Re: Fabricio Ojeda : 40 años de su muerte



Haya o no haya sido un guerrillero no so y yo quien lo dice.
Eso es lo que dice la historia lo que lees en la prensa. No habia
nacido para la epoca, pero trato de averiguar y se que fue fundador de
la peor celula cancerigena que agobia a Colombia.
Formo parte de la historia e hizo historia asi como Hitler hizo
historia tambien.


El Conde Lincuente wrote:
"zaida" escribió en el mensaje ...
Eso quize decir 40 anos de haber muerto el guerrillero. Y el gobierno
pues conmemora la muerte de cuanto guerrillero en el mundo hay.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
En este caso no se conmemora la muerte de un guerrillero, se conmemora la
muerte de un venezolano que hizo historia, de alguien que forma parte
importantísima de nuestra historia reciente; algo parecido a conmemorar la
muerte de Rómulo Betancourt, Jovito Villalba o Rafael Caldera; ¿o ese último
no ha muerto todavía?.-
--
~¤El Conde Lincuente¤~
~ Guaiquerí de Laisla ~




El Vicepresidente Ejecutivo, José Vicente Rangel, asistirá hoy a las
3 de la tarde al Hemiciclo de la Asamblea Nacional, donde se efectuará
la Sesión Especial en homenaje al periodista y guerrillero venezolano,
Fabricio Ojeda, al cumplirse 40 años de su cruel asesinato en Caracas,
en los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas
(SIFA), el 21 de junio de 1966. Rangel también acudirá a las 5 de la
tarde, en representación del Presidente de la República Hugo Chávez,
a otro acto en homenaje a Ojeda organizado por la comisión de la AN!
encargada en conmemorar su asesinato, en la Sala Ríos Reyna del Teatro
Teresa Carreño
El Conde Lincuente wrote:
Zaida en una época fue guerrillero; ¿que intentas decir? con 40 años de la
muerte de un guerrillero.-

--
~¤El Conde Lincuente¤~
~ Guaiquerí de Laisla ~

"zaida" <zlujano@xxxxxxxxxxx> escribió en el mensaje
news:1150902313.041077.133010@xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
40 an~os de la muerte de un guerrillero querras decir.


Shaman wrote:
Fabricio Ojeda 1929-1966

Periodista y guerrillero venezolano nacido en Boconó el día 6 de febrero
de
1929 y asesinado en Caracas, en los calabozos del Servicio de
Inteligencia
de las Fuerzas Armadas (SIFA) el 21 de junio de 1966.

Periodista de La Calle, El Heraldo y El Nacional, representando a la
Unión
Republicana Democrática URD, alcanzó gran protagonismo en 1958 como
Presidente de la Junta Patriótica (singular movimiento integrador
nacional
por encima de intereses particulares e ideológicos) que logró terminar
política y militarmente con la dictadura que el teniente coronel Marcos
Pérez Jiménez había establecido en Venezuela al asumir la Presidencia de
la
República en diciembre de 1952, y que supuso su derrocamiento por parte
de
las Fuerzas Armadas y su huida en el avión Vaca Sagrada hacia la
República
Dominicana el 23 de enero de 1958. Fabricio Ojeda realizó entonces la
primera alocución pública tras producirse el vacío de poder, llamando a
la
tranquilidad patriótica: «Este no es el momento de la venganza.»

Tres días antes, el 20 de enero de 1958, ya se había producido el «pacto
de
Nueva York» [en presencia de Maurice Bergbaum, jefe de Asuntos
Latinoamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos del
Norte
de América] entre Rómulo Betancourt (de la socialdemócrata Acción
Democrática AD), Rafael Caldera (del socialcristiano Comité de
Organización
Política Electoral Independiente COPEI) y Jóvito Villalba (de la
nacionalista Unión Republicana Democrática URD), por el que los
representantes de estos tres partidos sellaban su solidaridad frente a
la
tiranía militar de Pérez Jiménez, pero marginando, de paso, al también
opositor Partido Comunista de Venezuela. Acuerdo reafirmado el 31 de
octubre
de 1958 en el «pacto de Punto Fijo» -nombre de la residencia de Rafael
Caldera- cuando se comprometieron a respetar el resultado electoral y
establecer un gobierno de unidad nacional (segundo pacto del que
expresamente se orilló al Partido Comunista de Venezuela, pese a que
había
formado parte de la Junta Patriótica).

En las elecciones generales de 1958, de las que resultó elegido
presidente
Rómulo Betancourt (1959-1964), fue elegido Fabricio Ojeda diputado, de
la
URD, al Congreso Nacional, por el Distrito Federal. Se cumplió el pacto
de
Punto Fijo, el gabinete Betancourt lo formaron adecos, copeyanos y
urredistas, y el tripartito se repartió entre su militancia cargos y
gobernaciones... hasta que la URD se retiró del gobierno y del pacto en
1962, año en el que surgen las primeras guerrillas organizadas de
Venezuela
en el siglo XX, inspiradas por el ejemplo triunfante de la revolución
cubana.

