(IVÁN): CONOCER A JESUCRISTO ES VIVIR INTACHABLEMENTE LA LEY DE DIOS




Sábado, 01 de diciembre, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

(Felices días de fiesta a todo Quito 2007, capital de los
ecuatorianos.

También, damos gracias a nuestro Padre Celestial por la instalación en
Montecristi (ciudad del Gen. Eloy Alfaro), Manabí, de la nueva
Asamblea Nacional Constituyente del Ecuador. Esperamos que sea de
mucho bien para todos y para mal de nadie en cada una de sus
funciones, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, le rogamos a
nuestro Padre Celestial por su bendición y por la llenura de su
Espíritu de vida y de salud eterna en cada momento de sus servicios
cordiales a los pueblos ecuatorianos. ¡Amén!)


CONOCER A JESUCRISTO ES VIVIR INTACHABLEMENTE LA LEY DE DIOS:

Y aun más: <<Ciertamente considero como sin valor alguno lo material y
lo perecedero de nuestras vidas, en comparación con lo incomparable y
con lo glorioso que es conocer a nuestro Señor Jesucristo>>, en
nuestros corazones y en nuestro diario vivir en la tierra y en el
paraíso, también, ¡el único Árbol de vida posible de nuestro linaje
humano! Por su causa justa y por amor a su nombre muy santo, <<camino
en su vida, en su derecho y en su justicia celestial>>, por las cuales
Dios mismos llamo a Adán a caminar todos los días de su vida en el
paraíso, para no ofenderlo a él jamás, ni a ninguna palabra, letra o
tilde de su Ley Santísima.

Es por eso, que amo <<el fruto del Árbol de la vida eterna, su comida y
su bebida espiritual>>, a fin de ganar el amor de nuestro Dios y de su
Espíritu Santísimo, en esta vida y en la venidera, también, tal como
Adán debió de haberlo hecho así en su corazón en sus días de vida del
paraíso, por ejemplo. Porque <<éste llamado que nuestro Dios le hizo a
Adán, por ejemplo, <<fue para que él lo amase y así entonces lo pudiese
conocer desde ahora y en la nueva eternidad venidera>>, tal como su
Jesucristo siempre le ha conocido a Él, desde siempre, para que viva
infinitamente feliz con Él, ¡su único Dios y Fundador de su vida
eterna!

Por ello, el llamado que nuestro Padre Celestial le hizo a Adán para
que se acercase y comise de su Hijo amado y de su Espíritu de vida
eterna <<aún está en vigencia por inicio paradisíaco, en el corazón y
en la vida de cada uno de sus descendientes>>. Y esto es, realmente,
como fue en los días de la antigüedad pues así también hoy mismo,
<<como con cada hombre, mujer, niño y niña de todas las razas,
familias, tribus, linajes, pueblos y reinos de la tierra, de acercarse
a Jesucristo, en su espíritu de fe y de oración, para comer y para
beber exclusivamente de su vida eterna>>.

Porque <<la vida eterna se come y se bebe, delante de Dios y de su
Espíritu Santo, únicamente del Árbol de la vida>>, como en la
antigüedad del paraíso, por ejemplo, es decir, que <<desde entonces acá
nada ha cambiado para nuestro Dios y para su Ley Santa, pues todos
tienen que comer de su Hijo para vivir>>. Como en el principio de todas
las cosas, en la vida del hombre de toda la tierra, <<el Árbol de la
vida se encontraba en su lugar de siempre, en el epicentro del
paraíso, para que el hombre y así también como todos los ángeles,
arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos del cielo:
coman y beban de Él, perennemente>>.

Pero como Satanás entro en el paraíso, sin el permiso de nadie, ni
menos de Dios, entonces muchas cosas cambiaron en el hombre, <<cuando
su corazón creyó en su presencia y en sus mentiras terribles, dichas
en contra de Dios y de su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque Satanás se acerco a Adán por medio de la serpiente antigua y de
Eva, su esposa, <<para engañarlo terriblemente y, además, porque no
quería arrodillarse delante de él, ya que Adán había sido formado en
las manos de Dios, en su imagen y conforme a su semejanza celestial,
por lo tanto, el hombre es, por inicio, superior a Satanás>>.

