(IVÁN): SI ESCONDO MI PECADO DE DIOS, PECO MUCHO MÁS PARA LA ETERNIDAD
- From: valarezo <valarezo@xxxxxxxxxxx>
- Date: Tue, 11 Mar 2008 19:42:22 -0700 (PDT)
Sábado, 08 de marzo, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
SI ESCONDO MI PECADO DE DIOS, PECO MUCHO MÁS PARA LA ETERNIDAD:
Si en mi corazón yo hubiese consentido la falta de equidad y hubiese
ocultado su verdad delante de mi Dios, entonces <<Él no habría
escuchado mi oración, ni tampoco le hubiera dado ningún valor a
ninguna de mis suplicas>>, sino que me rechazaría tajantemente como el
peor de los pecadores, porque no habría sinceridad ni equidad alguna
en todo mi ser. Pero como he hecho mi oración de fe hacia él, en el
nombre sagrado de su unigénito, para que perdone mis pecados y me
limpie de toda maldad, entonces <<tengo la verdad y la justicia
salvadora de su Plan de Salvación>>, lanzada del cielo para todo aquel
que desee vivir la vida eterna, desde hoy y hasta la eternidad.
Ciertamente, nuestro Padre Celestial es un Dios de amor y de gran
misericordia, pero también <<es fuego consumidor para con los que pecan
en contra de él, por no honrar ni exaltar en sus vidas, el nombre
ungido de su verdad eterna>> para nuestros corazones y para nuestras
almas infinitas, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Pues su ira se enciende
en contra del pecador y de la pecadora (y así también sobre los suyos,
en donde se encuentren en toda la tierra), porque <<se hace injusticia
cuando su Hijo no es honrado, preciso en el momento que debería ser
honrado en sus corazones>>, para gloria y para honra infinita de su
nombre muy santo.
Y para todos ellos, como los de baja ralea, como los que no aman, ni
jamás tienen nada bueno que decirle a Él, como su Dios y Fundador de
sus vidas en el paraíso, entonces <<ha preparado su día de juicio para
darles su merecido justo y sin más tardar también>>. Y éste es un
lugar, en donde ya no habrá más misericordia ni perdón para el
quebrador de las leyes, sino <<sólo juicio y castigo eterno por su
pecado, de no haber reconocido a Jesucristo en su vida>>, como su único
amigo, como su único ayudador y como su único salvador de su vida del
poder de Satanás.
Ciertamente, la ira de nuestro Creador y sus justos juicios son para
los que tienen en poco la vida de su Hijo amado en sus corazones, como
sucedió con Adán y Eva en el cielo; pues <<ellos tuvieron muy en poco
al fruto de su vida como si nada>>, que seguidamente comieron del fruto
equivocado, para luego morir en tinieblas. Es por eso que nuestro
Padre Celestial, desde que creó los cielos y la tierra, <<no ha cesado
de llamar al hombre y a la mujer a que regresen a Él>>: para que coman
y beban de su fuente la vida y de la salud infinita, su Hijo amado,
¡el Santo del cielo y de la tierra!
Y, ¿cómo es que uno come y bebe del Árbol de la vida?, quizás te
preguntes mi estimado hermano y mi estimada hermana, como todo
desconocido de la verdad más antigua del reino de los cielos de Dios y
de su Árbol de vida, ¡nuestro gran rey Mesías de todos los tiempos.
Pues con tan sólo orar a nuestro Padre Celestial en el nombre de su
Hijo amado, en cualquier momento de fe y de oración, para que <<de su
mismo cuerpo y de su Espíritu de vida y de salud infinita desciendan a
todos nosotros día y noche y sin cesar en los poderes sobrenaturales
de su Espíritu Santo>>, como es normal.
Porque nuestro Dios ha enviado de su Espíritu Santo con muchos poderes
para que sea parte de nuestras vidas, asimismo como siempre ha deseado
que su Árbol de la vida sea parte de nuestras vidas también, y así
<<formar una sola familia en la tierra y en el cielo, para que sólo Él
sea nuestro Dios Soberano para siempre>>. Y la gente no le entiende a
Él, por medio del Espíritu de su palabra y de su Ley Santísima, por
ejemplo, para que todos hagan su voluntad santa y justa, <<de creer en
sus corazones y de confesar con sus labios a su Jesucristo, para bien
eterno de sus vidas y la de muchos también, eternamente y para
siempre>>.
Es por eso que el servicio a nuestro Padre Celestial así como los
ángeles del cielo, por ejemplo, <<tiene que ser por medio del fruto del
Árbol de la vida del paraíso>>, ni más ni menos, con cada uno de
nosotros, en nuestros millares, desde el paraíso a la tierra y hasta
siempre en la nueva eternidad venidera también. Porque los ángeles del
cielo siempre le han servido a su Dios y Padre Celestial que está en
los cielos, y <<sin el Señor Jesucristo ningún ángel, arcángel,
serafín, querubín y demás seres santos del cielo le podrán jamás
servir a él y a su nombre muy santo, como es justo y como es normal>>.
Es por eso que nuestro Padre Celestial no se cansa de llamarte a ti y
a los tuyos, también, <<a que crean en la vida santa y perfecta de su
unigénito>>, el Santo de Israel y de la humanidad entera, para perdón
de pecados y para bendición eterna de sus corazones y de sus almas
infinitas, eternamente y para siempre. Entonces si hay pecado en tu
vida, ha de ser porque aún no has creído en tu corazón, ni has
confesado con tus labios su voluntad perfecta, <<y esto es llamando con
tus labios a su Jesucristo>>, para que la pared de tinieblas del
enemigo se rompa entre tú y Él, para que te bendiga rica y
abundantemente, hoy y eternamente.
Para que de esta manera todo pecador y pecadora entienda en su
corazón, de una vez por todas y para siempre, <<de que es muy
importante que su Jesucristo sea enaltecido en la tierra y así también
en la eternidad venidera>>, como en el nuevo reino celestial, por
ejemplo, para que <<su corazón sagrado esté firme y alegre con ellos
diariamente>>. Porque <<sin verdad y sin justicia nadie podrá
acercársele a él, como su Dios y Creador de su vida, ni menos podrá
ver la bendición infinita de la nueva vida eterna>>, en la tierra, ni
mucho menos en el más allá, como en La Nueva Jerusalén Santa y
Gloriosa del cielo.
