Chávez, el primero que expulsa al embajador de Israel y le canta las verdades del barquero
- From: messari <mmessari@xxxxxxxxx>
- Date: Thu, 8 Jan 2009 01:36:54 -0800 (PST)
Chávez, el primero que expulsa al embajador de Israel y le canta las
verdades del barquero
No a la equidistancia: no es lo mismo un Estado opresor que cientos de
miles de palestinos oprimidos
Supongamos que el presidente venezolano, Hugo Chávez, ordenara a su
Gobierno actuar contra sus enemigos de forma similar a la que practica
el Estado de Israel con el pueblo palestino. Pues bien, si ahora el
facherío le llama despectivamente Gorila Rojo, entonces le llamaría, y
con toda razón y fundamento, el tirano sangriento de Venezuela. Sería
descrito como un monstruo salvaje o un brutal dictador sin entrañas, y
con toda razón y fundamento.
Fuerzas de interposición procedentes de medio mundo, a instancias de
la ONU, habrían llegado hace días ya a Venezuela, procurando impedir
el derramamiento de más sangre. Cuando Chávez, para defenderse de las
andanadas dialécticas que le lloverían por todas partes, alegara que
su Gobierno es democrático -porque había sido elegido en las urnas-
deberíamos recordarle que de parecida manera se hicieron con el poder
Benito Mussolini y Adolfo Hitler.
El origen de un régimen
El origen de un régimen puede ser democrático. Pero si el ejercicio de
esa democracia consiste en vulnerar habitualmente los derechos
humanos, masacrar a la población civil y tratar a las gentes como
animales salvajes, habrá que decir sin tapujos que la democracia nunca
puede servir de coartada al vandalismo, al terrorismo de Estado o a
masacres con inclusión de niños, de mujeres indefensas y de hombres
indefensos también. Si ciertamente Chávez presidiera un Gobierno
dedicado a este género de barbaridades, la comunidad internacional
habría reaccionado –entre la ira y el dolor- con la mayor contundencia
acusando al Jefe de Estado de Venezuela de asesino.
La seguridad
Y no valdría que nos repitiera una y otra vez que está en peligro la
seguridad de sus ciudadanos. La seguridad es sin duda sagrada, pero -
invocando su nombre- un Estado de Derecho no puede recurrir a crímenes
masivos, como si en lugar de seres humanos hubiera ratas. Esto no es
un Estado de Derecho. Esto es literalmente la ley del más fuerte, la
ley del Far West, la ley de la selva y la ley del ojo por ojo y diente
por diente –o para ser exactos- la ley de cien ojos por un ojo y cien
dientes por un diente. “Esto no es una guerra; esto es un genocidio”,
como ha subrayado a El Plural Saif Abuskeslek, coordinador de la Red
Internacional de Jóvenes Palestinos.
A la altura de las circunstancias
Pero hemos de decir que Hugo Chávez, en esta ocasión, ha estado a la
altura de las graves circunstancias que se sufren en Gaza. Chávez ha
sido el primer mandatario que ha expulsado de su país al embajador de
Israel y le ha cantado las verdades del barquero, tras que la cifra de
palestinos asesinados haya rebasado los 600. Chávez ha condenado
“tajantemente las flagrantes violaciones del Derecho Internacional en
las que ha incurrido el Estado de Israel”. Y ha expresado el “horror
de la muerte de niños y mujeres inocentes, producto de la invasión de
la franja de Gaza por tropas israelíes y del bombardeo inclemente”.
Crímenes atroces
Chávez ha advertido además que “el Gobierno venezolano no descansará
hasta ver severamente castigados a los responsables de estos crímenes
atroces”. Y ha precisado que “con el genocidio del pueblo palestino,
el Estado de Israel nunca podrá ofrecerle a su pueblo la perspectiva
de una paz tan necesaria como duradera”.
Reflexión torticera
La respuesta del Gobierno israelí ha consistido en acusar al Ejecutivo
de Venezuela de mantener “estrechos lazos” con Hamás y con Irán.
Particularmente significativo es el siguiente párrafo del Gobierno de
Ehud Olmert: “Venezuela debe elegir en qué lado de esta guerra está.
Debe elegir entre los que luchan contra el terrorismo y entre los que
lo apoyan”. Semejante reflexión, sobre todo torticera, se parece -como
una gota de agua a otra gota de agua- a los discursos de José María
Aznar o George W. Bush en el prólogo de la invasión militar de Irak.
“O se está a favor de la guerra o se está a favor de Sadam Hussein”,
decían muy solemnes ambos.
Injusta equidistancia
Pues ni estamos a favor de la guerra de Israel contra los palestinos
ni apoyamos las acciones violentas de Hamás o de quien sea. Pero es
tramposo equiparar un Estado con una organización terrorista o, según
y cómo se examine la cuestión, guerrillera. Es injusto recurrir a la
equidistancia diciendo que son tan malos unos como otros. No es
verdad. No es lo mismo, bajo concepto alguno, un Estado opresor que la
reacción frente a él de cientos de miles de palestinos oprimidos. No
fue lo mismo la invasión norteamericana de Vietnam que la réplica de
los vietnamitas invadidos. No fue lo mismo la invasión norteamericana
y de otros países de Irak que la defensa de su territorio por parte de
los iraquíes.
Éste, también
No es lo mismo una democracia que una dictadura. Pero cuando una
democracia actúa como si fuera una dictadura deja de ser democracia.
El Estado de Israel está actuando con los palestinos como hicieron los
nazis con los judíos. Aquel exterminio fue del todo abominable. Éste,
también.
Enric Sopena es director de El Plural
.
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