Por lo cual, <<Satanás no quería humillarse más, de lo que ya había
sido humillado antes, por haberse rebelado en contra de Dios y de su
Hijo santo en el cielo y delante de las huestes celestiales>>, lo cual
le costo ser descalificado como arcángel predilecto de Dios y de su
nombre muy santo en el cielo. Porque la verdad, en aquellos días, de
la vida del hombre en el paraíso, <<era que Satanás tenia que doblar
sus rodillas ante la presencia no solamente de Dios y de su Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo, sino que también delante de Adán y de
cada uno de sus descendientes, en sus millares, en toda la creación>>.
(Esto es algo que los ángeles del cielo lo sabían muy bien en sus
corazones, para honrar y para exaltar la gloria de la obra perfecta de
las manos de nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo y de su
Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!)

Por tanto, esto era sumamente humillante para Satanás, por lo cual,
<<siempre se sentía mucho más humillado que antes en su corazón perdido
y en todo su espíritu inicuo, también>>, al pensar que tenia que doblar
sus rodillas delante de Adán y de cada uno de todos sus hijos e hijas
de su linaje humano. Pero si Satanás lograba hacer que Adán creyese en
sus mentiras, entonces <<ya no tenia que doblar sus rodillas delante de
él, ni de ninguno de sus hijos e hijas, en el paraíso, ni en ningún
otro lugar de la creación de Dios, como en la tierra, de nuestros
días, por ejemplo>>. (Y esta era una victoria que Satanás siempre busco
en contra de Dios y de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo; y como
no la hallo jamás en ellos, pero sin embargo, sí en Adán en el paraíso
y con su descendencia humana, en la tierra con todo pecador y con toda
pecadora, también.)

Entonces para mal de todos, como conocemos muy bien la historia de
Adán y Eva en el paraíso y, además, como ellos mismos creyeron
erróneamente a las mentiras de Satanás, pues, <<ya Satanás no tiene que
humillarse delante del hombre, porque no comió de su fruto de vida
eterna, sino del fruto prohibido del bien y del mal>>. Y es por esta
razón, que <<Satanás ya no tiene que doblar sus rodillas delante del
hombre, como lo tenia que hacer en el reino celestial y en el paraíso,
por ejemplo, para gloria y para honra infinita de nuestro Padre
Celestial, de su Espíritu Santo y de su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Y desde entonces acá es que Adán peca en contra de Dios y de su Árbol
de vida; pues, desdichadamente <<el hombre comenzó a doblar sus
rodillas a todas las imágenes e ídolos terribles de Satanás, para mal
de su vida y de los suyos, también, en todos los días de su vida por
la tierra y del más allá, igual>>. Y es por esta razón, que <<nuestro
Padre Celestial es ofendido cada vez que el hombre, mujer, niño o
niña, en su reverencia equivocada dobla sus rodillas ante imágenes e
ídolos de talla, que ofenden al Espíritu de los Diez Mandamientos
Eternos de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Pero nuestro Dios por amor no sólo a Adán, sino también a cada uno de
nosotros, en todos los lugares de la tierra, comenzando con Israel,
por ejemplo, <<ha hecho que su Árbol de vida eterna derrame de su fruto
de vida en las afueras de Jerusalén>>, para que todo aquel que lo ve a
él, pues encuentre su vida eterna. Es decir, para que ninguno de ellos
<<ya no se arrodille más ante imágenes, ni ante ídolos de talla,
incumpliendo así la Ley de Dios y de Moisés, sino que sus rodillas se
doblen día y noche ante el Dios y fundador eterno de su nueva vida
infinita del nuevo reino celestial>>, ¡nuestro Señor Jesucristo!

