El Padre Miguel D'Escoto B:Las declaraciones de Pat Robertson



Se ha formado una gran alharaca alrededor de las criminales
declaraciones de Pat Robertson, uno de los principales apologistas del
terrorismo yanki. Sin duda que hay que levantar voces condenando a esos
asesinos camuflados de cristianos, como aquellos que cometieron la gran
masacre contra inocentes campesinos en San Francisco del Norte portando
cruces y afiches con fotos de Juan Pablo II. Pero no hay que quedarse
corto en la condena.

También hay que señalar y condenar con toda vehemencia la fuente de
donde brota todo ese odio que está contagiando no sólo a la
ciudadanía norteamericana, sino también a las burguesías aliadas al
Imperio terrorista en todas partes del mundo y, lamentablemente,
también aquí en Nicaragua. Las burguesías y los fundamentalistas
religiosos siempre han sido propensos al terrorismo. Sin embargo, la
retórica, el ejemplo y la presión de Bush están incrementando tanto
esta su natural inclinación, que muchos ya no se inhiben de manifestar
públicamente sus sentimientos terroristas.

Si analizamos, con honestidad y ánimo de comprender, de dónde vienen
esas declaraciones del predicador Robertson, haciendo un llamado a
asesinar al presidente Hugo Chávez, líder de la Revolución
Bolivariana que con tanto éxito se viene desarrollando en Venezuela,
tendríamos que reconocer que el energúmeno Pat Robertson, después de
todo, no es más que uno de los más fieles soldados de George W. Bush.
Cuando Robertson habla, expresa el sentimiento del gobierno yanki, hoy
día constituido en el mayor peligro para la paz y la seguridad en el
mundo.

Pat Robertson es, junto con el fundamentalista católico *** Cheney,
actual vice-presidente de Estados Unidos, baluarte del inmenso bloque
de "cristianos" fundamentalistas que garantizó la reelección de
Bush y es, sin duda alguna, uno de los mejores representantes de la
ideología del Estado yanki. De ese Estado terrorista que Chomsky llama
"Estado Canalla". El único Estado en la historia de la justicia
internacional condenado por terrorismo en la Corte Mundial de La Haya.
Y eso, como podrá el lector recordar, fue uno de los logros
importantes del caso interpuesto por Nicaragua contra Estados Unidos en
los años 80.

Tampoco, en este análisis y contextualización de las criminales
declaraciones de Pat Robertson, nos podemos permitir olvidar que el
Estado yanki rutinariamente recurre, y siempre ha recurrido, al
asesinato de presidentes y líderes de otros países como método de
promover sus ilegítimos intereses de dominación o para apropiarse de
los recursos naturales de otros pueblos. Basta leer el contundente
informe del Senado norteamericano sobre la materia y elaborado por una
comisión senatorial, dirigida por el senador Frank Church, para
convencerse de lo que estamos afirmando. No conozco en la historia del
mundo ningún otro Estado tan comprometido como Estados Unidos con el
asesinato como método ordinario de su política exterior, para
promover sus "intereses", por lo demás, en el caso de los Estados
Unidos, casi siempre ilegítimos. Estados Unidos es, sin lugar a dudas,
un Estado gangsteril. La literatura norteamericana sobre esta triste
realidad es abundante. El más reciente título que conozco es
"Confessions of an Economic Hit Man" (Confesiones de un matón
económico al servicio de Washington) de John Perkins, muy bien
reseñado hace poco por El Nuevo Diario.

Ahora bien, Pat Robertson es un asesino, un corrupto y todas esas cosas
que ya se saben. Pero no debemos olvidar que es un maleante muy
apreciado por Bush, Cheney, Rumsfeld y toda la actual, igualmente
maleante, administración republicana. Además es muy respetado por un
sector de los ciudadanos de Estados Unidos que piensa igual que él. El
error de Robertson al hacer esas declaraciones parece que fue haber
olvidado, por un instante, que la hipocresía es una de las más
importantes y obligatorias normas de conducta de los seguidores de Bush
-sean éstos norteamericanos, nicaragüenses, salvadoreños o de
cualquier país. Muchísimos entre éstos entretienen similares deseos
asesinos, aunque públicamente no lo digan. Pero el hecho de que no
externalicen sus sentimientos, no los hace menos criminales.