Fabricio Ojeda, maestro, periodista y diputado, estudioso de la
independencia de Cuba y admirador de la revolución cubana (que conoció
directamente en sus primeros meses, al residir un tiempo en Cuba en
1960),
renunció a sus cargos en 1962 y se unió a las guerrillas. Ese mismo año
de
1962 apareció publicado en La Habana su libro Presencia revolucionaria
de
Martí. Se hizo famosa su carta de renuncia como diputado, de 30 de junio
de
1962:

«Señores Presidente, Vicepresidente y demás miembros de la Cámara de
Diputados. Palacio Legislativo. Caracas. Distinguidos colegas:

En el primer aniversario de la suspensión de las garantías
Constitucionales,
un grupo de estudiantes de la Universidad Central y yo, hicimos una
promesa
de extraordinaria significación. Estábamos en el Cementerio General del
Sur,
frente a la tumba de Alberto Rudas Mezzone -uno de los tantos jóvenes
caídos
en la lucha por la libertad-, allí levantamos las manos y las voces y
juramos: que el sacrificio de nuestros mártires no sería en vano.
Juramos
continuar sus pasos y cumplir su obra, para que la sangre derramada
retoñase
en nueva vida para el pueblo.

Y desde entonces comenzamos a prepararnos para el cumplimiento
irrenunciable. Con este objetivo, redimir al pueblo haciendo honor al
sacrificio de sus mártires, hemos trabajado sin descanso, hemos luchado
sin
cesar. Ahora a mí, solo me queda, como decía un insigne pensador
latinoamericano [José Martí], "cambiar la comodidad por la miasma fétida
del
campamento, y los goces suavísimos de la familia por los azares de la
guerra, y el calor del hogar por el frío del bosque y el cieno del
pantano,
y la vida muelle y segura por la vida nómada y perseguida y hambrienta y
llagada y enferma y desnuda".

Es por ello, colegas Diputados, que vengo ante ustedes a expresar la
decisión de dejar el Parlamento -este recinto que pisé por voluntad del
glorioso pueblo caraqueño, hoy oprimido y humillado-, para subir a las
montañas e incorporarme a los compañeros que ya han iniciado el combate
y
con ellos continuar la lucha revolucionaria para la liberación de
Venezuela,
para el bienestar futuro del pueblo, para la redención de los humildes.

Estoy consciente de lo que esta decisión implica, de los riesgos,
peligros
y
sacrificios que ella conlleva; pero no otro puede ser el camino de un
revolucionario verdadero. Venezuela -lo sabemos y los sentimos todos-,
necesita un cambio a fondo para recobrar su perfil de nación soberana,
recuperar los medios de riqueza hoy en manos del capital extranjero y
convertirlos en instrumento de progreso colectivo. Necesitamos un cambio
a
fondo para liberar al trabajador de la miseria, la ignorancia y la
explotación; para poner la enseñanza, la técnica y la ciencia al alcance
del
pueblo: para que el obrero tenga trabajo permanente y sus hijos amparo y
protección. Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los
derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las
leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el
derecho
a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos
derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas
minorías.
Pero nada de esto podrá lograrse en un país sub-desarrollado y
dependiente,
como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya
con
la conquista del Poder Político por parte del pueblo. De otra manera,
tanto
los instrumentos de poder, como los medios de riqueza, continuarán en
manos
de los monopolios internacionales y de las castas oligárquicas del país,
con
la consiguiente explotación de los trabajadores, la proliferación del
hambre
y la miseria y el abandono permanente del pueblo. Esta situación precisa
una
transformación estructural que cambie el sistema formalista de la
democracia
por la efectiva realización de la misma: es decir, que arrase con todo
lo
podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y
en
su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades.

