UNA RELACIÓN ANORMAL Y PELIGROSA.......:(



Dice Adrey:
Disculpeme Sr.Solá pero ya va siendo tiempo de que llamemos a las
cosas por su nombre y dejar los guantes blanco para cuando corresponda,
Hablar con miedo o decir las cosas a medias, y muy sutilmente no sólo
no nos ayuda sino que nos convierte en cómplices...Cuando se está
ante una tragedia politica como es éste gobierno, nos afecta a todos,
si tenemos miedo de hablar es lo mismo que mostrarse censurado...y a eso
todavía no ha llegado este presidente... Todos conocemos el
currículum de quienes estan en el gobierno y si ellos desconocen la
constitución y la democracia, y no nos respetan, no tenemos por qué
respetar su investidura, callarnos es admitir,...
Creo que el momento de ser claros ha llegado...Y como es archisabido, la
buena Prensa y sus Editorialistas, es la voz de los ciudadanos de una
Nación y en ellos confiamos ...
Cordial saludos
Adrey
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Viernes 10 de agosto de 2007
Una relación anormal y peligrosa
Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION

¿Por qué extraña razón se trasladó a Venezuela una
delegación de funcionarios argentinos si era Chávez el que viajaba a
Buenos Aires y no Kirchner a Caracas? ¿Qué debía prepararse con
tanto misterio? Primeras y elementales preguntas.
Cuando cualquier otro presidente visita la Argentina, hay, en efecto,
una comitiva adelantada, pero representa al país del mandatario
visitante y no del visitado. Sin embargo, las cosas siempre son
anormales en la relación con Chávez. Los diplomáticos
profesionales no existen en ese trato.
El virtual canciller con Venezuela ha sido siempre el ministro de
Planificación, Julio De Vido, que luchó hasta el cansancio para
nombrar precisamente al renunciado Claudio Uberti como embajador en
Caracas. Al final se impuso el pedido del propio Chávez, que
respaldó la designación de la actual embajadora, Alicia Castro.
¿Por qué Enarsa contrató un avión privado para llevar a Caracas
a dos funcionarios de segunda línea, aunque importantes operadores
políticos y económicos de la administración? Roza la frivolidad el
argumento de que no existen frecuentes vuelos directos entre Buenos
Aires y Caracas.
Hay infinidad de combinaciones posibles en vuelos regulares para llegar
rápidamente al país de Chávez. Enarsa no ha hecho grandes negocios
aún como para que sus ejecutivos se den semejantes lujos. Esos
funcionarios pertenecen, además, a un país cuyos ciudadanos deben
sufrir suplicios como torturas para tomar vuelos comunes.
El contraste es patético entre la vida de los que están en el poder
y los que están lejos de él. ¿Por qué se consideró en el acto
que se trataba sólo de una infracción aduanera cuando estaba en
juego semejante cantidad de dinero en efectivo? En todo caso, ésa
debió ser la conclusión de una investigación judicial y no la
resolución final de las autoridades políticas. La Justicia intervino
luego de que la prensa difundiera la noticia, que tardó en ser
confirmada por el Gobierno, de que había ingresado en el país ese
botín.
Todo el trámite fue muy lerdo, como si respondiera a un gobierno que
no sabía qué hacer ante una novedad brutal e inesperada.¿Y si el
dueño de la valija era un traficante de drogas? En tal caso, habría
podido salir del aeropuerto, hospedarse en un hotel y abandonar la
Argentina sin ningún problema. La Justicia comenzó a actuar,
remolona y tardía, cuando ya el portador de la valija y de su
incógnita, Guido Antonini Wilson, estaba fuera de su alcance.
La versión oficial de que todo se demoró para no molestar a
Chávez, que se encontraba en Buenos Aires, indica que con el caudillo
venezolano las cosas se hacen siempre al revés.
Si el gobierno argentino no sabía nada, como proclamó hasta el
cansancio, debió, por el contrario, protestar seriamente ante el
presidente venezolano; funcionarios suyos habían introducido, de
acuerdo con la hipótesis oficial, a una persona desconocida, dispuesta
a cometer un delito, en un avión argentino en misión oficial.