Es más, sin la verdad y sin la justicia del Árbol de la vida eterna
del paraíso, nuestro gran rey Mesías, <<nadie podrá ser salvo jamás de
sus pecados en la tierra>>, para siempre; pues el que muere en sus
pecados <<se pierde perpetuamente en su maldad ciega>> en contra de su
Dios y de su Jesucristo. Porque para acercársele a Él, como el Dios
Proveedor, como el Dios Sanador, para que les devuelva la salud, la
vida y las ricas bendiciones de sus corazones insaciables, también,
pues entonces <<primero tienen que haber alcanzado la verdad y la
justicia redentora del paraíso y del nuevo reino de los cielos en sus
vidas>> y cuanto antes mejor.
Porque sin templanza, sin verdad y sin justicia <<nuestro Dios no
atiende a ningún hombre o mujer en toda la tierra, para concederle sus
peticiones>>, cuantas sean todas ellas (pues para nuestro Dios no le
importa cuantas necesidades tengas, él las suple todas y sin fallar
por amor a Jesucristo, porque sólo Él es Dios, el Todopoderoso y
sumamente rico, también). Y la única manera que el hombre y la mujer
de la humanidad entera podrán realmente alcanzar ésta gran verdad y
justicia celestial, de Dios y de su Espíritu Santo, <<ha de ser sólo
creyendo en sus corazones y así confesando con sus labios, de que
únicamente el Señor Jesucristo es su unigénito>>, ¡el Santo del cielo y
de la tierra!
Porque es necesario tener o reconocer al Señor Jesucristo <<como el
Árbol de la vida no sólo del paraíso sino también de la tierra>>, para
que entonces sea nuestro proveedor de cada una de nuestras
necesidades, en cada una de las fases de nuestras vidas terrenales,
espirituales y celestiales, también. Y si no reconocemos al Señor
Jesucristo como el Hijo de Dios o como el Cordero Escogido de Dios o
como el sumo sacerdote del cielo y de la tierra para bien del hombre,
entonces <<no estamos actuando en el Espíritu de fe, el cual nuestro
Dios nos ha llamado a creer en Él, para vida y para bendición
eterna>>.
Es decir, que las tinieblas de Satanás en Adán <<seguirían reinando en
nuestras vidas humanas y pecadoras y más no la luz de la verdad y de
la justicia de Dios y de su Jesucristo>>; y esto es muy malo no sólo
para el que no cree, sino también para el paraíso y para la tierra,
también, porque las tinieblas aumentan. Es por eso que el Señor
Jesucristo tiene que reinar en nuestros corazones a cada hora del día,
por amor a la obra de la verdad y de la justicia del paraíso, para que
nuestro Dios viva siempre feliz y sentado en su trono de honra
eternal: <<para que jamás nos falte ninguna de sus muchas y muy ricas
bendiciones de siempre>>.
De otra manera, ningún hombre o mujer podrá jamás alcanzar ninguna
verdad o justicia en su vida, para acercarse al Creador de su vida,
para pedirle que le dé más de su misericordia y de su amor, <<para que
ya no sufra más de los males de su vida y en resumida cuentas vivir
feliz>>: ¡para ver infinitamente la vida eterna! Entonces es mejor
consentir la verdad y la justicia de nuestro Señor Jesucristo antes
que la iniquidad del espíritu de error y de gran maldad de Satanás o
de sus ángeles perdidos en nuestros corazones, para que inmediatamente
<<nuestro Dios se sienta muy a gusto con cada uno de nosotros y así su
Espíritu Santo nos bendiga con sus bendiciones sobrenaturales>>.
Porque <<el Espíritu de Dios no nos va a entregar ninguna de nuestras
bendiciones celestiales y terrenales>>, las cuales son muchas, las que
tenemos que recibir de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de la
vida para enriquecer nuestros corazones y nuestras almas infinitas,
para servicio continuo de su nombre santísimo en la tierra y en el
paraíso, también. Y nuestro Dios se alegra mucho cuando ve a su
Jesucristo en el corazón del hombre y, por tanto, con mucha alegría en
su corazón comienza a derramar de sus bendiciones sobrenaturales, <<tal
como comenzó a derramar del Espíritu de la sangre del Árbol Viviente
desde génesis, para que todos vivan felices en la tierra y sin la
inmoralidad de Satanás>>.
Y nuestro Padre Celestial nos bendice muchísimo y desde el cielo,
porque desea que le sirvamos a él y a su nombre santísimo, pero sin
Satanás en nuestras vidas, es decir, <<sin ídolos y sin imágenes de
dioses o de diosas ni con doctrinas extrañas en nuestros corazones>>;
esto es muy importante entender hoy, <<para no pecar más ante nuestro
Dios>>. Porque para servirle a nuestro Padre Celestial y a su nombre
muy santo, entonces <<necesitamos diariamente los poderes
sobrenaturales de la verdad y de la justicia del nombre glorioso y
sumamente misterioso de su Hijo amado>>, nuestro único Árbol de vida
eterna del paraíso, de la tierra y de La Nueva Jerusalén Santa e
Imponente del cielo.
Y en los dioses o diosas de las tinieblas, como las doctrinas de
falsas religiones <<no hay verdad, ni menos justicia alguna para nadie,
sino sólo más tinieblas y finalmente la muerte asegurada para entrar
desde ya al mundo de los muertos>>, como el infierno o como el lago de
fuego eterno, por ejemplo, la muerte eterna de la muerte. Es por eso
que todo aquel que no tiene verdad ni justicia alguna en su corazón y
en todo su ser, entonces <<sufre terriblemente los embates del mal y de
la pobreza de las tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos>>, para
sólo morir gradualmente y jamás ser feliz en esta vida ni mucho menos
en la nueva eternidad cercana.
Porque Satanás es muy pobre y así también aquellos que le sirven y le
siguen habitualmente, como su guía y proveedor de sus vidas también;
pues el pecador sin saber a quien le está sirviendo, <<peca aún más en
su ceguera espiritual por no conocer la verdad ni menos la justicia de
nuestro Dios, constantemente le está sirviendo ciegamente al diablo>>.