A estas alturas de la historia, cuando un vendaval de renovación sacude
al
mundo, los venezolanos no podemos permanecer aferrados a una vida
política,
sin perspectivas de futuro y que mantiene al país sumergido en el
subdesarrollo económico, en el atraso crónico y al pueblo, doblegado
bajo
el
peso constante de la miseria y la ignorancia y el hambre. Venezuela es
un
país privilegiado por la naturaleza. Las entrañas de su tierra están
pobladas de riqueza y sobre la superficie crecen montañas de dinero.
Pero
estas riquezas y este dinero sólo van a parar a los bolsillos de los
grandes
tiburones de la política nacional e internacional, mientras que el
pueblo,
dueño de ellas, se debate entre la angustia de no poseer nada y el dolor
de
su precaria situación económica. Este país, donde se produce tres
millones
de barriles de petróleo diariamente y mas de veinte millones de
toneladas
de
hierro cada año, donde las empresas extranjeras que lo explotan acusan
utilidades que sobrepasan los mil quinientos millones de bolívares
anuales,
vive un drama terrible con centenares de miles de obreros sin trabajo,
con
centenares de miles de campesinos sin tierra, con centenares de miles de
niños abandonados y sin escuelas, con centenares de miles de
analfabetos,
con legiones de indigentes que escarban en los desperdicios en busca de
alimentos y centenares de miles de hombres y mujeres sin techo que se
arrastran hacinados en ranchos insalubres, sin la menor protección
social,
sanitaria o económica. Este país que es el mas rico de toda la América
Latina, muestra ante los ojos angustiados de su gente, un panorama de
males
y penurias que se ahonda en la existencia misma de grandes
contradicciones:
mientras unos lo tienen todo, comodidades, lujos, placeres y bonanza;
otros
nada poseen, ni nada les espera, a no ser la muerte en la mas completa
pobreza. Mientras unos tienen en bancos y cajas fuertes millones de
bolívares, otros carecen de recursos mas elementales de la vida humana.
Mientras unos pueden mandar a sus hijos a los mejores colegios, otros
tienen
que resignarse a ver a los suyos crecer en la ignorancia. Mientras unos
viven como parásitos, sin trabajar ni producir, otros no encuentran
donde
colocar su fuerza de trabajo. Mientras unos ven a sus mujeres dar a luz
en
clínicas lujosas, otros, los más, tienen que conformarse con verlas
parir
como animales en sus ranchos inmundos.

Consecuencia de esta firme convicción, resultado de ese análisis, es la
decisión que he tomado de combatir con las armas en la mano, como lo
hace
el
pueblo cuando quiere conquistar la libertad, y buscar en la acción
revolucionaria la solución de nuestros grandes problemas, y lograr para
el
pueblo una vida nueva, distinta a la precaria existencia que ha llevado
durante siglo y medio de República injusta. Esta decisión me honra y
compromete, a la par que me satisface. Igual camino han tomado en épocas
y
países distinto los mas notables hombres de la humanidad. Igual decisión
tuvieron que tomar nuestros Libertadores frente a una Patria colonizada,
frente a un pueblo esclavizado. Ellos, los forjadores de nuestra
nacionalidad, nos trazaron el camino y nosotros hemos de continuarlo con
iguales, sacrificios, con los mismos riesgos y la misma fe, para
despedazar
las nuevas cadenas del dominio extranjero y garantizar la plena
independencia nacional.

Esta es nuestra decisión, este nuestro camino. Vamos a las armas con fe,
con
alegría, como quien va al reencuentro de la Patria preferida. Sabemos
que
con nosotros está el pueblo, el mismo que en todas las épocas memorables
ha
dicho presente ante todo lo noble, ante todo lo bueno, ante todo lo
justo.

Nuestra decisión de incorporarnos a los estudiantes, obreros y
campesinos
que hacen la guerra de guerrillas en Falcón, Portuguesa, Mérida, Zulia,
Yaracuy, obligados por la brutal represión del gobierno que amenaza con
la
muerte, la tortura y la cárcel a quienes se oponen a sus designios,
obedece
a la firme convicción de que la política de las camarillas que ejercen
hoy
el Poder no muestran ningún ánimo para dar soluciones a la crisis
política
venezolana a través del dialogo y la senda electoral. Toda la maquinaria
oficialista ha sido desde ya colocada al servicio de los grupos
exclusivos
que forman la intimidad del actual Presidente y sin espíritu de servicio
a
la Patria y al Pueblo, tales grupos han privado a los venezolanos de sus
mas
elementales derechos y desde ahora preparan el fraude que les permite
perpetuarse en el Poder, a usanza de todos los gobiernos despóticos que
el
país ha padecido.

Esperar que esta burla sangrienta se consagre sin mengua de la propia
dignidad, no sólo es cobardía, es alentar falsas ilusiones cuyas
consecuencia serían fatales para nuestro desarrollo democrático. Ya el
grupo
que gobierna ha demostrado hasta la saciedad que sólo conoce el método
de
la
violencia, el camino de la ilegalidad. Frente a su soberbia, no cabe
otra
actitud para aceptar al reto y disponerse a combatirlo con sus mismos
métodos, para que los venezolanos puedan, libres del Gobierno de
Betancourt,
libres de sus odios e intrigas, de su corrupción e incapacidad, de su
politiquería y pequeñez moral, de su sectarismo y maldad, darnos un
gobierno
verdaderamente nacional, respetuoso de la ley democrática, fiel servidor
del
pueblo y leal a la independencia y soberanía nacionales.

