Re: fidel, chavez Despidanse de su amigo el pres. de Iran- Ya se le llego su hora
- From: "T.Schmidt" <ljsprojects@xxxxxxxxx>
- Date: Sun, 30 Apr 2006 14:16:15 -0700
Guerra atómica, como muchos quieren.
T.Schmidt
P.S. No se quejen de las consecuencias.
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"Observador" <observador@xxxxxxxx> wrote in message
news:44550582.4658847@xxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Los Estados unidos no van a pasar el macho con
Iran, se usaran armas atomicas, ya los dados estan
hechdo.
Bush: Guerra a Iran?
26 de abril de 2006
Seymour M. Hersh
The New Yorker
Aunque públicamente siga optando por la diplomacia
para impedir que Irán consiga el arma nuclear, el
Gobierno Bush ha potenciado sus actividades
clandestinas en el interior de Irán a la vez que
ha intensificado la planificación de un posible
ataque aéreo a gran escala. Funcionarios militares
y de los servicios secretos estadounidenses, tanto
en activo como en la reserva, han señalado que los
grupos de planificación de la US Air Force (Fuerza
Aérea de EE UU) están elaborando una lista de
objetivos militares, y que equipos de soldados
estadounidenses han recibido órdenes de
introducirse en Irán, en misiones clandestinas, a
fin de recoger información y entrar en contacto
con grupos antigubernamentales pertenecientes a
grupos étnicos minoritarios. Dichos funcionarios
afirman que el presidente Bush está decidido a
impedir que el gobierno iraní pueda iniciar su
programa piloto de enriquecimiento de uranio,
previsto para esta primavera.
Los servicios secretos de los países europeos y de
Estados Unidos, así como el Organismo
Internacional de Energía Atómica (OIEA), coinciden
en que Irán está decidido a desarrollar sus
capacidades de producción de armas nucleares. No
obstante, hay opiniones ampliamente divergentes
respecto a cuánto tiempo requiere este programa y
a cuál sería el medio más efectivo para impedirlo:
la diplomacia, las sanciones o la intervención
militar. Irán insiste en que sus actividades de
investigación están orientadas únicamente a usos
pacíficos, con arreglo al Tratado de No
Proliferación Nuclear, y que dichas actividades no
se retrasarán ni se anularán.
Entre los miembros del estamento militar de
Estados Unidos y de los servicios secretos
internacionales, existe el convencimiento
creciente de que el objetivo último del presidente
Bush en esta confrontación nuclear es el "cambio
de régimen" en Irán. El presidente de este país,
Mahmud Ahmadineyad, ha puesto en duda la realidad
del holocausto judío, y ha afirmado que Israel
debe "ser borrado del mapa." Bush y algunos de sus
asesores en la Casa Blanca lo consideran un Hitler
potencial, según afirmó un ex alto cargo de los
servicios secretos: "Ese es el nombre que le han
puesto. Y se preguntan: ¿conseguirá Irán armas
estratégicas y amenazará con otra guerra mundial?"
Un consultor gubernamental estrechamente vinculado
con los responsables civiles del Pentágono ha
afirmado que Bush "está totalmente convencido de
que Irán va a conseguir su bomba" si no se le
paran los pies. Dicho asesor ha afirmado también
que el presidente debe hacer lo que "ningún
demócrata o republicano que resulte elegido en el
futuro tendrá el valor de hacer" y que "salvar a
Irán será su legado político."
Un ex alto cargo de la defensa, que sigue teniendo
responsabilidades en temas delicados del Gobierno
Bush, me dijo que la planificación militar parte
de la premisa de que "una campaña de bombardeos
sostenidos en Irán humillará a los líderes
religiosos del país y producirá un levantamiento
popular y el derrocamiento del gobierno." Y
añadió: "No daba crédito a mis oídos cuando me lo
dijeron; por un momento me pregunté: ¿que habrán
estado fumando éstos?"
El razonamiento en que descansa la idea del cambio
de régimen fue elaborado a comienzos de marzo por
Patrick Clawson, un experto en asuntos iraníes que
tiene el cargo de director adjunto de
investigación del Washington Institute for Near
East Policy, institución que ha apoyado al
presidente Bush. "Mientras Irán siga siendo una
república islámica, seguirá teniendo un programa
de armas nucleares, al menos secretamente", afirmó
Clawson ante el Comité de Relaciones Exteriores
del Senado el 2 de marzo. "Por consiguiente, la
pregunta clave es: ¿cuánto durará el actual
régimen iraní?"
Cuando pregunté a Clawson, éste hizo hincapié en
que "nuestro gobierno está haciendo un gran
esfuerzo diplomático." No obstante, añadió que
Irán no tenía otra opción que acceder a las
demandas del gobierno de Estados Unidos o hacer
frente a un ataque militar. Clawson me dijo que,
en su opinión, Ahmadineyad "considera que
Occidente no tiene coraje y piensa que en algún
momento cederemos. Hemos de estar dispuestos a
hacer frente a Irán si la crisis sufre una
escalada." Clawson afirmó que él preferiría una
campaña de sabotajes y otras actividades
clandestinas, presentadas como "accidentes
industriales." No obstante, dijo, sería prudente
prepararse para una guerra más amplia "teniendo en
cuenta el modo de actuación de los iraníes. Esto
no es como planificar la invasión de Quebec."
Un planificador militar me dijo que las críticas
de la Casa Blanca hacia Irán y el avanzado estado
de la planificación y las actividades clandestinas
equivalen a una campaña de "coacción" dirigida a
Irán. "Hay que estar listos para seguir adelante,
y veremos cómo responden", dijo este oficial. "Hay
que estar preparados para presentar una amenaza a
fin de hacer que Ahmadineyad dé marcha atrás."
