Consejos Fraternales por la Seguridad del Estado



Consejos Fraternales por la Seguridad del Estado
2006-05-30

“No es una detención, – dice el agente– no son amenazas, si no deseo de ayudarlo para no tener que meterlo preso, no es por miedo, no, sino que queremos que usted reflexione y deje de hacer periodismo por su conveniencia, no es amenaza, no desaproveche la oportunidad como otros que están presos por no aprovecharla”.

El día 3 fue el “Día Internacional de la Prensa Independiente”, el 4 vino un agente de la Seguridad del Estado a darme una citación para el 108 y 31, la antigua 6ta. estación de Marianao, La Habana. Lo comuniqué al señor Elizardo Sánchez, Presidente de la Asociación por los Derechos Humanos y a “Radio Martí” donde no les interesó hacerlo público. El 5 fui a Marianao, a la unidad policial, a las 9:15 de la mañana. A las 10 llegaron en auto Lada dos agentes. “Yo soy Moisés”, quiso darme la mano, – lo siento– no lo admití. En auto me dieron un paseo hasta una casa quinta por la Autopista del Mediodía, en las afueras.

Dije al agente que yo había sido citado a la unidad policial y que era irregular conducirme a esa casita misteriosa. En una habitación se encerraron conmigo los tres agentes a ser por turno – o a la vez– amables y amenazadores. “No, no es amenaza, solo es aconsejarlo. Porque no queremos meterlo preso”.

Tan pronto soy “Un connotado contrarrevolucionario, falso periodista, a sueldo de una potencia extranjera” como soy una persona tranquila, buen hijo, persona preparada, con sentimientos religiosos, y con padres ancianos a su cargo. ¿Qué edad tiene su mamá y su hija? Ya usted sufrió mucho por esa niña, ¿Qué edad tiene? Ya está entrando en la adolescencia, lo necesita y no tras las rejas, disfrute de su hija, por eso, porque la Revolución es humana y no inhumana como usted dice, no queremos meterlo preso, podríamos hacerlo, desde hace rato, pero queremos ayudarlo, ayúdenos a ayudarlo, ayúdese: viva tranquilo con sus padres y su hija, no escriba más; va por el camino incorrecto. ¿No ha pensado en irse del país? Al menos unos meses de vacaciones lo ayudarían.

Síntesis: aparentemente la Seguridad del Estado, los superiores de los que me pasearon por las afueras para darme consejos desean:
Que deje de escribir o escriba menos, sin verse obligados a meterme preso.
Que no cubra los eventos del Centro de Salud Derechos Humanos “Juan Bruno Zayas”, que preside el Dr. Darsi Ferrer. Sus argumentos son tendenciosos para indisponerme con el doctor.
Sondearme sobre la procesión del domingo 7 de la Parroquia del Buen Pastor de Jesús del Monte, la iglesia a la cual asisto– porque temían que allí los opositores “hagan algo”.
Y tantear a ver si estoy dispuesto a nuevas entrevistas “para conocer mis opiniones, por lo agradable de mi conversación”
“No. Cuantas veces me detengan tendré que venir pero no a conversar ni a falsas fraternalizaciones. ¿Lo pienso? Lo escribo”.
¿Toma café? Quieren que como detenido me preste a la comedia. Me negué. Discusión Bisantina. “Empezaste mal, equivocado, cuando le negaste la mano al oficial”, dijo uno agresivo, el otro se hacía el dolido. “Somos cubanos, por qué negarse la mano, tomar una merienda. Lo traje aquí para una conversación relajada y mire como usted se pone. Le doy la mano porque somos cubanos”– la mano, batido y jamón y almuerzo que yo rechazo y ellos engullen. Yo explico que ellos están cansados de sacar en televisión a los opositores dándoles la mano y comiendo para hacerlos parecer “agentes de la Seguridad del Estado” ante la oposición.

Hay una situación de abusos para prestarme a estas fraternalizaciones falsas.
Ojalá y un día podamos darnos la mano y merendar hablando de los problemas de hoy como Historia de Cuba ya pasada pero hoy es falso. ¿Cómo “somos cubanos”, si nos llaman apátridas y mercenarios? Yo no estoy de visita en casa de amigos, sino detenido para un interrogatorio. “No. No es interrogatorio, sino entrevista”. “La entrevista policial es una modalidad de interrogatorio”.

De ambas partes dimos nuestros argumentos. Yo a veces callé, otras, – instinto de maestro y de ver a todos como a seres humanos– les hablé del bien de Cuba, de la debacle, de la utilidad de la prensa independiente. Error mío. No se trata de convencer, sino de policías que no tienen que ajustarse a la Ley y con órdenes superiores de acosar a quienes ejercitan sus derechos.

Que nos alardean de un conocimiento de nuestra intimidad basado en nuestra transparencia de vida y en la desprotección legal de la privacidad. Saco la impresión de que mi trabajo mejora, de que el Régimen continúa recocinándose en su contradicción de hacer el mal y desear buena propaganda. En su crisis sin solución. Citarán y amenazarán a otros periodistas, – ya lo hicieron con varios, entre ellos Luis Cino. No desean apresarnos, prueban otros medios, pero a la larga nos apresarán; menos desean nuestra sangre–no quieren llegar a la caída de Castro con sangre en las manos– pero si reciben la orden no se negarán.

“Estamos dispuestos”, se lo digo por ayudarlo, como un amigo, como un hermano, escriba menos, baje el nivel, no desaproveche esta oportunidad, queremos ayudarlo, otros, Fulano, Sutano– la desaprovecharon, estuvieron aquí, como usted, les di la mano, comimos juntos, desaprovecharon la ayuda que les ofrecí y ahora están presos. Cuando los visito se echan a llorar: “Sácame de aquí, no aguanto más”, me dicen, pero ya es tarde. “No lo amenazo”.

Sus objetivos: Ganar mi confianza– imposible– hacerme desconfiar de los opositores, denigrándolos, usarme para que repita a otros sus amenazas a ellos, sacarme información. Digo: “Si quieren quitarme la mitad de mis noticias para que escriba menos, denle licencias de trabajo a los bicitaxitas, no persigan por “peligrosidad social”– que es una “ley ilegal” a las muchachas. ¿No quieren que el médico Darsi Ferrer ayude a los pobres? Que el Gobierno los ayude. Así me quitarán la mitad de mis noticias. ¿Qué trabajo les da eso, que sería hacer lo positivo? El alambre de púas no resuelve esos problemas”.

Moisés: “Quisiéramos eso, volver a la vida de los 80, ¡Ojalá! Pero la situación del país no permite esas soluciones y nosotros cumplimos órdenes, nuestro deber”. “Bueno, cumplan su deber, yo cumpliré el mío y comprendan que existen personas con principios dispuestos a pagar con 20 años de prisión el cumplir ese deber”.

Desde las 10 am. hasta las 4.30 pm. interrogatorios, amenazas “corteses”, horas de reclusión, solo. A las 2 me dijo el agente “que ya habían terminado. ¿Quiere llamar a su casa para tranquilizar a sus viejos? Llame”. Si no hubiera rechazado también eso habría aumentado la angustia de mis padres pues aun me demoraron – sin motivo aparente– otras dos horas. De ellos ¡Ni agua! Fin: 6 de mayo de 2006


Nota de Misceláneas de Cuba: El trabajo anterior llegó a nuestra redacción a través del publicista Eloy González, quien a su vez lo había recibido del Dr. Darsi Ferrer. Trascripción: Misceláneas de Cuba.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=5636

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