SABE HABLAR PERO NO ESCUCHA, SABE ESCRIBIR PERO NO ENTIENDE.......:)



http://www.noticias24.com/actualidad/?p=9788 es una criatura muy
agresiva que aterra a propios y extraños"
04:25 PM | 18 NOV 2007

"Chávez pertenece a una especie que no aprende ni con un tutor
real. Sabe hablar, pero no escucha ni calla. Sabe leer, pero no
entiende. Es una criatura muy agresiva que aterra a propios y extraños
y se impone con aullidos, golpes de pecho, y la exhibición permanente
de los colmillos". Lo dice hoy Carlos Alberto Montaner en su columna de
"El Nuevo Herald".
Esta es su columna completa:
José Maréa Aznar pensó que Chávez era educable y le regalo un
libro demoledor sobre Cuba: Trilogía sucia de La Habana de Pedro Juan
Gutiérrez. En una prosa salvaje, como de tatuaje en el escroto, el
autor describía una realidad nauseabunda que nada tenía que ver con
las fantasías revolucionarias. La pobre isla estaba más cerca de las
alcantarillas llenas de ratas que del paraíso del proletariado.
Chávez seguramente no entendería un sutil análisis político,
pero un escabroso relato escrito con testosterona tal vez estaba a su
alcance. Esto sucedió en 1999, poco antes de la Cumbre Iberoamericana
de La Habana. Aznar llevaba tres años al frente del gobierno español
y Chávez acababa de ser elegido. Entonces parecía que, con un poco
de paciencia, se le podían enseñar algunos trucos democráticos y
ciertos modales de salón para que se comportara como una criatura
razonable capaz de compartir con sus colegas sin temor a que les lanzara
un mordisco. Pero el plan no funcionó. El venezolano pertenecía a
una especie que no aprende ni con un tutor real.
Sabe hablar, pero no escucha ni calla. Sabe leer, pero no entiende. Es
una criatura muy agresiva que aterra a propios y extraños y se impone
con aullidos, golpes de pecho, y la exhibición permanente de los
colmillos. Eso se llama "gobernar por intimidación" y es un rasgo
típico de ciertos primates de Borneo y de algunos homínidos de la
cuenca del Caribe. Esa conducta, además, trae aparejada una valiosa
recompensa emocional: despierta la atención general y convierte al que
la ejecuta en un vistoso foco de atracción. Si uno accede al podio de
Naciones Unidas y pronuncia el millonésimo discurso sobre la
conveniencia de preservar la paz y alimentar a los pobres, no hay forma
humana de aparecer en el New York Times. Eso se logra, en cambio,
declarando que el diabólico George W. Bush dejó una perceptible
fetidez a azufre cuando pasó por la tribuna previamente. Es cierto que
la mefistofélica referencia no contenía ningún elemento
interesante, pero el objetivo no era hacer un aporte al debate
político racional, sino salir en los papeles a cualquier precio.
La cosa, pues, es llamar la atención mediante una mueca desmesurada,
unos zapatones y una narizota colorada. Ahi coinciden dos elementos
típicos de la personalidad narcisista: el exhibicionismo y el
histrionismo. El Narciso siente la urgencia de que lo admiren y para
lograrlo se exhibe en una postura llamativa. Hitler, Mussolini, Nikita
Jrushov e Idi Amán fueron así. Todavía lo son Fidel Castro,
Gadhaffi y Kim Jong-il. Son gentes que han confundido la realidad con la
pista de un circo y disfrutan sin pausa las risas y los aplausos de sus
subordinados, refuerzos positivos que incrementan constantemente el
número y la intensidad de sus peores comportamientos: "¿viste como
el jefe acabó con ellos?". El jefe siempre es tan gracioso.
Este tipo de personalidad siempre vive por y para el conflicto. Le
encanta la pelea, el desafío, y navegar contra la corriente. Para
ellos, gobernar es eso: la confrontación permanente, el choque, vencer
a los adversarios, liquidar a los enemigos, darles en la madre a los
americanos y destruir a quienes se les oponen. La simple sugerencia de
buscar consensos y negociar las diferencias les parece una humillación
insoportable. Quienes disienten no son personas con opiniones
diferentes, sino gusanos, arañas peludas, diablos, cualquier alimaña
al alcance de un enérgico pisotón revolucionario. ¿Qué se hace
con estas gentes? Los chinos están ensayando una variante moderna de
la lobotomía. Con cierta manipulación de los lóbulos frontales han
conseguido amansar a algunos psicópatas agresivos hasta dejarlos
dulcemente risueños y
apacibles, aunque algo bizcos, pero la operación todavía está en
fase experimental y no es probable que se entreguen voluntariamente a
este tipo de terapia radical. Por otra parte, se trata de enfermos que,
aunque claramente tienen una dolencia descrita en todos los libros de
texto, son otros los que la padecen. Ellos son sólo los portadores del
síndrome, no las víctimas, y es difícil llevarlos por las buenas
hasta el quirófano. Eso explica la melancólica frase de uno de los
presidentes cuando el incidente entre el monarca español y Hugo
Chávez: "pobre Juan Carlos, no sabe que es más fácil impedir un
golpe militar que callar a este hombre".
Hay tareas imposibles.
Antropología del chavismo

Carlos Alberto Montaner

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