Y, además, las gentes que no aman, la verdad y la justicia de nuestro
Dios, <<es porque simplemente no conocen, ni menos aman al Árbol de la
vida>>, como Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, que no conocían al
rey Mesías, como el Hijo de Dios, para mal de sus vidas y de su linaje
humano, también.
Porque es pecado y pobreza para nuestro Padre Celestial y para su
Espíritu Santo, <<cuando el hombre y la mujer no aceptan en sus
corazones ni menos confiesan con sus labios a su Árbol de la vida
eterna>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para que vivan perpetuamente en
la ricas y abundantes bendiciones de riquezas difíciles de leer del
paraíso, sin Cristo. Además, la gente sufre día y noche y sin cesar,
porque el Espíritu de Dios no toca sus vidas con las bendiciones del
cielo de nuestro Padre Celestial y de su Árbol de la vida, <<porque no
hay verdad ni menos justicia alguna en sus corazones, por la falta de
fe, en el nombre misterioso de nuestro Señor Jesucristo>>.
Entonces ellos viven como si jamás han oído de la palabra sobrenatural
de nuestro Dios y de su Árbol de la vida, para llenar sus corazones y
sus espíritus humanos de muchas riquezas del paraíso y del vasto reino
celestial; realmente, <<estas personas no tienen el más mínimo
conocimiento de Dios y de Jesucristo>>, son, pues, como tinieblas
terribles sus vidas pecadoras. Es más, nadie conoce realmente al Señor
Jesucristo en su corazón, como sólo nuestro Padre Celestial le conoce
a Él, desde siempre, porque Dios es luz; porque los ángeles del cielo
lo ven y, también, conocen sus actos de sus glorias infinitas, pero no
le conocen sobrenaturalmente, como sólo nuestro Dios y como sólo su
Espíritu Santo le conocen desde siempre.
Es decir, también que <<nuestro Señor Jesucristo es un gran misterio
insondable para nuestros corazones y para nuestras mentes humanas,
también>>; es por eso que <<los religiosos antiguos tuvieron graves
problemas en aceptarlo en sus corazones y confesarlo con sus labios>>:
como el Hijo de Dios o como el Cordero Escogido o como el gran rey
Mesías de todos los tiempos. Porque <<es nuestro Dios quien lleva de la
mano al hombre, a la mujer, al niño y a la niña a los pies del Árbol
de la vida>>, para introducírselos: como su Rey, como Su Mesías, como
Su Salvador, como Su Sumo Sacerdote, como Su Mediador, como Su
Proveedor constante de cada día, y le conozcan así siempre en sus
corazones.
Es por eso que fue nuestro Creador, después de haber creado a Adán,
entonces lo llevo de la mano por el camino de la verdad y de la
justicia <<para que se pare delante del Árbol de la vida, su
Jesucristo, y le conozca como es infinitamente>>; y <<asimismo hace
nuestro Dios diariamente con cada uno de nosotros>> en la tierra. Para
que de esta manera conozcamos nuestra templanza, nuestra verdad,
nuestra justicia infinita en la vida de la tierra y en nuestra nueva
vida normal del paraíso y de La Nueva Jerusalén Colosal e Inmortal del
cielo, <<para vivir todos nosotros juntos con nuestro Dios y con su
Árbol de vida, para aprender mucho más de su justicia infinita, para
siempre>>.
Y el pecado de nuestras mentes y de nuestros corazones rebeldes a
nuestro Dios son los que nos alejan de Él, como alejaron a Adán y a
Eva de nuestro Árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para
luego morir lejos de él, <<como lejos del paraíso, por ejemplo, y en un
hueco en la tierra para descender inmediatamente al infierno>>. Es más,
todos han pecado en contra de nuestro Jesucristo, de alguna forma u
otra, <<porque están ciegos en sus corazones y en sus mentes también,
como los ídolos>>; pues no le pueden conocer nunca, <<porque él es
demasiado grande para sus almas infinitas>>; ciertamente, sólo nuestro
Creador y su Espíritu le conocen desde siempre, <<por que son poderosos
como Él mismo>>.
Es por eso que tenemos que aceptarlo por su historia y por el Espíritu
de fe, el cual nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo nos han
entregado en nuestros corazones, para creer en el Señor Jesucristo, y
<<algún día no muy lejano conocerle tal como nuestro Dios le conoce
desde siempre, para alcanzar nuevas glorias en nuestras vidas
eternales>>. Además, a nuestro Señor Jesucristo sólo le puede comenzar
a conocer gradualmente el hombre del mundo, porque es como la luz del
sol, así como cuando comienza el día en la mañana <<y va aumentando su
luz lentamente hasta que llega al medio día, y de pronto todo está tan
claro por todos lados, pues, algo así es Jesús en nuestras vidas>>.
Así pues es nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones, sin tener
que jamás rechazarlo en nuestras mentes <<y así mismo poco a poco vamos
creciendo en conocimiento espiritual y sobrenatural a la vez, de él y
de su poder en nuestros corazones y nuestro diario vivir>>, para jamás
alejarnos de su gloria, en esta vida ni en la venidera, para siempre.
Y nuestro Señor Jesucristo es como una luz poderosa y sumamente
divina, también, que cuando entra en nuestros corazones <<entonces se
queda para darnos cada día del bien del cielo y de la tierra>>, para
satisfacer nuestros corazones, nuestros espíritus y nuestros cuerpos
humanos hasta hacernos plenamente ricos en Él, cumpliendo así
infinitamente nuestro Jesucristo la volunta de Dios en nuestras
vidas.
Pero los que rechazan a Jesucristo sin saber lo que están haciendo,
entonces pecan terriblemente en contra de sus propias almas infinitas
y sobre todo en contra de nuestro Dios y en contra de su nuevo reino
celestial, también, para que en cualquier momento dado encontrarse con
la maldición de la muerte del infierno, y sin poder escapar jamás del
mal eternal. Ahora, si reconocen su error, e inmediatamente claman a
su Creador, desde sus corazones en el Espíritu de fe y de amor
sobrenatural de Jesucristo, entonces el Espíritu Santo vendría con
bendiciones del paraíso a sus vidas, <<para hacer maravillas y milagros
en sus cuerpos humanos sin más tardar, para que entiendan
postreramente que sólo Jesucristo es el Ángel de Dios>>.
