¿Estado libre asociado del Zulia?
- From: steward237@xxxxxxx
- Date: 28 Feb 2006 11:41:08 -0800
Luis Britto García,
Rebelión --
El Libertador escribe a Francisco de Paula Santander el 8 de enero de
1823: "¡'Coro primero' y pronto Adícora primero. Eso es lo que
quieren los bochincheros: gobiernitos y más gobiernitos para hacer
revoluciones y más revoluciones. Yo no; no quiero gobiernitos; estoy
resuelto a morir entre las ruinas de Colombia peleando por su ley
fundamental y por la unidad absoluta". Los cinco virreinatos y cinco
capitanías del Imperio español se fragmentan en 25 países; las trece
colonias estadounidenses se unen y forman la nación más poderosa de
la tierra. Divide, y vencerás; únete y reinarás.
En 1678 el Cabildo marabino y el capitán general don Francisco de
Alberró desconocen la Real Cédula de 1676 que une las provincias de
Maracaibo y Mérida. El corsario Grammont aprovecha el pleito para
saquear e incendiar Maracaibo, Gibraltar y Trujillo. En 1869 el
gobernador del Zulia, Venancio Pulgar, se alza para desconocer al
Gobierno Nacional. El presidente José Ruperto Monagas declara al Zulia
"en sublevación a mano armada contra las instituciones políticas que
se ha dado la nación", reconquista Maracaibo y pone en fuga a Pulgar,
quien se refugia en el navío de guerra británico Cherub, que como por
casualidad observaba el alzamiento. En 1902 acorazados alemanes
bloquean el Lago y cañonean el castillo de la Barra. En 1916, el
gobernador Vincencio Pérez Soto derrota otra intentona secesionista,
al parecer promovida por las petroleras. Jorge Olavarría denuncia que
en 1928 el financista estadounidense William Buckley promueve otro
complot aceitero para separar el Zulia. El secesionismo zuliano no es
chiste ni exageración: es plan constante de las oligarquías que
sueñan engrandecerse empequeñeciendo su Patria.
Repite Jerónimo Pérez Rescaniére que Colombia era el país más rico
de América Latina porque tenía a Panamá, pero separada Panamá, no
fueron ricas ni Panamá ni Colombia. Recalco que en 1999 en Foreign
Policy, la revista del Departamento de Estado, David Henríquez avizora
posibles secesiones del Norte de México, el Sur de Brasil y Guayaquil.
En 2005 los medios divulgaron sangrientos incidentes "autonomistas" en
Guayaquil y en la provincia gasífera boliviana de Santa Cruz. En mayo
de ese año el embajador de Estados Unidos William Bromfeld declara en
Maracaibo que "Hace 25 años viví dos años en la República
Independiente y Occidental del Zulia y por eso sé perfectamente lo que
significa estar en un clima de calor" (Lista Redial Simón Bolívar).
El diplomático se hace ver constantemente en actos de caridad en la
región, y, según el semanario Qué pasa, habría cancelado un millón
de dólares por un inmueble para un Consulado (17-23-2-2006). Todo plan
secesionista se traza en las mesas de las grandes potencias.
Durante la arremetida golpista de 2002 gritaba Víctor Manuel García
en televisión: "¿Por qué no? ¡Bolívar Independiente, Cojedes
Independiente, el Zulia Independiente!" En 2005 la Directora de la
Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad del Zulia (LUZ)
Lucrecia Morales, exhorta a "deslindar al Estado Zulia de este Gobierno
y hacerlo por la vía de la emancipación definitiva, es decir, la
autonomía total". Carlos Morales Manssur, director del acervo
Histórico del Estado Zulia, advierte para Prensa Latina que
"estratégicamente a Estados Unidos le convendría la independencia del
Zulia. que (además de sus riquezas y virtudes) pertenece a un país
cuyo gobierno a ellos no les gusta", con el fin de "establecer (dentro
de él) una importante base del Plan Colombia en la Región... que se
enfile en retomar los planes de recolonización de América Latina".
Vallas publicitarias anuncian "Rumbo propio para el Zulia",
camisetas estampadas presentan mapas con una República Independiente
del Zulia, artículos de prensa y páginas web diluvian llamados a la
"autonomía", la "soberanía" y la "independencia" que el
gobernador Manuel Rosales reitera hasta la confusión el 28 de enero en
la celebración del Día de la Zulianidad. Cuando los medios suenan,
secesiones traen.
