Quince días de "libertad de expresión" en Estados Unidos





Pascual Serrano,
Rebelión --

Probablemente pensemos que la libertad de expresión es una de las
principales garantías que pueda haber en un país como Estados Unidos.
Ya que el modelo neoliberal no garantiza muchos derechos sociales
dejados a merced de la economía privada, muchas personas quizá sigan
convencidas de que logros como el derecho de disentir, tan
"perseguido" en los países comunistas sea un derecho inalienable
en el país de Bush. Veamos algunos ejemplos de cómo está la
situación limitándonos tan sólo en los últimos quince días de
agosto


Lo primero que encontramos, el 16 de agosto, muestra que la
información en muchas ocasiones es publicidad camuflada. Ese día se
hace público que casi 80 canales de televisión podrían haber
difundido propaganda corporativa pagada disfrazada de noticias. Los
canales están dispersos en 30 estados y están afiliados a las cuatro
cadenas más importantes: ABC, CBS, NBC y Fox. Muchas de las estaciones
son propiedad de algunas de las empresas de medios más grandes del
país, como Clear Channel, News Corp, Viacom, The Tribune Company y
Sinclair Broadcast. Las empresas que financian la publicación de
noticias en vídeo incluyen a General Motors, Intel y Pfizer.

Tras hacerse público el jueves 17 de agosto una sentencia judicial que
declaraba inconstitucional el programa de vigilancia sin garantías del
gobierno Bush a los ciudadanos, un análisis de los medios de
comunicación de ese día estableció su cobertura informativa en las
cadenas de televisión en comparación con el caso de homicidio de la
reina de la belleza infantil, JonBenet Ramsey. El informe, difundido el
día 21, estableció que la cadena ABC dedicó el doble de tiempo de su
transmisión al caso de asesinato que a la sentencia judicial contra el
gobierno. CBS le dedicó siete veces más tiempo y ABC, quince veces
más a la muerte de la niña que a la decisión de la justicia.

Si las sentencias judiciales contra el gobierno son silenciadas en los
medios, las acusaciones contra las empresas son perseguidas. La empresa
de ropa Americal Apparel amenazaba el día 21 con demandar a la revista
Clamor, si publicaba una serie de reportajes que denunciaban el
funcionamiento empresarial de la cadena. La razón esgrimida por la
empresa de ropa es que la revista practicaba un "periodismo grosero,
descarado, negligente e irresponsable".

Los comentarios críticos de los ciudadanos también pueden complicarle
la existencia. El ecologista Jim Bensman, de Illinois, denunció en una
conferencia el sistema de represas y exclusas del río Mississippi.
Bensman sugirió que la represa podía ser destruida, una idea que el
Cuerpo de Ingenieros había mencionado públicamente como una opción.
Menos de una semana después, el FBI le investigaba argumentado que
podría tratarse de una amenaza terrorista.

Manifestarse en grupo tampoco parece ser una opción en el país de la
libertad. En Nueva York, el martes veintidós de agosto veinte
activistas del grupo Judíos Contra la Ocupación fueron arrestados por
realizar un simulacro de muerte a modo de protesta en Penn Station. Su
delito fue que, vestidos de negro, se tumbaron en el suelo en la
entrada de la estación durante la hora punta de la mañana para pedir
que el "gobierno de Estados Unidos detenga el envío de ayuda
política, económica y militar a Israel mientras dirija sus ataques a
civiles inocentes". En California, otras veinte personas fueron
arrestadas ese mismo día en las puertas del Centro Judío de San
Francisco.

Los líderes sociales y religiosos tampoco tienen mucho margen de
actuación. El 24 de agosto, en Minnesota, la Iglesia Católica de
Duluth canceló una conferencia de la conocida religiosa Helen Prejean.
La razón es que Prevean, autora del libro Dead Man Walking, firmó un
manifiesto en The New York Times solicitando la renuncia del presidente
Bush.

El día 25, el empresario estadounidense Javed Iqbal fue detenido por
ofrecer transmisiones del canal de televisión por satélite libanés
al-Manar a clientes en el área de Nueva Cork. Iqbal dirige una
pequeña empresa televisiva en Brooklyn que instala receptores
satelitales en Nueva York Fue acusado de negociar con una entidad
terrorista. "Es como si el gobierno de Irán dijera que va a prohibir
el New York Times por lo considera terrorista o como si China quisiera
prohibir a CNN", dijo un portavoz del bufete de abogados que representa
a Iqbal, en declaraciones a la agencia de noticias Reuters. A pesar de
que pagó una fianza de 250.000 dólares, el empresario quedó detenido
y podría ser condenado a cinco años de prisión.

Ese mismo día, un juez federal dictaminó que el gobierno
estadounidense puede intervenir legalmente los teléfonos de cualquier
persona que maneje "material que en general no está disponible al
público". Expertos en privacidad dicen que el fallo del juez haría
posible que el gobierno estadounidense vigile a los periodistas. El
responsable de un medio de comunicación recordó que "si la prensa
sólo pudiera informar sobre 'información generalmente disponible al
público', la prensa no sería necesaria".

Pero no todo está prohibido y perseguido en Estados Unidos. Los
productores del reality show Survivor de la cadena CBS decidieron que
comenzarán a dividir a los participantes según su etnia, y que
dejarán que los grupos se enfrenten por la supremacía. Serán los
blancos contra los negros, contra los latinos, contra los asiáticos.
Grupos de derechos humanos denunciaron que el programa fomentará los
estereotipos y fortalecerá los mitos sobre la inferioridad de ciertas
razas.

Los periodistas estadounidenses tampoco tienen mejor suerte con su
gobierno cuando está fuera de su país. El 28 de agosto, la agencia de
noticias Reuters solicitaba a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que
investiguen el asesinato del técnico de sonido de televisión Waleed
Khaled. Ese día se cumplía un año de su muerte, cuando soldados
estadounidenses le dispararon en la cara y el pecho en Iraq. Se
escuchó a los soldados hacer bromas cuando los familiares de Khaled
acudieron a la escena del crimen. Una investigación independiente de
un ex investigador de las Fuerzas Armadas británicas concluyó que la
muerte fue ilícita.

El acoso a la libertad de expresión se vive en todos los actos de la
vida cotidiana. El arquitecto iraquí Raed Jarrar afirmó el martes 29
de agosto que fue obligado a cambiarse la camiseta antes de abordar un
avión en Nueva York porque ésta decía "No seremos silenciados" en
árabe e inglés. En una entrevista transmitida ese día por una radio
neoyorquina, Jarrar dijo: "Yo crecí y pasé toda mi vida viviendo bajo
regímenes autoritarios y yo sé que estas cosas pasan. Pero estoy
impactado de que me haya ocurrido aquí, en Estados Unidos."

El Comité Antidiscriminación árabe-estadounidense dijo que el
Departamento de Transporte y la Administración de Seguridad y
Transporte se encontraban indagando el episodio después de que este
comité presentase quejas en nombre de Jarrar.


Todo esto, en tan solo quince días, sólo es un ejemplo de cómo es la
libertad de expresión en Estados Unidos. Por supuesto, nada de ello se
ha difundido por los grandes medios de comunicación.


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