También dijo que "la gente considera que Bush se
ha centrado únicamente en Irak después del 11 de
septiembre, pero (...) en mi opinión, si hubiera
que nombrar un país central en su estrategia
durante todo este tiempo sería Irán " (En
respuesta a mi petición de explicaciones
detalladas, la Casa Blanca afirmó que no haría
comentarios sobre la planificación militar, pero
añadió que "tal como ha indicado el presidente,
estamos haciendo lo posible por conseguir una
solución diplomática". El Departamento de Defensa
afirmó también que los tratos con Irán seguían los
"canales diplomáticos", pero no quisieron
extenderse en este concepto; la CIA por su parte
afirmó que había "inexactitudes" en todo esto,
pero sin especificar cuáles.)
"Esto es mucho más que un asunto nuclear", me dijo
un diplomático de alto nivel en Viena. "Lo nuclear
es el punto de partida, y hay tiempo suficiente
para solucionarlo. Pero el gobierno estadounidense
cree que no habrá solución si no controla los
corazones y las mentes del pueblo de Irán. La
cuestión real es quién va a controlar Oriente
Próximo y su petróleo en los próximos diez años."
Un alto asesor del Pentágono especialista en
cuestiones de terrorismo me dio una opinión
similar: "Esta Casa Blanca cree que el único modo
de resolver el problema es modificar la estructura
de poder en Irán, y eso significa la guerra." El
peligro, dijo, "es que al mismo tiempo, esta
opinión refuerza la creencia de los iraníes de que
el único modo de defender su país es disponer de
capacidad nuclear." Un conflicto militar que
desestabilizase la región podría potenciar también
el riesgo de ataques terroristas: "Hezbolá entra
en juego", afirmó el citado asesor, en referencia
a ese grupo terrorista considerado como uno de los
más efectivos del mundo, que actualmente es un
partido político libanés vinculado estrechamente a
Irán. "Y también entra en juego Al Qaeda."
En estas últimas semanas, el presidente ha
iniciado con discreción una serie de
conversaciones sobre planes relativos a Irán con
algunos senadores y miembros clave del Congreso,
entre ellos al menos un demócrata. Un alto cargo
del Comité de gastos de la Cámara de
Representantes, que no participó en las reuniones
pero que discutió su contenido con sus colegas, me
dijo que "no hay informaciones oficiales" porque
"dudan ante informar a la minoría. Están
dedicándose al Senado, aunque de un modo bastante
selectivo."
Este miembro de la Cámara de Representantes afirmó
que en estas reuniones nadie "pone realmente
objeciones" a las propuestas de guerra. "Esa gente
a la que están informando son los mismos que
dirigieron la carga contra Irak. Como máximo, las
preguntas que se plantean son del tipo: ¿cómo
piensan golpear todos los objetivos a la vez?, o
¿cómo van a conseguir la necesaria penetración?
(Irán está construyendo instalaciones
subterráneas.) "No hay ninguna presión del
Congreso para que no se tomen medidas militares",
añadió el diputado. "La única presión política
proviene de los tipos que están a favor de la
acción." Y respecto al presidente Bush, este
diputado añadió: "Lo más preocupante del asunto es
que este tipo tiene una visión mesiánica."
Determinadas operaciones, aparentemente dirigidas
a intimidar a Irán, están ya realizándose. Aviones
militares de uso táctico de la marina de Estados
Unidos, que operan desde portaaviones situados en
el mar de Arabia, han estado realizando
operaciones simuladas de bombardeo con armas
atómicas -maniobras de ascenso rápido conocidas
como "bombardeos por encima del hombro"- desde el
pasado verano, afirmó el ex militar citado
anteriormente. Y todo ello dentro del radio de
acción de los radares costeros iraníes.
El pasado mes, en una intervención en una
conferencia sobre seguridad en Oriente Próximo
celebrada en Berlín, el coronel Sam Gardiner, un
analista militar que fue profesor de la Escuela de
Guerra de Estados Unidos antes de retirarse de la
Fuerza Aérea en 1987, presentó una estimación de
la fuerza necesaria para destruir el programa
nuclear de Irán. A juzgar por las fotografías
realizadas desde satélites de las instalaciones
conocidas, Gardiner estimó que debería atacarse un
mínimo de cuatrocientos objetivos. Y añadió: "No
creo que ningún planificador militar
estadounidense vaya a detenerse ahí. Irán
probablemente tiene dos plantas de producción
química. Tendríamos que atacarlas también. Y
también los puntos de lanzamiento de misiles de
alcance medio, que acaban de emplazar más cerca de
Irak. Hay también catorce aeropuertos que disponen
de refugios para aviones... habría que acabar con
esa amenaza. Y luego están los puestos que
amenazan el tráfico marítimo del Golfo Pérsico,
que también habría que atacar, es decir, las
instalaciones de misiles crucero y los submarinos
convencionales iraníes movidos por diesel...
Algunas de estas instalaciones pueden ser de
difícil acceso incluso utilizando armas de
penetración. Estados Unidos deberá utilizar
unidades de operaciones especiales."
Los planes correspondientes a una de las opciones
militares iniciales, presentados por el Pentágono
a la Casa Blanca el pasado invierno, prevén el uso
de armas nucleares tácticas tipo B61-11 [1] ,
"revienta-bunkers", contra los emplazamientos
nucleares subterráneos. Uno de los blancos es la
planta de centrifugado de Natanz, a unos
trescientos kilómetros al sur de Teherán. Natanz,
que ya no se halla dentro de las salvaguardias del
OIEA, que se cree que dispone de una planta
subterránea que puede acoger hasta cincuenta mil
centrifugadoras, así como laboratorios y lugares
de trabajo enterrados a unos 23 metros bajo tierra
[2] . Con ese número de centrifugadoras, podría
conseguirse suficiente uranio enriquecido para
aproximadamente veinte cabezas nucleares por año.