Los venezolanos compartimos orígenes indígenas, africanos y europeos;
un castellano americanizado y tres decenas de idiomas indígenas, una
cristiandad dominante sincretizada con infinidad de cultos populares y
originarios y en armonía con todos los credos del mundo; un mestizaje
étnico y cultural que nos amalgama; una Historia que nos hermana; una
literatura, una plástica, una música que nos enorgullecen, unas
costumbres perennes, una tradición de tolerancia y comprensión hacia
todos los pueblos y migraciones del mundo y una dinámica movilidad
geográfica y social que transita una Naturaleza de variedad asombrosa
eficazmente intercomunicada. Ninguna insalvable diferencia de idioma,
religión, tradición ni costumbres separa a un venezolano de otro. Ni
una sola divergencia propone otros límites que los negociados por los
burócratas en los mapas parroquiales. No sabríamos sentirnos
venezolanos sin las novelas de Laura Antillano y de César Chirinos y
los poemas de Blas Perozo Naveda. No siento que el voseo o los huevos
chimbos o la pasión por el aire acondicionado excluyan de la gran
nación latinoamericana: mucho menos exilian de la venezolanidad ni
justifican el fratricidio asimétrico de un país. San Benito de
Palermo vive en una sola parranda desde los pueblos del Sur del Lago
hasta la cordillera andina y Margarita, sin que una sola frontera
limite su reino del tambor, la fiesta y la igualdad.
Durante dos décadas la Comisión Presidencial para la Reforma del
Estado impuso una descentralización extrema bajo cuyo signo los
estados crearon ejércitos propios llamados policías, bloquearon rutas
nacionales con peajes, enviaron misiones diplomáticas propias al
exterior y se reunían en Asociación de Gobernadores distinta de la
República de Venezuela. Compendio del plan de desintegración nacional
fue la infame Ley Orgánica de Hacienda Pública Estadal, promovida por
el diputado Rodrigo Cabeza previa consulta con medio centenar de
organizaciones zulianas. Aparte de privatizar lagos, ríos y lagunas,
dicha Ley arrebata a la República el control de sus minerales y de las
vías de comunicación para traspasarlo a los estados, los faculta para
desconocer papel sellado y timbres fiscales de otros estados, les
atribuye la potestad de imponer y guardarse tributos y de exonerar por
contrato a los ricos de su pago. Vetada dicha Ley por Hugo Chávez
Frías, Cabeza la reintroduce en estratégica coincidencia con el
discurso de Rosales. Maldita mil veces la mano que se alce para
sancionarla: con ella aprueba la Constitución del Estado Libre
Asociado del Zulia. El camino de las secesiones se pavimenta con
piedras de leyes suicidas.
Imaginémonos en marcha el plan secesionista legitimado en la Ley
Orgánica de Hacienda Pública Estatal. No necesitamos esforzarnos
mucho: la Historia nos presenta numerosos modelos. Una Asamblea
Legislativa inventará graves razones para separar a los venezolanos de
los venezolanos. Al pie del acta se consignarán las coartadas mucho
más importantes que obligan a separar a los zulianos de su petróleo y
de sus aguas. El subsuelo, los hidrocarburos, el Lago de Maracaibo, la
educación, la salud y la seguridad social serán privatizados.
Inversionistas de Haliburton y de las restantes firmas que se reparten
el botín de Irak firmarán el acta repartiendo tajadas con la
oligarquía colombiana; desplazarán en pocas horas a la ingenua
oligarquía zuliana y anularán las Misiones Sociales del proyecto
bolivariano. Una llovizna de bombas inteligentes alegrará a los
estúpidos. El MACZUL será saqueado, como el museo de Bagdad. La
imagen de La Chinita será ultrajada, como la de Mahoma. Una división
de marines y otra de paramilitares colombianos al mando de Henry López
Sisco custodiarán el acto solemne en el cual George W. Bush declarará
concluida la guerra. En realidad ésta apenas comenzará, para no
terminar. Tres sencillas operaciones de comando cortarán por años el
suministro de hidrocarburos sin los cuales Estados Unidos no puede
funcionar. El pueblo que dio a cinco países su independencia no
perderá la suya.
En el Zulia ganó mayoritariamente el NO bolivariano. Maracaibo,
capital del Zulia y segunda ciudad del país, tiene por ello un alcalde
bolivariano. También son bolivarianos la totalidad de los diputados de
origen zuliano de la Asamblea Nacional, de la cual sería conveniente
un pronunciamiento contra la ventolera secesionista. Pero en las
elecciones regionales para gobernador, se autodesignó a dedo un
candidato sin consultar a las bases populares y contra la expresa
voluntad de éstas. Los mayoritarios bolivarianos votaron divididos, y
un estado bolivariano tiene ahora un gobernante opositor soñando con
protectorados imperiales asesorado por Henry López Sisco. La
autoreelegida Nueva Clase Política también desdeñó presentar
candidatos para las juntas parroquiales, quizá porque éstas no
reportan espléndidas dietas parlamentarias, y también se perdieron
dichos organismos, los más cercanos a las organizaciones populares. El
dedo que nombra no debe meterse en el ojo propio. Perder las bases es
perderlo todo.
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