SI COMER DEL FRUTO PROHIBIDO OFENDE A MI DIOS, PUES, NO COMERÉ DE ÉL
JAMÁS

Por lo que, <<sí la comida del árbol de la ciencia del bien y del mal
es para mi Padre Celestial razón para alejarse de mí, pues, yo jamás
comeré de su fruto prohibido>>, para no poner tropiezo a mi vida, ni a
mi Dios, en ningún momento de mi existencia en la tierra. Sólo haré en
mi vida, <<únicamente lo que él mismo le mando a Adán a hacer en sus
días de vida en el paraíso, para que viva para él y más no para que se
aleje de él y de su vida muy santa del cielo>>, por ejemplo.

Y esto es, hoy mismo, <<de comer y de beber diariamente, como si yo
mismo fuese el primer hombre del paraíso, como Adán, por ejemplo, para
obedecer al mandato celestial de mi Dios y de su Ley Divina (de comer
sólo de su Hijo amado), para alimentar mi corazón, mi espíritu y mi
alma eternalmente>>, para la nueva eternidad celestial. Y esto es para
no morir jamás, ni alejarme de mi Dios, ni de la gloria infinita de su
nueva vida santísima, sino que <<viviré para él y para su Ley
Bendita>> (la Ley Eterna de Moisés y de su gran rey Mesías, ¡nuestro
único posible Señor y salvador de nuestras vidas!, nuestro Señor
Jesucristo).

Porque fuera de nuestro Señor Jesucristo <<no existió otro igual jamás,
en el cielo ni en la tierra, para honrar y para cumplir el Espíritu de
la Ley de nuestro Padre Celestial y de su nueva vida infinita, de la
gran Jerusalén del cielo>>. Pues así deben de ser todos los hombres de
la tierra: <<Como nuestro Señor Jesucristo o como Moisés, por ejemplo,
humildes delante de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo:
porque el Espíritu de la Ley Eterna estaba centrado en sus corazones y
en sus espíritus vivientes, para obedecer a Dios y a su Espíritu Santo
a toda costa>>.

En vista de que, <<eso mismo fue lo que transformo a Moisés en un buen
siervo de Dios y de su Cordero Escogido, para librar a Israel de las
profundas tinieblas de sus enemigos eternos del más allá y de la
tierra, también, como Egipto de la antigüedad, por ejemplo>>. Porque
Moisés había hecho que su corazón sólo camine en el Espíritu de la Ley
Eterna, por lo tanto, <<el Espíritu del Mesías estaba en él para hacer
todo lo que nuestro Padre Celestial le ordenase hacer, para bien de
Israel y de la humanidad entera y hasta tocar tu vida misma, como hoy
mismo, por ejemplo, mi estimado hermano>>.

Y fue precisamente <<esto lo que hizo a Moisés grande, delante de Dios
y de sus hermanos en Israel, su fe infinita centrada en el Cordero
Escogido de Dios>>, ¡nuestro Señor Jesucristo del ayer, de hoy y de
siempre! Consecutivamente, nuestro Dios le aseguraba a los israelíes,
de que entre ellos mismo, <<Él iba a levantar a alguien igual a Moisés,
el Mesías, el único salvador posible de sus vidas en la tierra y así
también del cielo>>, como en el paraíso o como en La Nueva Jerusalén
Prometida (la cual fluye con leche y miel para sus nuevas vidas
eternales).

En realidad, nuestro Padre Celestial les estaba diciendo a los
israelíes y así también a todos los hombres, mujeres, niños y niñas de
la humanidad entera, <<de que todo aquel que cree en el Espíritu de la
Ley, entonces el Espíritu del Mesías, nuestro Cristo, está en su
corazón, en su espíritu y en su cuerpo humano>>, para siempre. Y esto
es realmente <<para obedecer y para hacer siempre bien todas las cosas
concerniente a la vida del hombre de toda la tierra, para gloria y
honra infinita de nuestro Padre Celestial que está en los cielos y
para nuevas bendiciones eternales de su nueva humanidad infinita del
nuevo reino celestial, por ejemplo>>.