(Irán ha admitido que al principio mantuvo su
programa de enriquecimiento de uranio escondido a
los ojos de los inspectores del OIEA, pero afirma
que ninguna de sus actuales actividades está
prohibida por el Tratado de No Proliferación). La
eliminación de Natanz sería un duro golpe a las
ambiciones nucleares de Irán, pero las armas
convencionales del arsenal estadounidense no
pueden asegurar la destrucción de instalaciones
que se hallen sepultadas bajo veinte metros de
tierra y rocas, especialmente si están reforzadas
con cemento.
Hay un antecedente, durante la Guerra Fría, de
planificación para destruir refugios subterráneos
con armas nucleares. A comienzos de la década de
los ochenta, los servicios de espionaje de Estados
Unidos se percataron de que los soviéticos estaba
construyendo un enorme complejo subterráneo a las
afueras de Moscú. Los analistas llegaron a la
conclusión de que esta instalación subterránea
tenía por objeto garantizar la "continuidad del
gobierno", es decir, la supervivencia de los
líderes políticos y militares a un ataque nuclear.
(Hay instalaciones similares en Virginia y
Pennsylvania destinadas a la jerarquía
estadounidense). Esa instalación soviética sigue
existiendo y gran parte de lo que Estados Unidos
conoce sobre ella sigue siendo material secreto.
"La pista que llevó a su descubrimiento fueron los
conductos de ventilación, algunos de ellos
camuflados", me dijo el citado alto cargo de los
servicios de espionaje. En esa época, me dijo, se
pensaba que "sólo bombas nucleares" podrían
destruir ese refugio. Y afirmó que algunos
analistas estadounidenses creen que los rusos han
ayudado a los iraníes a diseñar su instalación
subterránea. "Vemos similitudes de diseño, en
particular en los conductos de ventilación",
afirmó.
Un ex algo cargo del Departamento de Defensa me
dijo que, en su opinión, incluso un bombardeo
limitado permitiría a Estados Unidos "entrar ahí y
hacer suficiente daño como para retrasar la
infraestructura nuclear; lo creo factible." Afirmó
también que "los iraníes no tienen amigos, y
podemos hacerles saber que si es necesario
volveremos a atacarles sus infraestructuras.
Estados Unidos debería actual como si estuviera
dispuesto a hacerlo." Y añadió: "Ni siquiera
tenemos que destruir todas sus defensas aéreas;
nuestros aviones furtivos y misiles ... dan muy
buen resultado y somos capaces de destruir blancos
fijos. También podríamos actuar por tierra, aunque
es difícil y muy peligroso; meterles, por ejemplo,
algo por los conductos de ventilación que los
dejase fuera de combate."
No obstante, los que están familiarizados con el
búnker soviético, me dijo el alto cargo de los
servicios secretos, afirman que no es posible. "Ni
hablar; hay que saber lo que hay debajo, qué
ventiladores suministran oxígeno a las personas,
cuáles a los generadores diesel y cuáles son
falsos. Y hay muchas cosas que desconocemos." La
falta de información fiable no deja a los
planificadores militares otra opción, para
conseguir la total destrucción de las
instalaciones, que pensar en el uso de armas
nucleares tácticas. "Toda otra opción, en opinión
de los especialistas en ese tipo de armas, dejaría
un margen", afirmó dicho algo cargo. "La
planificación de la Fuerza Aérea maneja el
concepto clave de "decisivo", lo que conduce a una
decisión drástica. La misma que adoptamos en
Japón."
Y continuó: "Los planificadores nucleares reciben
un entrenamiento completo y aprenden los detalles
técnicos sobre destrucción y radiación: estamos
hablando aquí de nubes radioactivas, radiación,
muertes masivas y contaminación durante años. No
se trata de una prueba nuclear subterránea, en la
que lo único perceptible es un ligero
levantamiento del terreno. Estos políticos no
tienen ni idea, y cada vez que alguien intenta
excluirla -descartar la opción nuclear- lo callan
a puro griterío."
La atención que recibe la opción nuclear ha creado
serios problemas en el interior de las oficinas de
la Junta de Jefes de Estado Mayor, añadió, y
algunos oficiales están sopesando la posibilidad
de dimitir. A finales del pasado invierno, la
Junta de Jefes de Estado Mayor intentó retirar la
opción nuclear de la preparación de planes para
Irán... sin éxito, me informó. "La Casa Blanca les
dijo que por qué cuestionaban esta opción,
"después de todo vino de ustedes""
El asesor del Pentágono especialista en terrorismo
confirmó que algunos miembros del Gobierno tenían
en mente con toda seriedad esta opción, que el
asesor vinculaba con el resurgimiento, entre los
miembros del Pentágono y los círculos que elaboran
las políticas, del interés en las tácticas basadas
en el uso de armas nucleares. En opinión de mi
informante, se trata de un "monstruo al que hay
que poner coto como sea". También me confirmó que
algunos oficiales de alta graduación y
funcionarios asimismo importantes estaban
estudiando la posibilidad de presentar su dimisión
en relación con este asunto. "Hay sentimientos muy
encontrados entre los militares, contrarios a
amenazar a otros países con el uso del arma
nuclear", me dijo este asesor, "y el asunto está
llegando a altos niveles." En su opinión, este
asunto pronto llegará a niveles decisivos, ya que
la Junta de Jefes de Estado Mayor ha resuelto
transmitir al presidente Bush una recomendación
formal decididamente contraria a considerar la
opción nuclear para Irán. "El debate interno en
torno a este asunto se ha enconado en las últimas
semanas", me dijo el asesor, " y si los altos
oficiales del Pentágono manifiestan su oposición
al uso de armas nucleares ofensivas, entonces
nunca tendrá lugar."
Sin embargo, el asesor manifestó que la idea de
utilizar armas nucleares tácticas en una situación
parecida ha ganado adeptos en el seno de la
Defense Science Board (Junta de ciencias de
defensa), un grupo asesor cuyos miembros los
escoge el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
"Esta gente está diciéndole al Pentágono que
podemos construir una bomba tipo B61 dotada de más
poder explosivo y menos radiación," dijo.