Terrorista no sólo es el que practica el terrorismo. Lo es también el
que lo justifica, el que lo avala, lo defiende y lo promueve. Aquí en
Nicaragua tenemos una larga lista de estos antisociales encabezada nada
menos que por el ingeniero Enrique Bolaños, que actualmente funge como
Presidente de Nicaragua por obra y gracia del dedo del Imperio y del
dedo de don Arnoldo.

Cuando el gobierno del señor Bolaños orientó a su embajador ante
Naciones Unidas a que participara en el debate del Consejo de
Seguridad, del cual no era miembro, y que se pronunciara en apoyo a la
lógica imperialista para invadir a Irak, ¿acaso no estaba avalando el
pretendido "derecho" de Estados Unidos a actuar contra los
principios de la Carta y de asesinar iraquíes a mansalva? ¿Cuál,
entonces, es la diferencia entre Pat Robertson y el señor Bolaños y
sus amigos? ¿Acaso el ser defensores de prácticas terroristas no los
hace igualmente asesinos y terroristas? Pero la gran y única
diferencia entre Robertson y Bolaños y sus amigos es que éstos, como
todos los buenos subordinados, esperan la señal. No hablan antes de
tiempo. Como los gángsteres de Al Capone, conocen la importancia de la
secretividad y de la coordinación en la ejecución de sus macabros
planes. Mientras el capo no dé la señal, no hay nada. Esa disciplina
pareciera ser la única diferencia entre los políticos que representan
los intereses del imperialismo y de la burguesía en Nicaragua y el a
veces indisciplinado Pat Robertson.

Pero en Nicaragua no sólo Bolaños y sus amigos son los apologistas y
cómplices del terrorismo. ¿Acaso los diputados del PLC y los Azul y
Blanco al votar a favor del envío de soldados nicaragüenses a Irak,
para dar un mayor apoyo y aval a la criminal agresión e ilegal
ocupación yanki de ese país, no se convirtieron también en
apologistas y cómplices del terrorismo y, por ende, también en
terroristas? A estos "padres de la patria" les importó poco, con
tal de agradar a Washington, violar la Constitución de Nicaragua al
actuar en contra de la Carta de Naciones Unidas de la cual Nicaragua es
signataria y que, por ende, tiene rango constitucional.

El propio Koffi Annan, con todo y lo tímido que es y que, precisamente
por eso, Washington le dio su indispensable apoyo para que fuera electo
Secretario General de Naciones Unidas, una vez arrinconado por la
prensa tuvo que reconocer en forma explícita y categórica que
efectivamente la invasión de Estados Unidos a Irak era ilegal y
contraria a los compromisos adquiridos por Estados Unidos al suscribir
la Carta de la ONU.

Bolaños y sus amigos pueden ser tan serviles, arrastrados y
terroristas como Pat Robertson en su vida personal, si así lo desean.
Sin embargo, en sus decisiones sobre Irak tanto Bolaños como los
legisladores pro-imperialistas, no actuaron a título personal, sino
que en representación de nuestra pequeña, pero digna, Nicaragua. Al
avalar la ilegal invasión y ocupación de Irak, estos terroristas
nacionales, presidente y legisladores, irrespetaron nuestro compromiso
ante Naciones Unidas y su Carta, violaron nuestra Constitución y
enlodaron nuestra bandera. Este tipo de crimen no debería permanecer
en la impunidad.

Decíamos que la única diferencia que vemos entre Bolaños, sus
secuaces pro-imperialistas y Pat Robertson, es que éste es menos
disciplinado y que, por eso, habló fuera del tiempo. Pero a lo mejor
tampoco exista esa diferencia, porque no podemos descartar que las
declaraciones criminales del predicador Robertson hayan sido ordenadas
por el propio George W. Bush, para que fueran una especie de preludio,
como ya observó Daniel, para ir desde ya preparando a la siempre
manipulada opinión pública norteamericana para que acepte lo que Bush
ya tiene pensado y decidido. Una de las más importantes lecciones que
aprendí en mis casi once años como Canciller de Nicaragua es que
nunca hay que subestimar la criminalidad del imperialismo yanki.


El Nuevo Diario, Managua, Nicaragua

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