El capitalismo personifica los demonios del mal, encarnan a los instintos más bajos y oscuros del ser humano: el egoísmo, la avaricia, el individualismo, la insensibilidad, la codicia.




Por: Joel Sangronis Padrón,
Fecha de publicación: 16/08/07 -



"Algo muerto puede ser arrastrado por la corriente,
pero sólo las cosas vivas van en contra de ésta...."

Chesterton


El modelo civilizatorio capitalista posee, a decir del ecofilósofo
español Joaquín Araújo, una naturaleza vampírica, es decir, sobrevive
de chupar la vida (materias primas, trabajo, identidad, historia) del
ser o los seres, poblaciones o países de los que se alimenta,
convirtiendo a éstos a la vez en "no vivos", en "muertos vivientes".

El capitalismo, ha escrito a su vez Hakim Bey, "es un vampiro que
chupa nuestra sangre, nuestra energía, nuestra historia, cultura y
futuro", que son además los que le dan vida, porque el capitalismo
vive de la mercantilización de nuestra imaginación, de nuestros
sueños, a los que convierte, a través de la manipulación, en
mercancías, en espectáculo, y luego deja el cadáver convertido en un
zombi, en algo que no está muerto pero que ya no puede vivir.

Párese usted en el medio de la noche frente a una montaña erosionada o
frente a un antiguo bosque convertido hoy en un yermo, calcinado y
estéril desierto, frente a las viscosas y putrefactas aguas de un río,
lago o humedal contaminado, contemple a lo lejos el sombrío y
desolador paisaje de Chernobyl y en el medio de la basura y los
desechos, circundado por la muerte, podrá sentir, percibir que lo que
está frente a usted, lo que le rodea, en lo que quizás también usted
se está convirtiendo, es algo "no vivo", un "muerto viviente".

El capital, al igual que el vampiro, es un monstruo que ha
desnaturalizado y degradado todos los órdenes y estructuras naturales
existentes. Ambos entes comparten la condición de parásitos, de
existir en función de succionar la vitalidad de otros seres.

Un ejemplo de lo anteriormente dicho es el caso de la destrucción de
cientos de miles de hectáreas de selvas tropicales, rebosantes de
diversidad, exuberantes en su vitalidad, para sembrar en su lugar
cultivos transgénicos para producir etanol (maíz, soya, caña de
azúcar); estos monocultivos geométricamente alineados como soldaditos
son producidos artificialmente y no tienen posibilidad de transmitir
la vida pues sus semillas son del tipo "terminator", es decir, son
estériles; para completar, estas fitoversiones del monstruo de
Frankenstein sólo pueden crecer y dar sus vacíos frutos mediante la
aplicación de fertilizantes y herbicidas de la compañía (vampiro) que
las produjo y controla. Finalmente, su destino no es alimentar la
vida, sino alimentar las artificiales necesidades de las máquinas de
su amo ¿Puede alguien negar que estos cultivos creados en
laboratorios, diseñados para no reproducirse jamás son "no vivos",
"muertos vivientes"?

El hambre y la sed del vampiro son eternas, jamás pueden ser saciadas;
las leyes del capital indican que la necesidad de éste de reproducirse
chupando el trabajo, las riquezas y el futuro de los pueblos tampoco
puede detenerse, jamás puede ser cubierta a riesgo de desaparecer como
sistema.

Vampiro Y capitalismo personifican a los demonios del mal, encarnan a
los instintos más bajos y oscuros del ser humano: el egoísmo, la
avaricia, el individualismo, la insensibilidad, la codicia.

Como bien lo señaló el viejo Marx (el Van Helsing del capitalismo) en
El Capital, (capítulo 8 libro primero): "El capital tiene un único
impulso vital, el de valorizarse, generar plusvalía, absorber con su
parte constante, con los medios de producción, la masa más grande de
plusvalor posible. El capital es trabajo muerto que resucita, como un
vampiro, sólo chupando trabajo vivo, y tanto más vive cuanto más
chupa".

Según las antiguas leyendas, el poder del vampiro reside en la mezcla
de fascinación y terror que sus víctimas sienten hacia el; para
dominarlas, el vampiro aterroriza con su figura y su leyenda, y toma
control de sus voluntades utilizando para ello sus poderes hipnóticos.
El gran capital imperial globalizado utiliza estas mismas estrategias
para dominar a sus víctimas; a través de su industria cultural
(hollywood, cadenas televisivas, agencias informativas) nos repite
hasta el infinito la leyenda de su superioridad (racial, tecnológica y
cultural) y de la invencibilidad de su monstruoso aparato militar
(leyenda desmentida en Vietnam, Cuba y ahora en Irak) como forma de
intimidación y amedrentamiento. Como si fuera la otra pinza de una
tenaza, la división publicitaria de esa misma industria cultural
bombardea incesantemente la conciencia de los pueblos del mundo con
imágenes y mensajes de la idílica y paradisíaca vida que el
capitalismo ofrece, vida cuya expresión más acabada es el "american
way of life".

Esta ofensiva ideológica ha actuado como agente hipnótico, por lo que
a la usanza de las añejas películas de Christopher Lee o Bela Lugosi,
las víctimas (amplios sectores de la población mundial) permiten, casi
con placer, en éxtasis, que les succionen sus elementos vitales
(petróleo, agua dulce, materias primas, cultura, identidad) con la
promesa de la vida eterna, de la juventud infinita, de la diversión
absoluta.

Esta estrategia publicitaria y propagandística aplicada por décadas ha
producido en los pueblos del mundo una esquizofrénica mezcla de temor
y fascinación, de odio y atracción hacia el gran capital imperial y el
modelo civilizatorio que este ofrece.

La tradición afirma que el vampiro muere si se expone a la luz del
amanecer, (quizás de allí provenga el empeño del capitalismo mundial
en oscurecer la luz del sol con los gases de efecto invernadero); pero
a pesar de su poder y de la violencia que es capaz de ejercer, por
todas partes hay inequívocas señales de que se acerca el alba: En
Latinoamérica con sus movimientos políticos como las Revoluciones
Cubana, Venezolana, Nicaragüense y Zapatista; en los pueblos andinos
con los gobiernos progresistas de Evo y Correa. Con el Movimiento de
Los Sin Tierras; con el despertar en todo el mundo de una nueva
conciencia ecológica; con el movimiento contra la globalización, con
la resistencia cultural del mundo islámico. Viene amaneciendo y se
escuchan pasos que se acercan al ataúd del vampiro capitalista. Éste
tiene buenos motivos para temer....


Profesor UNERMB

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