El presidente de la citada Defense Science Board
es William Schneider, Jr., subsecretario de Estado
con el gobierno Reagan. En enero de 2001, cuando
el presidente Bush se preparaba la toma de
posesión del presidente Bush, Schneider tuvo un
cargo en un grupo especial dedicado a las armas
nucleares patrocinado por el National Institute
for Public Policy, un think-tank conservador. El
informe de su grupo recomendaba tratar las armas
nucleares como parte esencial del arsenal
estadounidense, y destacaba su idoneidad "en
aquellas ocasiones en que es fundamental destruir
total e inmediatamente objetivos prioritarios, y
ello no puede conseguirse con las armas
convencionales." Algunos signatarios del informe
son ahora miembros destacados del Gobierno Bush,
entre otros Stephen Hadley, consejero de seguridad
nacional; Stephen Cambone, subsecretario de
Defensa para asuntos de inteligencia; y Robert
Joseph, subsecretario de Estado de control de
armamentos y seguridad internacional.
El asesor del Pentágono cuestionó el valor de los
bombardeos aéreos. "Los iraníes han dispersado su
actividad nuclear muy bien, y no tenemos la menor
idea de dónde se encuentran los elementos
principales. Podrían estar incluso fuera del
país", afirmó. En su opinión, y en la de otros
muchos, el bombardeo de Irán podría provocar una
"reacción en cadena" de ataques sobre
instalaciones y ciudadanos estadounidenses en todo
el mundo. "¿Qué van a pensar 1.200 millones de
musulmanes si atacamos Irán?"
Con o sin la opción nuclear, la lista de objetivos
militares puede inevitablemente ampliarse. Un
funcionario de alto nivel del Gobierno Bush,
recientemente retirado, que es también un experto
en la planificación bélica, me dijo que él estaba
rotundamente en contra de un ataque aéreo contra
Irán, porque "Irán es un objetivo mucho más
difícil que Irak". Y añadió que "si nos ponemos a
bombardear para neutralizar las armas nucleares,
también es posible hinchar la mentira y hacerla
abarcar todo el panorama, incluyendo el bombardeo
de campos de entrenamiento, para liquidar otros
problemas."
El asesor del Pentágono afirmó que, en caso de
ataque, la Fuerza Aérea tiene previsto atacar
muchos centenares de objetivos iraníes, pero que
"el 95% de ellos no tienen nada que ver con la
proliferación nuclear. "Hay gente que cree que esa
es la manera de hacer las cosas", es decir que el
gobierno estadounidense puede conseguir sus
objetivos en Irán mediante una campaña de
bombardeo, una idea que ha contado con el apoyo de
los neocons.
En caso de orden de ataque, las tropas que
actualmente operan ya en Irán podrían señalar los
objetivos principales con rayos láser, para
conseguir bombardeos de precisión y minimizar las
bajas civiles. Desde comienzos de este pasado
invierto, me informó el consultor del gobierno
bien relacionado con personal civil del Pentágono,
las unidades militares están operando ya con
grupos minoritarios iraníes: aceríes en el Norte,
beluchis en el Sudeste, kurdos en el Noreste.
Nuestras tropas, me dijo, "están estudiando el
terreno y repartiendo dinero entre los grupos
étnicos, y están también reclutando ojeadores y
pastores pertenecientes a tribus locales." Uno de
los objetivos es conseguir "ojos sobre el
terreno"; y citando un verso de Otelo, dijo:
"Dadme la prueba ocular". El objetivo más general,
según este consultor, es "exacerbar las tensiones
étnicas" y socavar el régimen iraní.
La nueva misión de las unidades de combate es
producto de las ya viejas intenciones del
secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de ampliar
el papel del personal militar a las operaciones
encubiertas. Esta visión se oficializó en el
Quadrennial Defense Review (Revisión cuatrienal de
defensa), que publicó el Pentágono en febrero. Si
estas actividades fueran llevadas a cabo por la
CIA, sería preciso contar con una autorización
presidencial y debería informarse de ellas a
algunos miembros clave del Congreso.
"Protección de las fuerzas" es el nuevo eslogan,
me dijo el ex alto cargo de los servicios
secretos. Se refería a la posición del Pentágono
de que las actividades clandestinas que pueden
clasificarse, en sentido amplio, como una
preparación del campo de batalla o una protección
de las tropas, son operaciones militares, no de
espionaje, y no están por consiguiente sujetas a
la supervisión del Congreso. "Estos tíos de la
Junta de Jefes de Estado Mayor dicen que Irán está
lleno de incertidumbres", me dijo. "Necesitamos
más que lo que teníamos sobre Irak. Ahora tenemos
luz verde para hacer todo lo que queramos."
La desconfianza que Ahmadineyad despierta en Bush
ha reforzado la decisión de éste de enfrentarse a
Irán. Esta opinión se ha visto reforzada por
algunas opiniones según las cuales, el presidente
iraní, que formó parte de una brigada de fuerzas
especiales de los Guardianes de la Revolución en
1986, puede haber estado implicado en actividades
terroristas a finales de los ochenta. (Hay algunos
puntos oscuros en la biografía oficial de
Ahmadineyad en ese periodo.) Se dice que puede
haber estado relacionado con Imad Mughniyeh, un
terrorista implicado en los mortíferos ataques con
explosivos a la Embajada de Estados Unidos y los
cuarteles de los marines en Beirut en 1983.
Mughniyeh era en esos momentos jefe de seguridad
de Hezbolá, y sigue estando en la lista de
terroristas más buscados del FBI.