Por ello, <<todo aquel que recibe y cree así siempre en el Espíritu de
la Ley de Dios, entonces realmente está recibiendo el Espíritu del
gran rey Mesías de Israel y de la humanidad entera>>, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, para seguir viviendo en la tierra, en el paraíso o en La
Nueva Jerusalén del cielo, y más no para morir jamás. Pues esto fue
precisamente lo que sucedió con Moisés, <<cuando él mismo subió al
Sinaí, y sobre el Sinaí nuestro Padre Celestial le hablo a él de su
Hijo amado, nuestro salvador Jesucristo y así entonces lo acepto en su
corazón>>, para obedecer a su único Dios y Fundador de Israel y de la
humanidad entera, para siempre.

(Porque sin la enseñanza del Espíritu de la Ley Eternal y del Espíritu
del Mesías primero entonces le hubiese sido totalmente imposible para
Moisés, así como le fue imposible a Adán y a Eva, por ejemplo, en
recibir y en comer a la vez, del fruto de vida eterna, nuestro Señor
Jesucristo, para obedecer por siempre a nuestro Dios Eterno. Porque
sin el Espíritu de la Ley de Dios y del Espíritu de nuestro gran rey
Mesías primero en el corazón del hombre, entonces le es totalmente
imposible a todo hombre y a toda mujer de la tierra en creer y en
obedecer a su Dios y Fundador de su vida, en esta vida y en el
paraíso, también, para siempre.)

Así pues, Moisés pudo bajar del Sinaí con las Tablas de la Ley en sus
manos, para entregárselas a Israel y a la humanidad entera por vez
primera, <<para que el conocimiento del Espíritu y de la vida perfecta
del Mesías comience ya en cada uno de todos ellos, para entrar desde
ya a la nueva eternidad venidera. Realmente, <<Moisés se negó a si
mismo, como ningún hombre en el paraíso como Adán, ni como ningún
pecador de la tierra>>, para recibir fielmente en su vida: <<el Espíritu
del gran rey Mesías, para que entonces nuestro Padre Celestial poder
entregarle su palabra viva y sumamente santa>>, ¡la Ley de la vida
santa y eterna del nuevo reino celestial!

Porque <<es el Espíritu de la Ley de nuestro Dios y de su Árbol de vida
eterna, el cual nos llena de su mismo Espíritu Celestial (y no otro)
día y noche para recibir el fruto de la vida eterna, a nuestro gran
rey Mesías>>, el único salvador de nuestras almas eternales, ¡nuestro
Señor Jesucristo! Entonces todos nosotros, sin dejar a nadie fuera de
esta gran bendición del cielo, <<estamos llamados a comer de Dios y de
su Árbol de la vida, para no ofender a nuestro Dios jamás, ni a
ninguna de sus palabras o preceptos eternos de la Ley Sagrada de la
nueva vida eterna, como en la de La Nueva Jerusalén Celestial.

Es decir, también de que si yo al comer carne le es tropiezo a uno de
mis hermanos, por razones personales de él mismo, <<entonces no comeré
carne delante de él, para que mi hermano no se disguste conmigo jamás,
sino que comeré del bien de la tierra>>, de lo que él coma. En otras
palabras, <<tengo que ser y vivir como nuestro Señor Jesucristo, quien
siendo Rey del cielo e Hijo único del Altísimo, no se jacto de ello
jamás, en ningún momento de su vida mesiánica por Israel, sino que fue
humilde en el trato para con sus discípulos y para con el resto de los
hombres de la humanidad entera>>.

Y es, precisamente, esto lo que Dios desea que cada uno de nosotros
demostremos delante de Él, de su Espíritu Santo y de sus huestes
angelicales y de los hombres de toda la tierra, también: <<al recibir
en nuestros corazones y en nuestras vidas el Espíritu de su Ley
Viviente, a su Hijo amado>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque es
necesario que <<nosotros andemos siempre delante de él y de su
Espíritu, en el Espíritu humilde de su Ley Santísima, es decir, en
vivir y en andar por la tierra, en el Espíritu glorioso y sumamente
honrado de su Ley Santa>>, ¡el Espíritu del Árbol de la vida!, tal como
Adán fue llamado para caminar en el cielo.