Es decir, que nuestras enfermedades y males desaparecerían de nuestras
vidas al instante o poco a poco, <<para que ya no suframos más nuestros
males de siempre, por culpa de nuestro pecado en contra de
Jesucristo>>, sino que seremos llenos por siempre e infinitamente de la
luz de la alegría y de la paz infinita de nuestro Padre Celestial.
Porque nuestro Señor Jesucristo es real y verdadero, cuando, por lo
contrario Satanás es un mentiroso abominable; además, Jesucristo está
aquí con cada uno de nosotros, no importando jamás en donde nos
encontremos en el mundo entero, por amor a su nombre misterioso, <<para
que siempre hayan milagros, prodigios y maravillas increíbles en
nuestros días de vida en la tierra>>.
Porque, con seguridad, si hay verdad y justicia redentora de nuestro
Padre Celestial en nuestras vidas, en nuestros corazones, en nuestras
almas y cuerpos humanos, ¡gracias a Jesucristo!, entonces <<el Espíritu
Santo de Dios jamás dejaría de entregarnos muchas, si no todas de las
más ricas bendiciones de nuestro Dios y de su vida santa del cielo>>. Y
si el Espíritu de Dios nos entregaría las bendiciones de nuestro Padre
Celestial y de su Árbol de vida eterna una tras otra y sin cesar
jamás, entonces <<no habría enfermedades, ni males algunos, ni mucho
menos pobreza entre todos nosotros>>; en verdad, viviríamos una vida
libre de las tinieblas del más allá, por tanto, <<libres de Satanás
para siempre>>.
Entonces el problema de nuestras vidas de día a día por toda la tierra
no es tanto Satanás sino nuestros mismos corazones, en los cuales
<<hemos consentido iniquidad para que la verdad y la justicia de
nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado no reinen en nuestras vidas
y en nuestros cuerpos humanos>>, para gloria infinita de nuestro Dios.
Pues, hoy más que nunca tenemos que arrepentirnos solemnemente de
nuestros pecados, porque <<cada uno de nuestros pecados ha sido hecho
en contra del Señor Jesucristo para mal de nuestras vidas, en la
tierra y así también para la nueva eternidad venidera del nuevo reino
bendito de nuestro Dios y de su Árbol de la vida eterna, su Hijo
Fiel>>.
En verdad, sin equivocarnos más, <<nuestros pecados son siempre en
contra del Árbol de la vida>>, asimismo como los antiguos, por ejemplo,
como cuando pecaron en el desierto en contra del Ángel del SEÑOR, y
nuestro Dios no quiso perdonarles sus rebeliones, sino que corto sus
vidas en el desierto, y sólo sus hijos vieron las nuevas tierras de
Canaán. Porque nuestro Dios les dio a los antiguos <<a su Ángel
Incendiado, como a su unigénito sangrando>>, para que los saque de
Egipto y los llevara por el desierto a la Tierra Prometida, <<en donde
se manifestaría en sus vidas el Mesías, para perdón de pecados y para
santidad infinita de sus nuevas vidas eternas, del nuevo reino de
Dios>>.
Pero los antiguos se rebelaron no solamente en contra de Moisés, sino
que <<sus rebeliones fueron directamente en contra del Ángel del
SEÑOR>>, y él no les perdono ninguno de sus pecados sino que los
castigo y hasta exterminarlos de su camino de verdad y de justicia
infinitamente sagrada para entrar a La Nueva Jerusalén Santa y
Perfecta del cielo. Pues asimismo vamos nosotros juntos, de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, <<por
el camino antiguo del Ángel del SEÑOR para entrar día y noche a la
nueva Tierra Prometida con cielos gloriosos y esplendorosos de La
Nueva Jerusalén del gran rey Mesías>>, para vivir infinitamente en la
felicidad de servirle sólo a nuestro Creador Celestial.
Pues entonces, hoy más que nunca tenemos que creer en Jesucristo en
nuestros corazones, mentes, fuerzas, vidas y almas infinitas, <<para
que pasemos victoriosos por el camino antiguo del desierto (en todos
los lugares de la tierra) y así finalmente entrar muy pronto a la
nueva vida del cielo>>, para saciar nuestras hambre y nuestra sed del
Árbol de la vida. Porque para que haya gloria de nuestros corazones
para nuestro Dios y para su Espíritu, entonces <<tenemos que haber
comido de la verdad y de la justicia de la nueva vida del Árbol de la
vida>>, caminando obedientes y fieles a la verdad día y noche por el
camino antiguo del Ángel del SEÑOR hacia el Cielo Prometido: ¡nuestro
Señor Jesucristo!
De otra manera, no viviremos; ni gozaremos jamás de la felicidad
celestial de Dios y de Jesucristo, ¡el Árbol de la vida! Por lo demás,
no es posible que nosotros podamos jamás, en nuestros pecados y
errores, darle gloria y honra a nuestro Creador que está en los
cielos, desde nuestros corazones en tinieblas; por eso es que la luz
de Jesucristo es muy importante en nuestras vidas, <<para ver mejor
nuestros pasos por el desierto antiguo camino hacia la gloria
eternal>>.
Realmente, vivimos en nuestras mismas iniquidades día y noche sin
darnos cuenta jamás, en vez de vivir en la verdad y en la justicia no
sólo salvadora, sino también sanadora de nuestros males, <<para que las
tinieblas se vayan de nuestros corazones y de nuestros espíritus
humanos y así disfrutar las ricas bendiciones del cielo y del mundo
entero, sin Satanás>>. Seriamente, es imposible disfrutar de la vida
eterna, de la cual nuestro Dios nos la ha entregado en su unigénito,
si el espíritu de iniquidad, mentiras, calumnias, infamias y de
maldades terribles, vive aún en nuestros corazones y espíritus
humanos; ciertamente, <<estamos tan perdidos aún como Adán y Eva en el
paraíso, sin el fruto de la vida en nuestros corazones>>.