Robert Baer, funcionario de la CIA en Oriente
Próximo y otros lugares durante dos décadas, me
informó que Ahmadineyad y sus colegas de los
Guardianes de la Revolución en el seno del
gobierno iraní "son capaces de construir una
bomba, esconderla y lanzársela a Israel. Se trata
de chiitas apocalípticos. Si usted se encuentra en
Tel Aviv y considera que los otros tienen bombas
nucleares y misiles, entonces tiene que quitarles
ese material de las manos. Estos tíos están
chalados y no hay razón alguna para retroceder
ante ellos."
Bajo la presidencia de Ahmadineyad, los Guardianes
de la Revolución han ampliado su base de poder en
toda la burocracia iraní: a finales de enero
habían ya reemplazado a miles de funcionarios
civiles por sus propios miembros. Un ex
funcionario de las Naciones Unidas, experto en
Irán, ha descrito este cambio de situación como un
"golpe de guante blanco", con ominosas
implicaciones para Occidente. "Los profesionales
del ministerio de Asuntos Exteriores están en la
calle y hay otros que van a estarlo pronto", dijo.
"Quizás sea ya demasiado tarde. Estos tipos
consideran que ahora tienen más fuerza que nunca
desde la revolución." Y afirmó que, principalmente
teniendo en cuenta la emergencia de China como
superpotencia, la actitud de Irán es de decir: "Al
diablo con Occidente. Pueden hacer lo que les dé
la gana."
Muchos expertos consideran que el líder religioso
supremo de Irán, el ayatolá Khamenei, está en una
posición de mayor fuerza que Ahmadineyad.
"Ahmadineyad no tiene el control", me dijo un
diplomático europeo. "El poder en Irán es difuso.
Los Guardianes de la Revolución están entre los
principales defensores del programa nuclear, pero,
en última instancia, no creo que esté en sus manos
el control del programa. El Líder Supremo tiene la
última palabra al respecto, y los Guardianes no
harán nada sin su aprobación."
El asesor del Pentágono especialista en terrorismo
me dijo que "permitir que Irán tenga la bomba es
para nosotros inadmisible: no podemos aceptar que
haya armas nucleares que puedan ir a parar a manos
de una red terrorista, es demasiado peligroso." Y
añadió: "El debate interno está en qué camino
seguir," en cuanto a parar el programa iraní. Y
añadió que es posible que Irán renuncie
unilateralmente a sus planes nucleares y se
adelante con ello a la acción estadounidense.
"Puede ser que Dios nos sonría, pero no lo creo. A
fin de cuentas, se trata de que Irán no puede
convertirse en una potencia nuclear. El problema
es que los iraníes son conscientes de que sólo
convirtiéndose en un Estado nuclear pueden
defenderse contra los Estados Unidos. Algo malo va
a suceder."
Si bien casi nadie discute las ambiciones
nucleares de Irán, el debate se centra en cuándo
van a conseguir la bomba y en qué hacer al
respecto. Robert Gallucci, antiguo experto
gubernamental en materia de no proliferación de
armas nucleares, actualmente decano de la Escuela
de Relaciones Exteriores en la Universidad de
Georgetown ha dicho: "A juzgar por lo que sé, Irán
podría estar a ocho o diez años" de desarrollar
armas nucleares efectivas. Y ha añadido: "Si
tienen un programa nuclear secreto y podemos
probarlo, y somos incapaces de pararlo por medio
de negociaciones, diplomacia o amenazas de
sanciones, yo sería favorable a terminar con él.
Pero si lo hacen -bombardear Irán- sin haber sido
capaces de demostrar que hay un programa secreto,
entonces van a estar en un buen lío."
El jefe del Mossad, servicio de espionaje israelí,
Meir Dagan, afirmó ante el Parlamento de su país
en diciembre que "Irán esta a uno o dos años, como
mucho, de disponer de uranio enriquecido. A partir
de ese momento, la elaboración de su propia bomba
atómica es sólo una cuestión técnica." En una
conversación que tuve con un alto cargo del
servicio de espionaje israelí, éste subrayó la
duplicidad de Irán: "Hay dos programas nucleares
paralelos en Irán: el programa declarado al OIEA y
un operativo distinto, gestionado por los
militares y los Guardianes de la Revolución".
Funcionarios israelíes han mantenido esta opinión
repetidamente, pero Israel no ha presentado
ninguna prueba que la respalde. Richard Armitage,
subsecretario de Estado en el primer mandato de
Bush como presidente, me dijo lo siguiente: "Creo
que Irán tiene un programa secreto de armas
nucleares; lo creo, pero no lo sé con certeza."
En estos últimos meses, el gobierno de Pakistán ha
permitido a Estados Unidos el acceso a A.Q. Khan,
el llamado padre de la bomba atómica pakistaní.
Kahn, que se halla bajo arresto domiciliario en
Islamabad, ha sido acusado de organizar un mercado
negro de material nuclear, y a finales de los
ochenta del siglo pasado realizó al menos una
visita clandestina a Teherán. En los
interrogatorios más recientes, Kahn ha facilitado
información sobre el diseño armamentístico de Irán
y su calendario de fabricación de la bomba
atómica. "El cuadro es sin duda el de un peligro
incuestionable", ha afirmado el ex alto cargo de
los servicios secretos. (El asesor del Pentágono
ha confirmado también que Kahn ha "cantado como un
canario.") La preocupación, afirmó el ex alto
cargo, es que "Kahn tiene un problema de
credibilidad: se deja sugestionar y está contando
a los neoconservadores lo que éstos desean oír"...
o quizás lo que pueda ser de utilidad al
presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, que está
siendo presionado para que ayude a Estados Unidos
en su guerra contra el terrorismo.
"Creo que Khan nos está llevando lejos," afirmó el
ex alto cargo. "No conozco a nadie que esté
diciendo: "ahí tienen la pistola humeante". Sin
embargo, las luces están comenzando a parpadear.