Porque así como el Espíritu de nuestro gran rey Mesías es humilde,
pues así también nuestro Padre Celestial, su Espíritu Santo y sus
millares de ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres
santos del cielo, por ejemplo, son también humildes infinitamente.
Entonces si vamos a ser humildes como nuestro Padre Celestial, como su
Espíritu Santo, como su Hijo amado y como cada uno de sus santos
ángeles, pues <<tenemos que estar llenos del Espíritu de la Ley de Dios
y de nuestra gran salvación infinita día y noche y por siempre en la
nueva eternidad venidera, del nuevo reino celestial>>.

Y esto ha de ser, realmente, en cada uno de nosotros, en nuestros
millares, en Israel y en todas las demás familias, razas, pueblos,
ciudades, linajes, tribus y reino de la tierra, <<de la misma manera
que Moisés y muchos más estuvieron llenos del Espíritu de la Ley, para
agradar a nuestro Padre Celestial en todo momento de sus vidas>>.
Porque objetivamente <<es la llenura del Espíritu de la Ley de Dios, el
cual realmente nos da día y noche a nuestro gran rey Mesías, nuestro
único salvador eterno, para que entre en nuestros corazones y en
nuestras vidas>>, de la misma manera que entro en Moisés sobre el Sinaí
y en muchos más en la antigüedad y por siempre.

LOS PESCADORES LO DEJARON TODO, PARA SEGUIR A JESUCRISTO

En aquellos días, las gentes se aglomeraban por todos los lugares de
Israel, <<para oír al Señor Jesucristo hablar de nuestro Padre
Celestial y del Espíritu de su Ley Muy Santa, por cierto, para sus
corazones y para sus almas vivientes>>. Porque para ellos oír de la
palabra de Dios y de su Ley Bendita <<era una delicia infinita en sus
corazones y en sus almas eternas, como hoy en día, también, por
ejemplo, en Israel y en todas las naciones; dado que, la Ley Cumplida
de nuestro Dios sana el corazón y el alma del hombre del poder
terrible del pecado>>.

Pues bien, para nuestro Señor Jesucristo poder ser oído por todos
ellos de sus palabras y de lo que nuestro Dios tenia que decirles a
ellos mismos y a sus hijos y para muchas generaciones venideras,
entonces <<se monto en la barca de los pescadores de la ría de las
aldeas, por donde andaba predicando del Espíritu de la Ley Perfecta>>.
Y nuestro Señor Jesucristo hizo todo esto muy inusual para él, por
cierto, <<porque nuestro Dios deseaba hablarles a todos, sin que falte
ninguno de ellos a su bendición de perdón, de salud y de salvación
infinita para sus corazones, para sus almas vivientes y para los
suyos, también>>, como de los que están cerca o en tierras lejanas.

Porque cuando el Mesías vino a Israel con la palabra del cumplimiento
de la Ley Divina y de sus muchas promesas de amor, de paz, de vida y
de salud infinita para fin del pecado en la vida del hombre, <<no sólo
era para Israel de Canaán, sino también para el Israel antiguo que
está disperso entre las naciones, por ejemplo>>. Por lo tanto, el
cumplimiento del Espíritu de la Ley de Dios y de Moisés es para todos
y en todas las naciones, <<sin que falte ningún hombre, mujer, niño o
niña a la bendición perfecta de amor y de perdón de nuestro Padre
Celestial y de su Espíritu Santo, en su corazón y en toda su alma
infinita, también>>.

Por ello, en aquellos días, <<los pescadores israelíes recibieron al
Señor Jesucristo en sus barcas, para alejarse de la orilla del río>>,
pero no muy lejos de las gentes amotinadas y, a la vez, listas para
oírle hablar atentamente del Espíritu de su palabra y de la Ley Divina
de Dios y de Moisés>>, como de costumbre, por ejemplo. Entonces
<<estando ya en el lugar del río y no muy lejos de la orilla y de las
gentes, pues les hablaba de buena gana y con mucho amor en su
corazón>>, para que entiendan en sus espíritus eternos, que el Espíritu
de la Ley de nuestro Padre Celestial es real y verdadero para con
todos ellos y continuamente.