Porque una vida sin tinieblas es una vida sin Satanás, es decir, <<que
es una vida sumamente deliciosa para nuestros corazones, para nuestros
espíritus, para nuestras almas y cuerpos humanos>>, en el paraíso, en
la tierra y así también en el nuevo reino celestial, como en la nueva
vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Noble del cielo, por
ejemplo. Y cada vez que ves a una persona sufrir algún mal,
ciertamente es resultado de las tinieblas del corazón de un pecador o
pecadora de la tierra, por lo cual <<no ha honrado en su vida, ni ha
exaltado el nombre misterioso de nuestro Padre Celestial con sus
labios, como el nombre de su único Árbol de vida eterna>>, ¡nuestro
Jesucristo!
Porque cada vez que veas a una persona sufrir enfermedades y males,
sin duda, es el resultado de la mala fe, del corazón de algún pecador
o religioso, quien a rehusado equivocadamente a ser rico en el
Espíritu de Dios, <<para creer en su corazón y confesar con sus labios
la verdad y la justicia del único plan de Salvación Eternal>>. Es por
eso que muchas gentes viven profundamente pobres y hundidos en las
tinieblas de Satanás (y no lo saben), porque Satanás mismo los tiene
ciegos para que jamás vean nada bueno en sus corazones, <<como creer en
el Señor Jesucristo y confesar con sus labios su nombre ungido, lleno
de maravillas, milagros y prodigios sobrenaturales para bendecir sus
vidas ampliamente>>.
El pobre es pobre, <<porque no conoce a Jesucristo en su corazón>>; como
el enfermo, por ejemplo, tampoco conoce el poder sobrenatural de la
vida gloriosa y sumamente milagrosa del Árbol de la salud eterna,
¡nuestro Señor Jesucristo!, porque hay poder del cielo y de nuestro
Creador en la sangre del pacto eterno, para librarlo diariamente de
los males del infierno. Ahora, los males del infierno alcanzan siempre
al pecador, porque está muy cerca de él; es decir, que cuanto más
cerca estemos del Árbol de la vida y del cielo por nuestra fe, en
nuestro Padre Celestial y en su Espíritu Santo, entonces <<estamos
lejos del infierno y de sus males de siempre, como pecados,
enfermedades y la misma muerte, también>>.
Ahora, si nos alejamos del Árbol de la vida, con nuestros malos
pensamientos y sus tinieblas de siempre, entonces <<estamos más cerca
de todos los males de la vida pecadora que pronto nos comienzan a
invadir, para hacernos daño y finalmente destruirnos para siempre>>,
como los más viles pecadores del paraíso y de la tierra. Es por eso
que <<es muy bueno invocar al Señor Jesucristo en nuestros corazones y
con nuestros labios para estar siempre cerca de él y, a la vez, lejos
de los males de Satanás>>, para que ya no toquen nuestras vidas como en
el paraíso o como recientemente, con sus mentiras y con sus patrañas
antiguas de toda la vida infernal.
Porque con el nombre del Señor Jesucristo viviendo en los corazones de
las gentes no sólo de Israel, sino también de la humanidad entera,
entonces muchas personas totalmente enfermas de enfermedades terribles
y hasta incurables, <<nuestro Padre Celestial las ha curado
milagrosamente y majestuosamente para gloria y para honra de su nombre
muy santo que está en los cielos>>. Y todas estas maravillas y milagros
increíbles del nombre misterioso, de nuestro Padre Celestial y de su
Jesucristo, están a la orden del día, <<para que todo aquel que tan
sólo crea en su corazón entonces sea liberado, pero pronto, de sus más
terribles aflicciones de su corazón, de su espíritu, de su alma y de
su cuerpo humano, también>>.
Porque ésta es la obra de nuestro Hacedor para nuestros días, <<librar
a cada una de las personas del mundo entero de las terribles tinieblas
de mentiras, enfermedades, infamias, calumnias y demás males de
Satanás>>, por las cuales el hombre no puede librarse de ellas por si
solo, sino con la ayuda del cielo y de su Árbol de la vida. Y es por
eso que el nombre del Señor Jesucristo se ha acercado a ti, una vez
más, como es normal en el paraíso, para que no haya iniquidad,
mentiras, enfermedades, maldiciones, ni injusticias en tu corazón,
<<sino únicamente el Espíritu de la sangre y de la vida sagrada de
nuestro Árbol de la vida eterna>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque sólo nuestro Jesucristo es tu equidad, verdad y justicia
redentora y <<para siempre tener derecho día y noche a la vida eterna
de nuestro Padre Celestial y de sus ángeles del cielo>>, la cual es la
nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Sagrada y Sumamente Honrada
por el Árbol de la vida eterna, ¡el Mesías del paraíso! Por ello, aún
estás a tiempo para hacer que toda iniquidad que haya en tu corazón y
en tu alma infinita, ya sean de tus antepasados o de ti mismo, para
que nuestro Dios con los poderes sobrenaturales de su Espíritu hacerte
libre, <<si tan sólo crees en Él y en la obra misteriosa de su
unigénito>>, ¡nuestro Rey Mesías, Jesucristo!
Además, si le obedeces a tu Dios que está en los cielos, siempre
observándote desde su morada sagrada, como desde su altar celestial,
entonces te ha de bendecir grandemente, es decir, si aceptas en tu
corazón a su unigénito, <<como tu único y suficiente salvador, para que
sólo tengas verdad y justicia infinita en todo tu ser, hoy y para
siempre>>. Y esta verdad y justicia del Espíritu de la sangre y de la
vida milagrosa de nuestro Jesucristo te hará feliz en tu corazón y en
todo tu ser viviente, <<como jamás nada ni nadie te haya hecho tan
feliz en tu vida en la tierra>>; efectivamente éste es el poder de Dios
obrando continuamente en tu alma infinita: ¡milagros sobrenaturales!
Es más, habrás nacido de nuevo en el mundo, pero ya no eres de este
mundo sino del nuevo mundo de arriba como del más allá, <<para sólo
conocer la verdad perfecta y la justicia insuperable de nuestro Dios y
de su Espíritu Santo en tu nueva vida eternal>>: ¡gracias al amor y al
Espíritu de la gracia del Señor Jesucristo!
