CUMBRE EN CHILE: BRASIL ADVIERTE QUE NO TOLERARÁ CORTE DE GAS ....



El Pais,
Madrid 14/09/2008
JORGE MARIRRODRIGA:


Chile convoca una cumbre de urgencia de 12 países ante el conflicto
boliviano - Brasil advierte que no tolerará una ruptura en su
principal suministrador de gas
JORGE MARIRRODRIGA - Madrid - 14/09/200
 
Al igual que sucede en el monte, la crisis boliviana empezó siendo una
fogata convertida al rato en un fuego fuera de control que amenaza ahora
con transformarse en un pavoroso incendio y sus llamas pueden extenderse
a todo el continente americano. En un salto cualitativo sin precedentes
en la historia reciente del conflicto, los graves enfrentamientos
civiles de esta semana han obligado a movilizarse a Gobiernos cuyo papel
es crucial para determinar qué rumbo tomará la crisis en los
próximos días. Bolivia padece un conflicto interno, pero su futuro
va a decidirse en el exterior.

Con el embajador de EE UU han salido de Bolivia unos 60 agentes de la
DEA
El mensaje de Lula 'marca' ante Estados Unidos su territorio en la
región
La veintena de muertos y cientos de heridos -amén de algunos
desaparecidos- con los que se han saldado los graves enfrentamientos
civiles sucedidos esta semana en la región autonomista de Pando entre
partidarios del proyecto indigenista de Evo Morales y simpatizantes de
las regiones autonomistas suponen un nuevo peldaño en la escalera de
violencia por la que asciende el país andino desde hace dos años.
Pero no se trata de una cifra más que agregar al medio centenar de
muertos por violencia política desde que Morales llegó al poder en
2005.
Porque aunque lo más llamativo sean las expulsiones recíprocas de
embajadores entre La Paz y Washington y las habituales amenazas de
Caracas -aunque esta vez con expulsión de embajador incluida- ha sido
una sola frase del presidente del país más poderoso de la región
la que ha hecho saltar las alarmas en las cancillerías
latinoamericanas. Brasil, que hasta ahora había mantenido una
estudiada prudencia, ha hablado. Un hecho que hace pensar en la región
que Bolivia está a las puertas de la resolución sangrienta del
llamado "empate catastrófico".

Luiz Inácio Lula da Silva, con palabras mesuradas pero firmes, ha
advertido que Brasil no "tolerará" una ruptura institucional de su
vecino. Un aviso que sirve tanto para los autonomistas que de facto
rechazan la autoridad del presidente elegido democráticamente y que
esta semana han animado al saqueo de edificios y bienes del Gobierno
central como para las tentaciones autoritarias del propio Morales en
cuyo entorno son cada vez más fuertes las voces que le animan a
imponer el Estado de sitio en todo el país y suspender las garantías
constitucionales. Y de paso es también una advertencia a Hugo Chávez
y sus amenazas de intervención militar si Morales cayese.
A diferencia de lo que sucede cuando habla el presidente venezolano,
cuyos colaboradores conocen a menudo sus declaraciones y planes en el
mismo momento en que los anuncia, detrás de Lula se sitúa una de las
diplomacias más eficaces del mundo, en la cual tanto el presidente
brasileño como sus antecesores depositan su confianza. La misma
diplomacia que ha elaborado una estrategia de intervención en la
crisis cuidada hasta el último detalle y que explica, por ejemplo, la
cauta reacción del Departamento de Estado de Estados Unidos ante la
expulsión de sus representantes de un país considerado como de
primer interés tanto por su disparada producción de droga como por
ser la punta de lanza del proyecto antiestadounidense que lidera
Chávez.
Lula no se ha limitado a una declaración. Medios y periodistas
brasileños han recibido en las últimas 72 horas filtraciones
oficiales que confirman la "profunda preocupación" del mandatario, un
lenguaje que ni siquiera se empleó cuando, en 2005, Evo Morales
decretó la nacionalización parcial de la brasileña Petrobras en
Bolivia. Y eso que el 50% del gas que consume a diario Brasil procede
del país andino. Ahora Lula y su equipo consideran que es hora de
forzar el diálogo en Bolivia, porque el punto de no retorno está a
punto de ser sobrepasado.
Con este planteamiento, Brasil se presentará mañana en Santiago de
Chile en la cumbre de urgencia que Michelle Bachelet ha convocado de la
recién nacida Unión de América del Sur (Unasur). Un dato que no es
menor porque Chile mantiene un histórico y enconado conflicto
territorial con Bolivia, necesita que La Paz le suministre gas -cosa a
la que el país andino se niega hasta ahora- y es el principal
candidato a convertirse en el chivo expiatorio en caso de que en Bolivia
decida taparse la crisis interna con un conflicto exterior. Antes de
convocar la reunión, Bachelet y Lula hablaron por teléfono.
En paralelo, Brasil ha enviado a Washington el mensaje de que está
dispuesto a tomar un papel activo en el conflicto boliviano. Aunque
existan unas relaciones excelentes entre ambas diplomacias y el
presidente George W. Bush comparta con Lula una muy buena relación, el
mensaje brasileño tiene por objeto marcar ante EE UU su territorio en
la región y a la vez evitar otra iniciativa impulsada desde Washington
que probablemente tendría un efecto contraproducente. No hay que dejar
pasar que con el embajador estadounidense se han marchado de Bolivia 60
agentes de la agencia estadounidense antinarcóticos (DEA), un
organismo que tiene instalaciones en Bolivia y que está en el punto de
mira de Morales desde antes de que éste alcanzara el poder.
Washington ha optado, de momento, por dejar la crisis en manos de Chile
y Brasil, dos de sus interlocutores de mayor confianza en la zona que,
además, tienen prestigio ante los detractores de la política
exterior estadounidense. Y lo hace porque el conflicto boliviano hace
tiempo que ha trascendido el altiplano y sirve de detonante a otros
países para ajustar cuentas, reales o no, con Washington. Por ejemplo,
Honduras se ha sumado esta semana al frente antiimperialista de
Chávez. Su presidente, Manuel Zelaya, ha denegado la acreditación al
nuevo embajador de EE UU alegando solidaridad con Bolivia "por la
intromisión de Washington". También es destacable el papel de
Argentina, que se ha aliado con Chávez en todo tipo de acusaciones
contra Washington, aunque lo ha hecho para tapar un escándalo sobre
financiación ilegal de la campaña electoral de Cristina Kirchner.
Con Bolivia sobre la mesa de la cumbre, por debajo volverá a verse un
nuevo capítulo de la soterrada lucha entre las dos izquierdas
latinoamericanas. Mientras los países capitaneados por Brasil
insistirán en abrir el diálogo en Bolivia entre las partes, otros,
con Chávez a la cabeza, tratarán de hacer del conflicto con EE UU el
centro de conversaciones e improbables resoluciones finales.

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