Nos está pasando información sobre el calendario,
y la información sobre los objetivos nos está
llegando de nuestras propias fuentes: sensores y
equipos clandestinos. La CIA, que se quemó con el
asunto de las armas de destrucción masiva en Irak,
está dirigiéndose al Pentágono y a la oficina del
vicepresidente diciendo: "Todo esto es nuevo". Y
los del gobierno asienten: "Ya tenemos
suficiente.""
Los motivos que invoca el Gobierno Bush contra
Irán se enfrentan a una atmósfera de incredulidad,
fruto de la manipulación de informaciones falsas
sobre las armas de destrucción masiva de Irak. En
un reciente artículo colgado en el sitio de
Internet de la revista Foreign Policy, titulado
"Fool Me Twice" ("Embárquenme otra vez"), Joseph
Cirincione, director de no proliferación del
Carnegie Endowment for International Peace,
escribía: "La estrategia que el gobierno está
desplegando ante nuestros ojos parece un intento
de repetir su exitosa campaña en favor de la
guerra contra Irak." Y señalaba varios
paralelismos:
El vicepresidente de Estados Unidos pronuncia un
importante discurso centrado en la amenaza que
supone un país rico en petróleo del Oriente
Próximo. El secretario de Estado le dice al
Congreso que ese mismo país es nuestra mayor
amenaza global. El secretario de Defensa afirma
que ese país es también el mayor defensor del
terrorismo internacional.
Cirincione calificó varias de las afirmaciones del
gobierno de "cuestionables" o faltas de pruebas.
Cuando lo entrevisté planteó las siguientes
preguntas: "¿Qué sabemos? ¿Cuál es la amenaza?
¿Qué urgencia hay en todo esto?" La respuesta, en
su opinión, "está en manos de los servicios de
inteligencia y del OIEA." (En agosto, The
Washington Post informó de que el más reciente
National Intelligence Estimate predecía que Irán
estaba todavía a un decenio de convertirse en una
potencia nuclear.)
El año pasado, el Gobierno Bush informó a
funcionarios del OIEA de lo que calificó como
nueva y alarmante información sobre el programa
armamentista iraní, que había sido conseguida de
un ordenador portátil iraní. Los nuevos datos
incluían más de mil páginas de esquemas técnicos
de sistemas de armas. The Washington Post informó
de que había también esquemas de una pequeña
instalación que podría utilizarse para el proceso
de enriquecimiento de uranio. Las filtraciones
relativas al citado ordenador portátil se
convirtieron en el núcleo de numerosas
informaciones publicadas en The New York Times y
otros medios. Todos los artículos hacían hincapié
en que podría tratarse de material falsificado,
aunque también citaban a funcionarios
estadounidenses de alto nivel que afirmaban que
parecía legítimo. El titular del Times decía así:
"CONFIANDO EN UN ORDENADOR, EE UU PRETENDE PROBAR
INTENCIONES NUCLEARES DE IRAN".
En entrevistas que celebré con oficiales de los
servicios secretos estadounidenses y europeos, sin
embargo, me informaron de que la historia del
ordenador portátil era más sospechosa y menos
reveladora de lo que nos habían hecho creer. El
iraní propietario del ordenador había sido
reclutado inicialmente por agentes secretos
estadounidenses y alemanes, en una operación
conjunta. Los primeros dejaron de interesarse en
el iraní poco después; los alemanes, por su parte,
mantuvieron el contacto, pero el iraní fue
apresado por los servicios de contraespionaje de
su país, y en estos momentos se desconoce su
paradero. Algunos miembros de su familia
consiguieron salir de Irán con su ordenador
portátil y lo entregaron en una embajada de
Estados Unidos, aparentemente en Europa, en una
clásica operación de "entrega a domicilio."
Un funcionario de un servicio de inteligencia
europeo afirmó: "Por nuestra parte, hubo dudas"
sobre lo que ese material podía probar, "y
seguimos sin estar convencidos." Los dibujos no
eran meticulosos, como afirmaban algunos diarios,
"sino que tenían carácter de esbozos" afirmó el
citado funcionario europeo. "No era una "pistola
humeante" fuera de toda duda."
La amenaza de un ataque militar de Estados Unidos
ha provocado decepción en la sede del OIEA, en
Viena. Los funcionarios de dicha organización
opinan que Irán desea ser capaz de fabricar armas
nucleares, pero que "nadie ha presentado ni
remotamente pruebas de que Irán tenga un programa
paralelo de fabricación de armas nucleares", me
informó el diplomático de alto nivel. Las
estimaciones más fiables del OIEA son que los
iraníes están a cinco años de la construcción de
una bomba nuclear. "Ahora bien, si Estados Unidos
realiza cualquier tipo de acción militar, los
iraníes van a hacer de la bomba una cuestión de
orgullo nacional", afirmó el diplomático. "Todo se
resume a una evaluación de riesgos por parte de
Estados Unidos sobre las futuras intenciones de
Irán, y no confían en su gobierno. Irán es una
amenaza para la política estadounidense."
En Viena, me hablaron de una entrevista,
particularmente áspera, entre Mohamed El Baradei,
director general del OIEA y ganador del Premio
Nobel de la Paz del año pasado, y Robert Joseph,
subsecretario de Estado de control de armamentos.
El mensaje de Joseph fue muy directo, recuerda un
diplomático: "No podemos aceptar ni siquiera una
centrifugadora iraní en funcionamiento. Irán es
una amenaza directa para la seguridad nacional de
Estados Unidos y nuestros aliados, y no lo
toleraremos. Queremos que ustedes nos hagan llegar
su acuerdo de que no van a decir nada en público
que pueda socavar nuestra posición."
La dureza de Joseph era innecesaria, afirma el
diplomático, puesto que el OIEA ya tenía la
intención de adoptar una posición firme contra
Irán. "Todos los inspectores están furiosos por la
confusión inducida por los iraníes, y algunos de
ellos consideran que los líderes iraníes están mal
de la cabeza, o incluso que están locos de atar
sin ningún género de duda", afirmó el diplomático.