Para que sus corazones y para que sus cuerpos sean sanados de sus
males y así pues entonces puedan servirle a su Dios y Fundador de sus
vidas, <<únicamente en la manera que Dios mismo deseaba que le
sirviesen a él, en el poder sobrenatural del Espíritu de la Ley y de
su gran rey Mesías, su Hijo>>, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque <<ésta
es realmente la manera y en el Espíritu de la palabra y de la Ley de
nuestro Dios, por el cual todos los ángeles del cielo siempre le han
servido a él>>, desde los primeros días de la antigüedad y hasta
siempre, por ejemplo, <<para que todo sea paz y gloria infinita en sus
vidas del cielo>>.

Pues entonces, por la misma razón, <<nuestro Padre Celestial deseaba
ver a todo hombre, mujer, niño y niña de la tierra, hacer lo mismo que
los ángeles del cielo, <<con sólo creer en el Espíritu de su Ley y de
su gran rey Mesías, nuestro Señor Jesucristo, en sus corazones y en
sus espíritus humanos, para gloria de su nombre santísimo>>. Y la gente
le oída de buena gana y con mucho amor en sus corazones, también, <<por
el poder sobrenatural del amor infinito del Espíritu de la palabra y
de la Ley de Moisés y de la nueva vida celestial del nuevo reino
venidero, que salía de su corazón y de sus labios sagrados para bien
eterno de todos ellos>>.

Y sentado desde la barca, nuestro Señor Jesucristo no sólo predicaba
su palabra de siempre para las gentes de Israel sino para los gentiles
también, como de los pueblos cercanos y hasta como de los pueblos
lejanos de Israel, por ejemplo: <<porque para ellos también es el
Espíritu de la palabra de la Ley y del Mesías Redentor del cielo>>. Y
todos ellos eran sanados de sus males y hasta sus familiares en sus
hogares de tierras lejanas también, por ejemplo: <<pues, eran sanados
de sus males, igual que los demás, como de los que habían recibido en
sus corazones y en sus espíritus humanos del Espíritu de la palabra y
de la Ley de nuestro Padre Celestial>>, ¡nuestro Jesucristo!

Y nuestro Padre Celestial manifestaba estas grandes verdades de
misericordia y de su Espíritu de gracia y de amor infinito a todos
ellos, <<porque Él tenia un deseo profundo en su corazón por los
pueblos de la tierra, para que ellos también entiendan que los ama
igual>>: como siempre ha amado a sus hijos e hijas de Israel, por
ejemplo. Es decir, que nuestro Padre Celestial deseaba manifestar del
Espíritu de su amor y de su Ley Bendita a todos los pueblos del mundo
entero, comenzando con Israel, por ejemplo, <<para que todos se den
cuenta que su amor y su salvación infinita son también para ellos y
para su nueva eternidad venidera>>.

En otras palabras, que el Espíritu de la palabra y de la Ley Viviente
<<no sólo tiene poder para sanar y para dar milagros y vida en
abundancia en Israel sino también en el resto del mundo entero, para
gloria y para honra infinita de su nombre santísimo, viviendo desde
siempre, en el corazón de su Mesías Celestial>>, ¡su Jesucristo! Y la
gente, después de haberlo oído hablar del Espíritu de la Ley de
nuestro Padre Celestial y de su nueva vida infinita, para Israel y
para las naciones, entonces <<no se cansaban de Él, ni de sus palabras,
ni de sus milagros, sino que querían seguir oyéndole hablar de su Dios
y del Espíritu de su Ley Eterna, también>>.

