Honduras: no basta la condena




Por Carlos Angulo Rivas*

La comunidad internacional, la OEA, la ONU, la Unión Europea, han
condenado con energía el golpe de estado en Honduras. La tibia condena
del presidente Obama, seguida por la de la Secretario de Estado,
Hillary Clinton, también es un avance en cuanto a lograr el
reestablecimiento del orden democrático y el regreso del único
presidente constitucional de Honduras: Manuel Zelaya. Sin embargo,
resulta sospechoso que los militares hondureños se hayan decidido por
el golpe de estado sin el consentimiento de la Casa Blanca y el
Pentágono. Veremos prontamente si fueron tan independientes en la
decisión tomada. En este nuevo escenario debemos resaltar que no basta
la firme condena a la reaparición en el continente del “gorilismo” de
corte pinochetista. La acción de los organismos citados y de los
gobiernos del mundo debe ir más allá de lo declarativo, pues se debe
aislar a los golpistas y al usurpador de la presidencia, Roberto
Micheletti. Por ende la condena es útil pero no suficiente y cabe de
inmediato el retiro de los embajadores en Tegucigalpa y las sanciones
económicas correspondientes.

El secuestro a mano armada de un presidente constitucional nos muestra
hasta donde pueden llegar determinados intereses políticos de
ultraderecha, cuyos representantes se niegan a perder sus privilegios
y el manejo corrupto del estado. Habría que preguntarse ¿por qué tanto
miedo a la consulta popular en un estado supuestamente democrático?
¿Por qué tanto miedo a que el pueblo exprese libremente su sentir
respecto a la posibilidad de una reforma constitucional? ¿Por qué
tanto miedo al voto ciudadano supervisado por los organismos
internacionales convocados para el domingo pasado en Honduras? Roberto
Micheletti, junto a un grupo de militares conjurados se ha impuesto
sobre la voluntad mayoritaria de la población, se sostiene mediante la
ocupación armada de las ciudades principales, la detención de los
dirigentes políticos y sindicales, la intervención a la prensa y a las
agencias noticiosas extranjeras y el toque de queda; y declara con una
desfachatez a toda prueba que no ha habido nada ilegal en su
nombramiento como nuevo jefe de Estado.

O sea que aparte de los atropellos señalados, para Roberto Micheletti
tampoco es un delito, nada ilegal menciona, el secuestro a medianoche
del presidente Zelaya por militares encapuchados y su arbitraria
expulsión del país hacia Costa Rica; y menos la fabricación de una
renuncia a la presidencia de la república aceptada por el Congreso de
Honduras para facilitar la farsa de un nombramiento “constitucional” a
su persona. Como se observa en estos procedimientos, Micheletti quiere
convertir la noche en día, la ilegalidad en legalidad y los ultrajes
en rectitudes; más aún cuando el desprecio a la ley de parte de él no
sólo constituye un método propio de los delincuentes sino además una
afrenta a la normatividad jurídica de las naciones. Y no sólo aquello,
los militares impulsados por Micheletti también han atentado contra
las libertades públicas y de un solo envión se han llevado de
encuentro el respeto que se debe a los embajadores de otros países en
un mundo civilizado, atropellando las sedes diplomáticas. Hace un buen
tiempo no se veía una acción golpista de esta naturaleza en el
continente, excepto el frustrado golpe de estado contra el presidente
constitucional, Hugo Chávez, auspiciado y solventado por la Casa
Blanca y George W. Bush.

Frente a estas circunstancias ningún gobierno democrático puede
reconocer el gobierno usurpador de Roberto Micheletti y un grupo de
conjurados golpistas. La legalidad constitucional está de parte del
presidente Manuel Zelaya, quien convocó a la frustrada consulta
popular, del domingo, a partir de la firma de más de 400 mil
ciudadanos hondureños, quienes apoyaron la iniciativa de colocar una
cuarta urna de consulta en las elecciones generales del próximo
diciembre, para de ser aprobada la reforma constitucional se
procediera a elegir una Asamblea Constituyente. El rechazo a esta
iniciativa democrática parte de los golpistas, al verse perdidos, ha
sido el motivo de iniciar una dictadura cívico-militar en Honduras,
mediante la captura, secuestro y deportación del legítimo presidente
Manuel Zelaya. Justo la interrupción del orden democrático se dio ante
la instalación en todo el país de las 15 mil urnas que contenían el
material a emplearse, dos millones de boletas, durante la jornada de
consulta popular que iba a llevarse a cabo.

Con la brutal acción de los militares, Micheletti y los políticos
golpistas, el estado de derecho ha sido vulnerado de la peor manera.
*”…Defender al pueblo de Honduras es defender la democracia, es
necesario reconstruir la democracia… llamo al pueblo a la resistencia
pacífica, a la no violencia, a la desobediencia civil para exigir a
los usurpadores, respetar el sistema democrático…” son las palabras
enérgicas pero prudentes del presidente Manuel Zelaya, desde San José
de Costa Rica. *”Se acaba de cometer un crimen contra nuestra
democracia, ya sabemos nosotros que los grupos de poder, quienes nos
han llevado al empobrecimiento, no dejaran pasar a nuestro pueblo por
los senderos de la justicia y la libertad”. “Han asesinado una vez más
la esperanza de democracia, de equidad, con todo el embate de un
terrorismo contra nuestro pueblo” añadió el presidente deportado,
quien a su vez hace un llamado a los movimientos sociales y sindicales
para que se concentren en las afueras del Palacio de Gobierno,
rechacen el golpe y exijan la normalidad democrática con su regreso a
Tegucigalpa.

La OEA, en principio, deberá demostrar que ha cambiado de una vez por
todas o simplemente seguirá siendo la arcaica institución
interamericana al servicio de Washington. Aquí no cabe negociación con
los golpistas sino la restitución de Zelaya en su cargo de presidente.
Las tibias resoluciones declarativas de la OEA para luego reconocer
gobiernos usurpadores no tienen lugar en el continente actual. De
acuerdo a los procedimientos observados no existen partes en pugna
sino la delincuencia política frente a la constitución. Por ello la
OEA si desea continuar vigente deberá asumir el papel de la ley y no
el de árbitro entre la moralidad y la justicia (Zelaya) frente
dictadura y la sinrazón
(Micheletti.) Felizmente, los presidentes democráticos pertenecientes
a la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) de
la que Honduras también es miembro, han llamado a una reunión
extraordinaria a fin de tomar medidas drásticas ante un golpe de
Estado incalificable; igualmente los países miembros de MERCOSUR con
Brasil y Argentina en el liderazgo han colocado una cruz sobre la
cabeza de Micheletti. Vivimos una época de cambios democráticos en
América Latina que será imposible de detener; el despertar de los
pueblos asume con dignidad y decisión su propio destino; y la reciente
agresión a la democracia en Honduras es una agresión contra todos los
pueblos de la región. El derecho a la resistencia y la insurgencia
está planteado; a diferencia del ayer el golpismo no puede pasar en
Honduras, ya que los pueblos latinoamericanos exigen la inmediata
restitución del estado de derecho y la democracia.

*Poeta y escritor peruano residente en Canadá.

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