Asimismo, me dijo que la principal preocupación de
El Baradei consiste en que los líderes iraníes
"buscan la confrontación, del mismo modo que la
buscan los neocons del otro lado, en Washington. A
fin de cuentas, la cosa sólo funcionará si Estados
Unidos está dispuesto a conversar con los
iraníes."
La cuestión central -si Irán va a ser capaz de
continuar con sus planes para enriquecer uranio-se
halla ahora ante las Naciones Unidas, donde Rusia
y China son reticentes a imponer sanciones a
Teherán. Un decepcionado ex funcionario del OIEA
me dijo a finales de marzo que, en este momento,
"no hay nada que puedan hacer los iraníes para
provocar una salida positiva. La diplomacia de
Estados Unidos no lo permite. Aun cuando los
iraníes anunciaran el alto al proceso de
enriquecimiento de uranio, nadie los creería.
Están en un callejón sin salida."
Otro diplomático de Viena me hizo esta pregunta:
"¿Por qué debería Occidente arriesgarse a una
guerra contra un país como ése sin dar la
oportunidad al OIEA de verificar? Nuestras
actividades son de bajo coste y podemos crear un
programa que obligue a Irán a poner sus cartas
sobre la mesa." Un embajador occidental en Viena
expresó la misma decepción por el descarte del
OIEA por parte de la Casa Blanca. Me dijo: "Si
somos incapaces de creer que el OIEA puede
establecer un sistema de inspección... si somos
incapaces de confiar en el Organismo... entonces
la única opción es bombardear."
El OIEA suscita pocas simpatías entre el Gobierno
Bush o sus aliados europeos. "Estamos bastante
frustrados por su director general", me dijo el
diplomático europeo. "Su enfoque básico ha
consistido en describir la situación como una
disputa entre dos partes de igual peso. Y no es
así. ¡Nosotros somos los buenos de la película!"
El Baradei ha venido vendiendo la idea de permitir
a Irán que disponga de un pequeño programa de
enriquecimiento de uranio, lo que es ridículo. No
está ahí para proponer cosas que planteen riesgos
graves de proliferación."
Los europeos, por su parte, están inquietos; cada
vez más, entienden que tanto el presidente Bush
como el vicepresidente Cheney creen en la
necesidad de una campaña de bombardeos, y en el
cambio de régimen como objetivo real. "Todos
estamos en la misma onda en lo que se refiere a la
bomba iraní, pero Estados Unidos quiere un cambio
de régimen", me confesó un asesor diplomático
europeo. Y añadió: "Los europeos tienen un papel
en esto, siempre y cuando no tengan que escoger
entre alinearse con rusos y chinos o alinearse con
Washington en un asunto que no desean. Su política
es mantener a los estadounidenses implicados en
algo que los europeos puedan asumir. Puede
resultar insostenible."
"Los británicos consideran que es una idea
pésima", me dijo Flynt Leverett, ex miembro del
National Security Council y ahora profesor del
Saban Center de la Brookings Institution, "pero
están realmente preocupados por que llevemos
adelante nuestros plantes." El asesor diplomático
europeo reconoció que el ministerio de Exteriores
británico estaba al corriente de los planes de
guerra de Washington, pero que "de no hallar una
pistola humeante, va a ser muy difícil conseguir
la colaboración de los europeos sobre Irán."
También afirmó que a los británicos "les pone
nerviosos que los estadounidenses se lancen a toda
máquina contra Irán, sin compromiso alguno."
El diplomático europeo afirmó que ve con
escepticismo que Irán, con sus antecedentes, haya
confesado todas sus actividades, pero "por todo lo
que sabemos, la capacidad iraní no ha llegado al
punto de poder poner en funcionamiento con éxito
sus centrifugadoras" para enriquecer uranio en
grandes cantidades. Una razón que recomienda
proseguir la vía diplomática es, dijo, el
pragmatismo esencial de Irán. "El gobierno iraní
persigue sus propios intereses", dijo. Los líderes
iraníes "adoptan un enfoque duro en la cuestión
nuclear, y quieren desenmascarar el "farol" de
Occidente" porque entienden que "cuanto más duros
se muestren, más probable será que Occidente se
repliegue." Pero, dijo, "Por lo que hemos visto de
Irán, van a mostrarse superconfiados hasta el
momento en que den marcha atrás."
Y el diplomático continuó: "Nunca hay que
recompensar el mal comportamiento, y no es el
momento ahora de ofrecer concesiones. Hemos de
hallar el modo de imponer unos costes suficientes
para hacer entrar en vereda al gobierno iraní. La
cosa se va a decidir por los pelos, pero creo que
si hay unidad en la oposición y el precio que se
les imponga -en sanciones- es suficiente, pueden
dar marcha atrás. Es demasiado temprano para
abandonar la vía de las Naciones Unidas." Y
afirmó: "Si el proceso diplomático no funciona, no
hay una "solución" militar. Puede haber una opción
militar, pero las consecuencias serían
catastróficas."
El primer ministro británico, Tony Blair, fue el
aliado más fiel de Bush durante el año anterior a
la invasión de Irak en 2003. Pero él y su partido
están sufriendo una serie de escándalos
financieros y su popularidad está en mínimos. Jack
Straw, ministro de Exteriores, dijo el año pasado
que una acción militar contra Irán era
"inconcebible". Blair ha sido menos comunicativo,
y lo único que ha dicho en público es que no debe
nunca descartarse ninguna opción.