NADIE SE ESCONDE DE NUESTRO DIOS EN SUS TINIEBLAS
Oh Padre Celestial, tú mismo conoces muy bien nuestro caminar y
nuestros tropiezos también, en muchas cosas de nuestras vidas; pues en
ti no hay nada que esté oculto de tus ojos en el cielo ni menos en la
tierra, por tanto, <<nuestros pecados no te son ocultos ni por un sólo
instante, cada vez que miras hacia la tierra>>. Tú mismo, ciertamente,
conoces muy bien el pecado y el mal andar de todo pecador y de toda
pecadora de la tierra y, con mayor razón, los llamas día y noche para
que regresen a tus manos, <<para que vuelvan a ser la gloria celestial,
la cual tu formaste en cada uno de ellos, en el día de su creación>>.
Y aunque el enemigo de tu verdad y de tu justicia infinita nos haya
hecho mucho daño, con el fin de destruir tu obra santa y perfecta en
cada uno de nosotros, pues eres poderoso para volvernos a tomar en tus
manos y sanarnos de los males del enemigo, <<para hacernos nuevas
criaturas para nuevas glorias de tu nombre muy santo>>. Pues para ti,
Padre Celestial de nuestra Gloria Celestial e Infinita, no hay nada
imposible en el cielo ni menos en la tierra, para ayudarnos y para
bendecirnos, <<para jamás volverte a acordar de nuestros pecados, ni
por un sólo instante más, por amor al nombre muy santo de tu Hijo
amado en nuestros corazones>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!
SEÑOR Todopoderoso ten piedad de nosotros y ayúdanos cada vez más,
porque el enemigo acecha siempre para hacernos daño, como en cada
momento de nuestras vidas; pues <<no dejes que las maldades antiguas de
las tinieblas de nuestros antepasados nos alcancen tampoco, para
hacernos daño o destruirnos>>, como los más viles pecadores del mundo
entero. Porque el pecado destruye el corazón, el alma y todo el cuerpo
del hombre y de la mujer también, como si fuésemos tus grandes
enemigos de toda la vida, como de entre las gentes de la maldad, por
ejemplo, que lo único que conocen en sus corazones perdidos son
tinieblas, <<únicamente para deshonrar tu nombre sagrado cada vez más
que antes>>.
Y nosotros no somos así, porque te amamos de verdad y sólo en la
justicia del cielo, Jesucristo; así pues somos nosotros, en nuestros
millares, como de los que aman y honran por siempre tu nombre muy
santo, <<para que nos bendigas a toda hora del día, como si fuésemos
uno más de tus ángeles y arcángeles del cielo, por ejemplo>>. Y te
pedimos que nos ayudes y nos bendigas cada vez más, para que jamás
falte ningún bien de tu palabra y de tu nombre sagrado en nuestras
vidas, porque el enemigo de nuestras almas no cesa jamás de acecharnos
para atarnos y destruirnos>>, como si les hayamos hecho alguna maldad a
él o a los suyos.
Te necesitamos Padre Celestial, Creador del cielo y de la tierra,
porque nuestros corazones y nuestros espíritus y cuerpos humanos <<sin
ti no podemos hacer nada bien>>; es por eso que te llamamos en oración
siempre, en el nombre de tu Hijo Santo, <<para que la presencia de tu
Espíritu Santo nos llene de tu gran poder celestial más que antes>>. Y
así poder librarnos de los males terribles de Satanás en nuestras
vidas y en la vida de cada uno de los nuestros en todos los lugares de
la tierra y sin que jamás ninguno de ellos pierda su gran bendición:
"Gracias a tu añorado Jesucristo, y a quien amamos profundamente en
nuestros corazones, hoy en día y como siempre".
Además, no dejes más que el enemigo de tu nombre muy santo y de tu
Espíritu Santo y de la obra sobrenatural de tu Hijo amado, sobre la
cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, nos siga haciendo
daño, <<como es ya su costumbre de día en día en toda la tierra>>.
Aleja, pues, el mal que nos esté agobiando nuestras vidas, desde hoy
mismo y para siempre, para gloria y para honra infinita de tu nombre
muy santo Padre Nuestro que estás en los cielos, <<como de costumbre e
incasablemente esperando por nuestro pronto retorno a tus lugares
gloriosos del más allá, para seguir amándonos como una sola familia
celestial e infinita>>.
Pues enriquece nuestros corazones y nuestras vidas, con mucho amor de
tu corazón muy sagrado, como ayer y como siempre con el Espíritu de tu
palabra y de tus bendiciones sobrenaturales, <<para que las gentes de
las naciones vean que sólo tú eres el Dios del cielo y de la tierra, y
que como tú no hay otro igual para amar infinitamente>>. Y no nos
entregues al mal de nuestros pecados e iniquidades, por amor a la vida
sagrada de tu Hijo amado, quien está sentado a tu diestra santa de tu
trono bendito en el cielo, para abogar por cada uno de nosotros, <<y
así no perdamos nuestras bendiciones jamás, en todos los días de
nuestras vidas en toda la tierra>>.
Aleja, pues, Dios amado del cielo, a Satanás y a sus ángeles caídos de
nuestras vidas cada día que te servimos en el poder sobrenatural de tu
amor y de tu espíritu de gracia y de misericordia infinita, <<para que
no tropecemos así jamás en ninguna de sus trampas antiguas y de
siempre, en las cuales muchos desdichados han caído atormentados>>.
Aleja, entonces, a Satanás y a sus enfermedades y males terribles de
nuestras vidas, para amarte mucho más que antes, <<como nuestro Señor
Jesucristo nos enseño a amarte sólo a ti, como el único Dios del cielo
y de toda la tierra>>, ¡el Todopoderoso de Israel y de las naciones,
eternamente y para siempre!
