El Polo Científico Biotecnológico Cubano incluye unas 40 instituciones estatales en las que trabajan más de 12.000 personas --entre ellas, 7.000 científicos e ingenieros-- en cuyas manos hay más de 150 proyectos de investigación.
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- Date: 31 Aug 2006 11:24:36 -0700
Cuba: Dos décadas de avances en biotecnología --
Patricia Grogg,
IPS --
Desde 1999 no hay casos de hepatitis B en niños cubanos menores de
cinco años, gracias a una vacuna de fabricación local que ya se
exporta a 20 países y que es el producto estrella de la industria
biotecnológica de la isla, cuyo principal centro se creó hace dos
décadas.
Todos los ciudadanos del país nacidos después de 1980 recibieron la
vacuna contra esa enfermedad elaborada por el Centro de Ingeniería
Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba y certificada desde 2001 por
la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según la OMS, cada año la hepatitis B causa 520.000 defunciones en
todo el mundo.
"Es nuestro producto más importante por su volumen de producción,
exportación e impacto en la sociedad", dijo a Tierramérica Pedro A.
López Saura, director de Regulaciones y Ensayos Clínicos del CIGB,
institución líder del desarrollo científico cubano creada en 1986.
La vacuna también ayudó a reducir considerablemente la incidencia de
la hepatitis B en la población cubana en general. De más de 2.000
casos que había antes de iniciar la vacunación en 1992, ahora hay
menos de 50 anuales. "La tendencia es a eliminar la enfermedad",
señaló López Saura.
La historia de la hoy pujante industria biotecnológica de Cuba
comenzó hace dos décadas, con seis científicos que asimilaron en
tiempo récord la tecnología para producir interferones --proteínas
producidas por células del sistema inmunológico--, usados para tratar
enfermedades virales y varios tipos de cáncer.
Esto impulsó el desarrollo tecnológico en mayor escala, empleando,
por primera vez, las técnicas de ingeniería genética y la
biotecnología moderna en la producción de interferones.
"Fueron las bases para todos los demás proyectos", relató López
Saura, el más joven de aquellos pioneros y uno de los fundadores del
CIGB.
Actualmente, "este centro tiene en el sistema de salud cubano 18
productos, entre los de diagnóstico, vacunas o terapéuticos. No hay
familia cubana que no se haya beneficiado de alguno de ellos", dijo el
científico.
Según Carlos Borroto, vicedirector del CIGB, lo que hace única a la
biotecnología cubana es justamente ese ciclo cerrado en que la
investigación termina en un producto que se fabrica y comercializa,
con un impacto directo en el sistema de salud del país.
Junto al CIGB, otras cinco instituciones del llamado Polo Científico
Biotecnológico cierran ese ciclo: el Instituto Finlay, el Centro de
Inmunología Molecular, el Centro Nacional de Biopreparados, el Centro
de Inmunoensayo y el Centro Nacional de Investigaciones Científicas.
No compiten entre sí. "Colaboramos. Una de las características de la
biotecnología cubana es la integración entre todas las entidades.
Siempre interviene más de un centro en el proceso. Es algo que nos da
fuerza en comparación con otros países", señaló López Saura.
El Polo Científico Biotecnológico incluye unas 40 instituciones
estatales en las que trabajan más de 12.000 personas --entre ellas,
7.000 científicos e ingenieros-- en cuyas manos hay más de 150
proyectos de investigación.
Su cartera abarca compuestos farmacéuticos y vacunas de uso humano,
productos para uso veterinario, kits para diagnóstico temprano de
enfermedades, anticuerpos monoclonales de diversa finalidad y
compuestos anticancerígenos, que se comercializan en más de 35
países.
Los anticuerpos monoclonales son sustancias producidas en laboratorios,
que se unen a células blanco específicas (como una proteína)
existentes en la superficie de una célula cancerígena. Cada
anticuerpo monoclonal reconoce solamente una proteína o antígeno como
objetivo.
Entre los renglones farmacéuticos y vacunas de uso humano se destacan
--además del conocido antídoto contra la hepatitis B-- el destinado a
combatir el Haemophilus influenzae tipo B y el combinado contra la
difteria, la tos ferina y el tétanos.
También se incluyen productos terapéuticos, entre ellos los
antirretrovirales para el tratamiento del VIH/sida (síndrome de
inmunodeficiencia adquirida), junto a antibióticos, antimicóticos,
analgésicos, vasodilatadores, anestésicos, anticoagulantes, vitaminas
y relajantes musculares.
Se estima que la farmacia y la biotecnología constituyen en estos
momentos el "primer o segundo sector no tradicional" de la economía
cubana, por sus ingresos. Sin embargo, López Saura y Borroto
prefirieron no revelar cifras al respecto.
El CIGB tiene negocios conjuntos, que incluyen transferencia de
tecnología, con unos 10 países. En India, la asociación permite
producir la vacuna contra la hepatitis B, mientras en China existe un
proyecto bastante avanzado para fabricar interferón líquido.
"Aspiramos a desarrollar productos nuevos con patente y vender en el
primer mundo, en Europa, Canadá, Japón e incluso Estados Unidos,
aunque sea más complejo" debido al embargo que mantiene contra Cuba
desde hace más de cuatro décadas, afirmó López Saura.
La autora es corresponsal de IPS. Este artículo fue publicado
originalmente el 26 de agosto por la red latinoamericana de
Tierramérica. (FIN/2006)
.
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