Otros altos cargos europeos han expresado un
escepticismo similar en relación con una campaña
de bombardeo en Irán. "La economía iraní está en
mal estado, y Ahmadineyad también lo está,
políticamente", me aseguró el funcionario europeo
de los servicios secretos. "Se beneficiará
políticamente de un bombardeo estadounidense. Se
puede hacer, pero los resultados serán peores." En
su opinión, un ataque estadounidense pondría al
iraní de a pie en contra nuestra, incluso a los
que puedan simpatizar con EE UU. "Irán no vive en
la Edad de Piedra; los jóvenes tienen acceso a
películas y libros estadounidenses, y les
encantan," afirmó. "Si se produce una ofensiva
basada en la simpatía, los ayatolás tendrían
problemas a largo plazo."
Otro funcionario europeo me confirmó que
Washington está deseando entrar en acción.
"Siempre son los mismos tipos," me dijo
encogiéndose de hombros. "Creen que la diplomacia
está condenada al fracaso. Los plazos son cortos."
Un aliado clave, con voz importante en este
debate, es Israel, cuyos líderes han pedido desde
hace años que cualquier intento de Irán de
comenzar a enriquecer uranio fuese considerado
como un punto sin retorno. Algunos funcionarios me
dijeron que el interés de la Casa Blanca por
impedir un ataque israelí a un país musulmán, que
provocaría fuertes reacciones en la región, era un
factor en su decisión de iniciar la actual
planificación de operaciones. En un discurso
pronunciado en Cleveland el 20 de marzo, el
presidente Bush describió la hostilidad de
Ahmadineyad contra Israel como "una amenaza grave;
una amenaza a la paz mundial." Y añadió: "Lo he
dicho ya antes pero lo voy a decir claramente una
vez más: utilizaremos nuestra fuerza militar para
proteger a nuestro aliado Israel."
Si Estados Unidos decide bombardear, me dijo
Richard Armitage, antes habría que responder a
estas preguntas: "¿Qué va a suceder en otros
países islámicos? ¿Qué capacidad tiene Irán para
alcanzarnos y golpearnos globalmente: es decir,
terrorismo? ¿Aumentará la presión de Siria y
Líbano sobre Israel? ¿Qué efectos tendría el
ataque sobre nuestra situación internacional, ya
tan decaída? ¿Y qué significaría todo ello para
Rusia, China y el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas?"
Irán, que produce en la actualidad cerca de cuatro
millones de barriles de petróleo diarios, ni
siquiera tendría que cortar su producción para
desbaratar los mercados de petróleo mundiales.
Podría bloquear o minar el estrecho de Ormuz, ese
paso de poco más de cincuenta kilómetros a través
del cual el petróleo de Oriente Próximo sale al
océano Índico. Sin embargo, el ex funcionario de
defensa recientemente retirado restó importancia a
las trágicas consecuencias de estas acciones. Me
dijo que la US Navy era capaz de mantener la vía
abierta mediante misiones de rescate y el uso de
dragaminas. "Es imposible bloquear ese paso",
afirmó. El consultor del gobierno vinculado al
Pentágono afirmó también que en su opinión el
problema del petróleo es manejable, y señaló que
EE UU tiene suficientes reservas estratégicas para
mantener el país en funcionamiento durante sesenta
días. No obstante, las personas del negocio del
petróleo con quienes hablé eran menos optimistas.
Un experto del sector estima que el precio del
barril subiría inmediatamente hasta 90 ó 100
dólares, o quizás más, dependiendo de la duración
y el alcance del conflicto.
Michel Samaha, un veterano político
cristiano-libanés y ex ministro en Beirut, me dijo
que las represalias iraníes podían ir dirigidas a
los campos petrolíferos y de gas de Arabia Saudí,
Qatar, Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos, que
están indefensos. "Esas zonas estarían
amenazadas," afirmó, "y ese podría ser el comienzo
de la auténtica yihad de Irán contra Occidente. El
mundo se convertiría en un lugar muy caótico."
Irán podría también lanzar una oleada de ataques
terroristas en Irak y otros lugares, con ayuda de
Hezbolá. El 2 de abril, The Washington Post
informó que la planificación dedicada a
contrarrestar ataques de ese tipo "está ocupando
mucho tiempo" de los organismos estadounidenses de
espionaje. "La mayor red terrorista del mundo se
ha mantenido neutral en la guerra contra el
terrorismo de estos últimos años," afirmó sobre
Hezbolá el asesor del Pentágono especialista en
terrorismo. "Un ataque la movilizaría y nos
encontraríamos frente al grupo que expulsó a
Israel del sur del Líbano. Si atacamos a Irán,
Hezbolá no va a quedarse quieto. A menos que los
israelíes acaben con ellos, se movilizarán contra
nosotros." (Cuando pregunté al consultor del
gobierno sobre esa posibilidad me dijo que si
Hezbolá comenzaba a lanzar misiles contra la zona
norte de Israel, "Israel y el nuevo gobierno
libanés los liquidarían.")
El asesor prosiguió: "Si atacamos, toda la mitad
meridional de Irak se inflamará como una bengala."
Las tropas estadounidenses, británicas y de otros
países miembros de la coalición en Irak correrían
riesgos aún mayores de ataque por parte de tropas
iraníes o de milicias chiitas siguiendo órdenes de
Irán. (Este país, predominantemente chiita,
mantiene estrechos vínculos con los principales
partidos de esta confesión en Irak.) Un general de
cuatro estrellas retirado me confesó que, a pesar
de los ocho mil soldados británicos desplegados en
la región, "los iraníes podrían tomar Basora con
diez mullahs y un equipo de sonido montado en un
camión."
"Si ustedes atacan," me dijo el alto diplomático
de Viena, "Ahmadineyad será el nuevo Sadam Hussein
del mundo árabe, pero con más credibilidad y
poder. Tienen ustedes que morder la bala y
sentarse a negociar con los iraníes." Y prosiguió:
"Hay personas en Washington que lamentarían que
hallásemos una solución. Su propuesta sigue siendo
el aislamiento y el cambio de régimen. Pero eso
son quimeras." Y añadió: "La oportunidad se nos
presenta ahora
.
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