Ven a nosotros, Padre Celestial, no tardes más <<para que nos ames de
cerca como a tus ángeles o como a tu Árbol de la vida>>; desciende del
cielo pero sin jamás ver nuestros pecados, <<para que Satanás no haga
fiesta con nuestras vidas>>; ni tampoco diga él, ni ninguno de los
suyos: Ésta alma es nuestra victima para siempre. Cuando realmente es
que te amamos infinitamente, porque tu nombre santo ha llegado a
nuestras vidas con poderes del cielo, <<es cuando Satanás actúa así en
contra de nosotros con alevosía cruel>>, para que la bendición no
llegue a nosotros como es tu voluntad en el cielo, así pues en la
tierra, con cada uno de nosotros en el mundo entero.
Por ello, sólo tú nos puedes ayudar, pues en ti ésta el poder de hacer
las cosas, en la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas del mundo
entero, para librarlos con los poderes y autoridades sobrenaturales de
tu nombre sagrado, <<para que sean libres y siempre gozos en sus
corazones para vivir bien tu misma vida antigua, consagrada a
Jesucristo>>. Tu nombre muy santo desde la antigüedad y aún hasta
nuestros días <<vive en el cielo y en nuestros corazones también día y
noche y por siempre en la nueva eternidad venidera>>, pues claro está,
gracias a nuestro Salvador Jesucristo, para que las tinieblas de tus
enemigos antiguos no nos dañen más, como de costumbre, sino todo lo
contrario.
Para que sólo la luz de tu Árbol de la vida, nuestro Rey Mesías, el
Hijo de David, nos bendiga día y noche y sin cesar en esta vida y en
tu nueva vida infinita de tu Gran Jerusalén Santa y Gloriosa del
cielo; -Padre Eterno que estás en los cielos, -pues sólo a ti sea toda
gloria y honra infinitamente--. Es por eso que tus enemigos crueles nos
atacan incansablemente, <<para que la perfecta voluntad del Rey Mesías
no se haga una realidad absoluta en nuestras vidas, ni para que jamás
entremos a nuestros nuevos lugares eternos del cielo>>, para vivir con
nuestro Dios y con sus ángeles infinitos, como debió de ser así desde
el comienzo de las cosas.
Puesto que, la envía de Satanás y de su espíritu de error en contra de
nosotros es muy astuta y mañosa también a la vez, para poner siempre
piedras de tropiezos en nuestro diario vivir por la tierra, <<para que
jamás veamos la gloria de tu vida y de tu nombre santísimo en nuestros
corazones y en el nuevo reino celestial>>. Ciegamente, nuestros
enemigos no discrepan entre el joven o el viejo, el pequeño o el
grande, <<para hacerles el daño, sin piedad humana alguna en sus
corazones>>; pues tú mismos los ves desde el cielo como actúan siempre;
tú mismo conoces su manera de proceder en contra de todos nosotros
<<tus siervos y tus siervas, en toda la tierra>>.
Evidentemente, para tus enemigos eternos, todos tienen que ser
destruidos igualmente por sus mentiras y por sus manos violentas,
<<porque te hemos escogido para amarte por amor a tu nombre santo e
infinitamente milagro, en la tierra y así también en nuestras nuevas
vidas celestiales, como en el paraíso y como en La Nueva Jerusalén
Gloriosa e Inmortal del cielo>>. Y los enemigos de nuestras almas
infinitas saben muy bien en sus corazones oscurecidos por las
tinieblas de las mentiras de Satanás que te amamos de verdad, como tus
ángeles y hasta como tu mismo Árbol de vida, por ejemplo, <<para
servirte por siempre como nuestro único Dios y Fundador de nuestras
vidas, gracias a tu Hijo amado>>, ¡nuestro Salvador Jesucristo!
Si ayúdanos, oh SEÑOR Santo y Eterno de nuestras almas vivientes, por
amor a ti mismo, y no te olvides de nosotros jamás <<para regalarnos
más de tus muchas misericordias y de tu Espíritu de amor infinito en
nuestros corazones y en nuestros espíritus humanos, en nuestros
hogares y en toda la tierra también, para vivir siempre devotos de
ti>>. Bendícenos constantemente, Padre Celestial, por amor a la vida
sagrada de tu unigénito, para que vivamos y no muramos jamás, para que
nuestros pasos por la tierra sean siempre para bien, <<como de tu luz
bendita más brillante que el sol y aún mucho más brillante de la luz
del paraíso, también, para honrarte en todo momento ante los demás>>.
Porque nuestras almas tienen un sólo Dios, y éste Dios eres tú,
gracias a la vida y a la obra suprema de tu unigénito, el Árbol de la
vida, <<el cual dejo correr su sangre por su cuerpo santo y sobre los
árboles cruzados de Adán y Eva, para alcanzar la vida para tus hijos e
hijas de la humanidad entera>>. Y nuestro Creador tuvo que hacer que su
unigénito fuera clavado a los árboles secos y sin vida de Adán y Eva,
sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, <<porque
ellos no habían recibido aún de su sangre del pacto eterno en el
paraíso, para bendición, salud, prosperidad y vida eterna para la
humanidad entera>>.
Por otro lado, si Adán y Eva no recibían la sangre de la vida del
Árbol de la vida, nuestro Jesucristo, entonces <<era totalmente
imposible que sus descendientes la recibiesen en sus vidas también,
para perdón de pecados, sanidad de sus vidas y salvación infinita de
sus almas inmortales, en la tierra y así también en el paraíso,
eternamente y para siempre>>. Porque sólo por medio del Espíritu, de la
sangre del Árbol de la vida eterna, es que nuestro Padre Celestial no
solamente oye la oración del hombre en el paraíso, <<sino también las
oraciones, ruegos y suplicas de cada uno de sus hijos e hijas de todas
las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos del mundo
entero>>.
Y sin el Espíritu de la sangre y de la vida sagrada de su Árbol de
vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces <<nuestro Padre Celestial
jamás podrá oír ni menos responder a ninguna oración>> de ningún
pecador ni de ninguna pecadora de la humanidad entera, para librarlo
de sus males agobiantes, y así llenarlo diariamente de vida y de salud
eterna. Y esto es verdad, hoy en día, como lo fue en la antigüedad,
comenzando con Adán y Eva en el paraíso o con sus hijos en la tierra,
por ejemplo, aunque ellos mismos fueron creados primeramente santos en
el paraíso, <<pero si Jesucristo no es en sus corazones entonces
nuestro Dios no podía hacer ningún bien jamás por la humanidad
entera>>.
