Estamos en Guerra?
- From: PL <pl.nospam@xxxxxxxxxx>
- Date: Sat, 02 Dec 2006 13:41:37 GMT
¿Estamos en Guerra?
2006-12-01
Roberto Miranda Díaz, Vicepresidente del Movimiento Liberal Cubano
Una de las características más notable de la cubanía es la comunicación desenfadada. Sin distingo de clase, grupos raciales o etáreos, el cubano hace saber a todos lo que siente, opina o imagina sobre lo humano y lo divino.
De esta suerte, la cubanidad es un estado de hipercomunicacion constante, nos adelantamos a Internet y lanzamos la espiritual versión de Intersoul.
Si la comunicación como concepto implica la acción y efecto de comunicar, concebida como flujo de dos sentidos, somos alternativamente emisores y receptores de porciones de información.
En nuestra historia hay una anécdota que refleja, desde un fallo en la comunicación concebida como institución, la fragilidad que aqueja al ser humano. Sin comunicación no habría cultura humana ni sociedad; la incomunicación es de hecho nuestra peor pesadilla.
Cuando estalló la Guerra del 68, el Patriota Salvador Cisneros Betancourt se encontraba en La Habana realizando labores clandestinas por nuestra independencia. Como los patriotas habían acordado que el alzamiento contra España sería en 1869, la información del pronunciamiento de Céspedes en “La Damajagua”, llenó de dudas a los conjurados del Occidente de la Isla y a Cisneros Betancourt, que se encontraba entre ellos en aquel momento. Para definir si la noticia era real o resultaba una manipulación de los autoridades coloniales, decidieron recurrir al telégrafo. Si estaba cortado y dónde, resultaría la confirmación de la guerra, señalando además su localización.
De esta anécdota se desprende que la comunicación como institución social (nombrada en plural “comunicaciones”) se encuentra entre las primeras víctimas de la guerra. Pero lamentablemente no es la única, suele ocurrir que también resultan víctimas el estado de derecho, los servicios, la industria y entre otras más la conformación de opiniones y su libre emisión.
Dado que en las últimas cinco décadas, la libre comunicación en Cuba ha colapsado pudiéramos pretender que nos hemos mantenido en guerra todo ese tiempo. Si se toma en cuenta que el inicio de esta tragedia coincide con el inicio de nuestra última guerra civil, entonces no queda otra alternativa que considerar que estamos en presencia de la más larga guerra civil que se haya visto.
El criterio anterior lo refuerza la militarización de la sociedad, la muy rigurosa censura, la existencia de desplazados por el conflicto (20 % de la población), las víctimas entre la población civil (ahogado al huir, fusilados, presos, etc.), la ausencia de garantías para ejercer las libertades fundamentales, el caos económico. En fin, resulta que podemos encontrar todos los síntomas de la guerra real, agravados por el hecho de que solo un bando esta armado.
El pueblo cubano tiene en el arsenal de su resistencia, al humor como arma y desde la colonia ha fustigado con viveza e imaginación a los que tratan de aplastarlo, sea España, Machado o Fidel. Si en la colonia hicieron befa del sangriento Weyler, hoy se burlan del Gobierno y sus instituciones. Esto no podría ser de otra manera, pues según una tesis costumbrista, en el cubano el instinto de conversación antecede al de conservación.
Nos encontramos entonces entre un campo que requiere más investigación por los científicos sociales, el humor del pueblo cubano. Este, además de arma contra el opresor y vía de escape a las tensiones de los oprimidos mientras se ejercita el ingenio, es el más certero termómetro de crítica contra instituciones que funcionen mal o personajes públicos de poco decoro.
Basta averiguar hacia donde enfila sus batería la befa popular, para encontrar un sujeto a olvidar o una institución a mejorar. Nuestras víctimas de la reconcentración de Weyler sostenían que: “El general Valeriano / cuando se vaya de aquí le llamarán Valery por haber perdido el ano”. Hoy se parodia el lema del ministerio de las comunicaciones de la siguiente manera “En la guerra como en la paz Mal tendremos las comunicaciones”. O se hace burla del programa alimentario, cuando alguien propone muy seriamente instalarle la antena del televisor a la nevera para que todos lo productos que abunda en el noticiero queden al alcance nuestro.
En fin, creo que padecemos una guerra civil que dura ya medio siglo, en la cual a los fusiles se oponen las trompetillas. Aunque los soldados son dolorosos, en nuestro país siempre ha triunfado la trompetilla en su lucha contra la injusticia.
Pronto exportaremos el problema, y será el cielo quien se llene de exilados del infierno, cuando nuestro “censor mayor” abandone este valle, que deja anegado en lágrimas.... de otros.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=7979
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