciona mal.

Muchos consideran que somos los venezolanos quienes debemos reaccionar
para desmontar esta locura. Nadie hará lo que a nosotros nos
corresponde. Para ellos se trata de un peligro cierto, de amenazas
cada día más graves, pero somos nosotros quienes vemos reducida la
libertad, los derechos de propiedad, la educación de nuestros hijos,
el derecho al trabajo estable y bien remunerado y como se reduce el
ámbito de seguridad para las personas humanas y los bienes. El estado
de derecho desapareció hace rato. No hay ni ley, ni orden ni poderes
autónomos, ni medios verdaderamente libres. Los empresarios temen y
unos cuantos jerarcas de la Iglesia vacilan bordeando el problema. La
respuesta está en cada uno de nosotros. Para que esto dure lo menos
posible, es necesario que cada quien cumpla con el deber de resistir
en su vida diaria frente a la injusticia y al atropello material y
moral que nos ahoga. Es criminal la confrontación innecesaria. Pero es
peor esquivarla cuando se hace inevitable e indispensable.

oalvarez@xxxxxxxxxxxxx

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