Hacemos armas contra la violencia, la represión, las torturas, el
peculado.
Tomamos las armas contra las depravaciones y la traición. No lo hacemos
por
romántica concepción de la lucha ni sometidos a otra decisión que a la
nuestra, sólo comprometida con Venezuela. No hacemos la guerra contra
las
Fuerzas Armadas, en su conjunto, en cuyo senos nos consta por
experiencia
personal y por la acción conjunta que libramos en Enero del 58, se han
formado Oficiales cuya única ambición es también la nuestra: ser útiles
a
la
Patria y servir a su grandeza y soberanía. Y porque la inmensa mayoría
de
los clases y soldados pertenecen a las clases humildes, a las familias
sin
pan, ni tierra, ni libertad. Y si algunas de sus jerarquías han sido
colocadas como ciego e incondicional instrumento personalista del grupo
de
Rómulo Betancourt, ello no puede ocultarnos que más temprano que tarde
civiles y militares nos encontraremos juntos en un mismo propósito
fraternal
y patriótico. Evidencia de esta afirmación es la reciente "Sublevación
de
Carúpano" [4 de mayo de 1962] y "la heroica acción de Puerto Cabello" [2
de
junio de 1962], donde Oficiales de limpia trayectoria como Jesús Molina
Villegas, Pedro Medina Silva y Manuel Ponte Rodríguez supieron dar un
paso
al frente de la historia, antes de vivir en la ignominia. Allí se
demostró
como en el seno de las Fuerzas Armadas hay hombres que sienten la Patria
en
su exacta dimensión y que inspirados en las lecciones de Bolívar, siguen
su
ejemplo de valor, de nobleza y patriotismo y como este Gobierno llega
hasta
el bombardeo de ciudades abiertas, al genocidio, para tratar de
conservar
una situación ya insostenible. El comino trillado por ellos habremos de
continuarlo para que al salir de la prisión gloriosa, los Oficiales,
clases,
soldados y civiles de la heroica acción de Carúpano y Puerto Cabello,
puedan
vivir dentro de una Patria nueva, como la que hemos soñado todos y por
la
cual ellos combatieron. No hacemos las armas contra el Ejército, la
hacemos
contra quienes sirven a los monopolios extranjeros causantes de nuestra
pobreza; hacemos la guerra, contra los asesinos de estudiantes, de
obreros,
de campesinos; hacemos la guerra contra los que roban y comercian a
nombre
de una democracia falsa; hacemos la guerra contra los que siembran el
hambre, la angustia y el dolor en la familia venezolana; hacemos la
guerra
contra una vida de corrupción, de odios y de intrigas; en fin, hacemos
la
guerra para que la aurora de la libertad y la justicia resplandezca en
el
horizonte de la Patria. [...]

La defensa del Parlamento independiente corresponde a todos y la defensa
de
la Constitución es un deber irrenunciable. Por ello cuando hacemos armas
contra este gobierno, las hacemos por la restitución constitucionalidad
democrática, por la Cámara de Diputados escarnecida y atropellada, por
la
independencia de los poderes públicos, por la democracia y la justicia.

Convoque, pues señor presidente, al suplente respectivo porque yo he
salido
a cumplir el juramento que hice ante ustedes de defender la Constitución
y
las leyes del país. Si muero no importa, otros vendrán detrás que
recogerán
nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es
ideal
y saber de nuestro pueblo. ¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por
la
Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!»

Fabricio Ojeda fue uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas de
Liberación Nacional FALN, constituidas formalmente el 1º de enero de
1963
(al agruparse el Frente José Leonardo Chirinos -Douglas Bravo, Elías
Manuitt
Camero-, el Movimiento 2 de Junio -comandante Manuel Ponte Rodríguez,
capitán Pedro Medina Silva-, la Unión Cívico Militar -teniente coronel
Juan
de Dios Moncada Vidal, comandante Manuel Azuaje-, el Movimiento 4 de
Mayo -capitán Jesús Teodoro Molina, comandante Pedro Vargas Castellón- y
el
Comando Nacional de Guerrilla). En las guerrillas llegó a obtener el
grado
de comandante y presidió el Frente de Liberación Nacional FLN en el
distrito
Argimiro Gabaldón.

Detenido fue sentenciado por un Consejo de Guerra a 18 años de presidio
por
Rebelión Militar. Pero recluido en la cárcel de Trujillo logró fugarse
en
compañía de otros compañeros. Apresado de nuevo en junio de 1966 en
Caracas,
fue asesinado cuatro días después (aunque en la versión oficial se
aseguró
suicidio).

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