Puesto que, nuestro Padre Celestial ama la verdad y la justicia
infinita del Espíritu de la sangre y de la vida de su unigénito,
<<porque es el fruto de la vida para todo hombre, mujer, niño y niña en
la tierra y así también en su nueva vida infinita de su Gran Jerusalén
Santa y Bendita del cielo>>. Porque, de otra manera, no podrá haber
amor ni menos comunicación santa y perfecta entre el hombre de la
tierra y nuestro Padre Celestial, su Espíritu Santo y su Árbol de la
vida eterna, nuestro Salvador Jesucristo, que están en los cielos, por
ejemplo.
Ciertamente, nuestro Dios tiene poderes y autoridades increíbles en el
Espíritu de la sangre y del nombre ungido de su unigénito, nuestro
gran Rey Mesías, para perdonarnos y colmarnos de muchas y muy ricas
bendiciones de salud, paz, prosperidad y muchos milagros más de la
nueva vida del cielo, <<para nosotros gozarlos siempre a partir de
ahora, si sólo le somos fieles>>. Pero para que esto suceda en nuestros
corazones y en nuestras vidas de nuestro diario vivir por toda la
tierra, entonces tenemos que deshacernos de nuestros pecados, cuanto
antes mejor, porque mañana será un día diferente para hacer nuevas
cosas en nuestras vidas, <<como alcanzar nuevas glorias y honras para
nuestro Dios Eterno en la vida de muchos, por ejemplo>>.
Y la única manera que podemos deshacernos de nuestros males eternos,
desde hora mismo, no va a ser jamás con los ídolos e imágenes de
siempre, <<sino con tan sólo creer en nuestros corazones y confesar con
nuestros labios: La Salvación Infinita del Paraíso>>, ¡nuestro Árbol de
la vida, nuestro Salvador Jesucristo! Por ello, te adoramos Padre
Celestial <<por tu gran amor y por tu gran fidelidad no sólo hacia Adán
y Eva sino también hacia cada uno de nosotros, en nuestros millares,
hoy en día>>, de los cuales somos sus descendientes directos de su
linaje humano del paraíso y en todos los lugares de la tierra,
también, eternamente y para siempre.
Dios Grande y Todopoderoso <<nunca nos dejes de amar>>, para que no te
sorprendas de nuestros pecados y así no nos castigues por nuestras
culpas, por nuestros defectos, por nuestras muchas ofensas hacia ti y
hacia tu unigénito, nuestra única esperanza de vida y de salud del
paraíso en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y Impecable del
cielo. Te amamos Padre Celestial en nuestros corazones a pesar de la
presencia terrible de las hondas tinieblas de nuestros pecados y de
las continuas mentiras de Satanás en nuestro diario vivir en la
tierra, <<porque sólo tú eres santo en nuestras vidas terrenales y así
también en nuestras nuevas vidas infinitas, de tu nuevo reino
celestial y colosal del cielo>>.
Adonde sólo el Espíritu de nuestra verdad y de nuestra justicia
reinara en nuestros corazones y en nuestros nuevos largos días de tu
nuevo mundo eternal, pues, ¡gracias a tu amor eterno!, lleno por
siempre de los ricos frutos del Árbol Salvador, <<para saciar nuestra
hambre y apagar nuestra sed por ti, Dios de nuestras almas regeneradas
por tu sangre sagrada>>. Entonces <<te amamos como nunca antes Señor
Jesucristo>>, porque sólo tú eres nuestro Rey Eterno, sólo tú eres
nuestro Salvador Perfecto, sólo tú eres nuestro Remedio ideal de
nuestras enfermedades y dolencias, en la tierra y así también en la
nueva vida infinita de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo,
eternamente y para siempre.
Y nos perdonas ahora mismo, si tan sólo levantamos nuestras oraciones
y nuestras manos hacia ti, que estás en los cielos, para recibirnos
cada día como a uno más de tus ángeles fieles, <<porque el Espíritu
Sagrado de tu Árbol de la vida ha entrado en nuestros corazones para
hacernos libres, de las tinieblas de Satanás, sólo con tu fe
milagrosa>>. Ciertamente, <<los arcángeles no conocen a uno mayor que
nuestro Redentor, en poder y en gloria infinita>>, para redimir al
hombre, a la mujer, al niño y a la niña de las tinieblas de Satanás y
de sus ángeles caídos, también, como de las manos violentas y de los
corazones perdidos de las gentes de la mentira y de la muerte eterna.
Por ello, te damos gloria y honra día y noche en nuestros corazones,
para que jamás te olvides de nosotros, sino que infinitamente nos
ayudes y nos suplas tus más ricas y gloriosas bendiciones de tu
Espíritu y de tu Árbol de la vida, <<porque los necesitamos sin cesar
jamás para vivir únicamente por ti, como es normal en el cielo>>. Pues
mira siempre sólo a nuestro Salvador Jesucristo cada vez que nos veas
Padre Eterno a cada uno de nosotros desde tu morada sagrada del cielo,
como desde tu altar santo, como desde tu trono glorioso, <<para que así
ya no veas más nuestros pecados de siempre, sino sólo la grandeza de
la sangre expiatoria de tu unigénito>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque si verdaderamente llegases a ver nuestros pecados Padre
Celestial por tan sólo unos momentos, entonces seriamos historia en la
tierra, desde ya hace mucho tiempo, <<como el mundo de Noe o como las
ciudades antiguas de Sodoma y Gomorra, que fueron gloria de la tierra
en sus días, pero hoy son cenizas por culpa de sus pecados
imperdonables hacia tu Jesucristo>>. Ciertamente, tú mismo conoces mis
distracciones, y mis pecados no se escapan de ti jamás, dígnate
librarme de mis tinieblas y de las tinieblas de mis antepasados, <<por
amor al Espíritu de la sangre y de la vida de tu gran rey Mesías,
¡nuestro Señor Jesucristo!, para por siempre conocer el bien de mis
días, sin perderme nada jamás>>.
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
Perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'
"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".
CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx
http://radioalerta.com
.
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