PERU - Olivera canciller: nuevo autogol de Toledo



Olivera canciller: nuevo autogol de Toledo
La República

Se pensaba que, al menos en la última parte de su mandato, Alejandro
Toledo evitaría esos terribles autogoles que minan el restringido
apoyo a su gestión. Demostrando lo equivocado de este razonamiento, el
mandatario no ha tenido mejor idea que nombrar a Fernando Olivera, su
socio menor, titular de la cancillería, provocando así la renuncia
del premier Carlos Ferrero y otros miembros del Ejecutivo, incomodidad
en Torre Tagle, malestar en PP, unánimes críticas en la oposición y
condena en la opinión pública.

Pues si hay un puesto para el cual Fernando Olivera parece negado es el
de jefe de la diplomacia peruana, cargo para el cual su personalidad
díscola y poco conciliadora le cierra las puertas, al punto que no se
ha dado una sola opinión -salvo las que emiten desde el FIM y
algunos incondicionales del régimen-que le sea favorable. Para mayor
problema, el señor Olivera apoya la postura de Carlos Cuaresma en
favor de la liberación de los cultivos de coca en el Cusco,
llevándose de encuentro la tesis defendida por el Perú y ratificada
en convenios internacionales.

Es posible que con este nombramiento el presidente Toledo trate de
agradecer el apoyo prestado por el FIM y Olivera, pues han facilitado
la gobernabilidad a lo largo de cuatro años. Pero el mandatario estaba
obligado a hacer una evaluación del costo político de semejante
decisión, que es mucho mayor que sus eventuales beneficios. Por lo
pronto, ya afronta la mayor crisis política que se haya dado en el
Ejecutivo, y es solo el principio.

El récord negativo acumulado por Olivera apenas juramentado el cargo
pasará sin duda a nuestra historia política, pues a las pocas horas
se convirtió en administrador del mismo al conocerse la renuncia del
premier Ferrero. De este modo se convirtió también en el primer caso
de un ministro cuyo ingreso al gabinete provoca la renuncia de parte de
sus colegas (es obvio decir que no creemos en la tardía explicación
del presidente Toledo afirmando que fue él quien pidió la partida de
los ministros que iban a ser candidatos, algo para lo cual había plazo
hasta el 7 de octubre).

Pese al terremoto político que ha provocado, y cuando se esperaba de
él un gesto responsable que lo llevara a dar un paso al costado, el
señor Olivera ha tomado posesión del cargo de canciller como si nada
hubiese ocurrido, con lo cual no solo pone en riesgo la aprobación por
el Congreso del próximo gabinete -ya son tres las formaciones
políticas que han anunciado que no votarán la confianza a un
Ejecutivo que integre el líder del FIM-sino la propia estabilidad
del régimen.

Pues será difícil que el presidente Toledo convenza a alguna
personalidad independiente para que acepte el premierato. Quien lo haga
deberá saber que tendrá a Olivera como inevitable premier en la
sombra, debido a su protagonismo invasor y a su carácter de aliado del
régimen, algo que ya se puso de manifiesto cuando ocupó el Ministerio
de Justicia. Esperan duros meses a Alejandro Toledo, y lo peor es que
se lo ha buscado.

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