Pero nuestro Señor Jesucristo tenia que hacer una pausa con ellos,
para entonces poder seguir su camino trazado por Dios en Israel: <<para
alcanzar a otras gentes de otras aldeas y de otros pueblos de las
naciones, para entregarles del mismo Espíritu de la palabra de vida
eterna, de la Ley de su Dios y Fundador de sus nuevas vidas
infinitas>>. Pues entonces, después de sacar las barcas del río a la
orilla de la tierra, <<los pescadores lo dejaron todo y le siguieron al
Señor Jesucristo, por donde sea que fuese por las aldeas de la tierra
de Israel, para seguir predicando del Espíritu Cumplido de la Ley de
Dios y de Moisés, por ejemplo, para bien de muchos>>.

Pues ellos mismos habían sido tomados por el poder sobrenatural del
Espíritu Bendito de la Ley de Dios y del gran rey Mesías de sus vidas,
para seguir haciendo de la obra de nuestro Dios: <<una nueva realidad
infinita en la vida de muchos, por la cual Dios mismo los había
llamado en su Jesucristo, en el comienzo de sus vidas>>. Además, éste
era el mismo Espíritu de la Ley de Dios obrando en los corazones y en
las vidas de los hombres de Israel, <<para hacer la voluntad perfecta
de nuestro Padre Celestial a como de lugar en la vida de todos en
Israel, sin que falte nadie o que nadie pierda su bendición del cielo,
para su alma eternal>>.

Y esto era realmente, en aquellos días, como lo es hoy en día,
también, en todos los lugares del mundo entero, por ejemplo, <<de
llamar al pecador y a la pecadora al arrepentimiento total de su
corazón, para salvar su alma eterna del castigo, de la perdición y del
poder terrible del infierno y del lago de fuego>>. Puesto que, nuestro
Señor Jesucristo había impartido el Espíritu Santo de la Ley de Dios y
de Moisés, en sus corazones, <<para que comiencen a hablarle a los
corazones y a las almas eternas de Israel, de la venida del nuevo
reino del SEÑOR al mundo, para empezar desde ya su nueva vida infinita
en todos ellos>>.

Y la gente se maravilla de sus palabras y de las palabras de sus
partidarios, también, por donde Dios mismo los llevaba, en el poder de
su Espíritu, <<ha predicar del Espíritu de la Ley Viviente, para que
los males salgan de sus cuerpos y sean sanados para la nueva vida
infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo>>. Realmente,
esto era la gloria del Espíritu de la Ley de Dios regándose por toda
la tierra, comenzando en la tierra de Israel, <<tal como nuestro Padre
Celestial se los había prometido a los israelíes antes de liberarlos
de la casa de su cautiverio de la antigüedad, por ejemplo, en
Egipto>>.

Y todo aquel que oía el Espíritu de la palabra viviente de nuestro
gran rey Mesías y de sus discípulos fieles a él y al nombre muy santo
de nuestro Dios, entonces <<lo dejaban todo atrás en sus vidas, como
negándose a si mismos del mundo, para seguir el camino de la verdad y
de la nueva vida infinita del cielo>>. Porque todos en Israel, en
aquellos días, <<esperaban ansiosamente la venida del Mesías y del
nuevo reino de nuestro Dios, según lo prometido a los patriarcas de
Israel, como a Abraham, como a Moisés, como a David y asimismo como a
muchos más, como tú mismo hoy en día, mi estimado hermano y mi
estimada hermana, por ejemplo>>.

Puesto que, todos los que viven en el Espíritu del Mesías en esta vida
y en la venidera, también, <<realmente han de vivir sus vidas
intachables y libres de toda condena eterna de la Ley de Dios y de
Moisés en sus vidas espirituales y corporales de la tierra y del
cielo, también>>. Porque <<sólo Jesucristo nació del vientre virgen de
la hija de David, para vivir y para cumplir el Espíritu de la Ley
Viviente de Dios y de Moisés, en su vida y en la vida de cada hombre,
mujer, niño y niña de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva
sobre el madero del monte alto, la roca eterna, naturalmente.

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, por la eternidad.


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