Pero, ¿es posible aceptar fácilmente la versión de que nadie
conociera a uno de los pasajeros, justo el que portaba los ladrillos de
dólares, en un avión con sólo ocho personas a bordo? "Falso de
toda falsedad", dijo coloridamente Chávez cuando se lo interrogó
sobre si su gobierno era responsable de ese tráfico de divisas. "No
sabíamos quién era" el dueño de la famosa valija, agregó el
gobierno argentino mediante un apurado comunicado de Enarsa.
¿Siete personas no sabían quién era la octava, la que precisamente
deambulaba con casi 800 mil dólares? Chávez y Kirchner se ufanan de
controlar hasta el movimiento de las hojas en sus respectivos países,
salvo cuando las cosas se ponen difíciles o cuando son sospechosas.
Debe ser plata fácil.
De otra manera, no se explicaría que la haya dejado abandonada
cómodamente quien la portaba. Ni peleó en la justicia argentina por
la honradez de ese dinero ni reclamó, al menos, los 400 mil dólares
que le correspondían una vez descontada la multa. Algunas cosas deben
subrayarse.
Una de ellas es la teoría que cultiva muchas conspiraciones. De hecho,
el propio Chávez culpó de entrada al "imperialismo" (se supone que a
Washington) de las versiones que luego se confirmaron.
Conspiraciones
Pudo haber conspiraciones internas más que externas -cómo no-, pero
la primera pregunta no se refiere a quién conspiró para que se
supiera que hubo en el aeropuerto un inexplicable trasiego de dólares
en una valija con custodia oficial. El primer interrogante es muy
sencillo: ¿qué hacía esa valija en ese avión y a quién estaba
destinada? La Justicia difícilmente le podrá hacer ahora esas
preguntas a Antonini Wilson porque éste terminó beneficiado por la
política oficial de no incomodar a Chávez.
Las conspiraciones políticas están siempre a la vuelta de la
esquina, pero el problema se torna grave cuando el hecho en sí mismo
es más importante que cualquier confabulación. La ex ministra Felisa
Miceli también deslizó en su momento que había sido víctima de
una conspiración. Es probable. Pero, ¿qué hacía en el baño de
su despacho una bolsa con pesos y dólares de inexplicable origen?
Los escándalos explotan en el despacho de De Vido. La respuesta no es
una novedad: él no habla con los funcionarios que caen en desgracia,
dicen a su lado.
El primer escándalo que lo salpicó cerca fue el de Southern Winds,
que comprometía seriamente al secretario de Transporte, Ricardo Jaime,
promotor de una infinidad de subsidios a los dueños de la ex empresa
aérea. Jaime depende del Ministerio de Planificación.
De Vido hizo trascender entonces que ellos estaban hasta distanciados.
Lo mismo sucedió cuando la Justicia les pisó los talones al ex
presidente del Enargas Fulvio Madaro y al ex interventor de Nación
Fideicomisos Néstor Ulloa, ambos involucrados en el caso Skanska. De
Vido pasa con increíble rapidez de ser un "superministro" a ser un
simple "soldado" de Kirchner.
Al fin y al cabo, nadie sabe qué es peor: si De Vido conoce o si no
conoce las correrías de los funcionarios bajo su dependencia. Sea como
fuere, sobresale otra extrañeza: los que van cayendo, uno a uno, son
los interventores de los organismos reguladores de los servicios
públicos. Madaro era el titular del ente que regula el gas; Uberti lo
era del que regula las autopistas.
Muchos antes, mediante fideicomisos y subsidios directos, indirectos o
cruzados, el Gobierno se había hecho cargo de gran parte de los
recursos de los servicios públicos. El sistema parece hecho para que
sucedan cosas de pasmo en un mundo que ya nadie puede evaluar en sus
dimensiones exactas.
En medio de todo, la desmañada relación con Chávez. Ya era grave
que un país dependiera de otro para pagar sus deudas o para conseguir
la indispensable energía que necesita. Más grave aún es que a eso
se le sumen las misteriosas mudanzas, entre dos empresas estatales y
petroleras, de dinero aparentemente ilegal.
Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION 8-10- 07

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