En busca del tiempo perdido



San Basilio de Palenque, a 70 kilómetros del glamour de Cartagena,
busca ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Poco se sabe hoy de San Basilio de Palenque, un pueblo cimarrón que
lucha por mantener su identidad cultural desde el siglo XV. Tal vez su
principal referencia son las mujeres que día a día recorren 70
kilómetros para vender frutas y trenzar el pelo de los extranjeros que
toman el sol en las playas de Cartagena. Son las palenqueras, varias
veces protagonistas de los cuadros de la pintora Ana Mercedes Hoyos,
que no sólo cargan con el peso de los inmensos platones llenos de
frutas que llevan sobre sus cabezas. Son también portadoras de una
sabiduría perdida en casi todo el Continente, pero que, a pesar de su
precaria situación, se preserva en ese pueblo de la Costa, entre
ciénagas y monte, muy cerca de los Montes de María y de María La
Baja.

Detrás de los palenqueros respira la tradición de una comunidad cuyos
orígenes datan de la Colonia, cuando se dieron las primeras
manifestaciones de esclavitud en la Costa Atlántica, y aparecieron los
palenques en lo más alto de las montañas, donde los negros cimarrones
o los rebeldes se reunían cuando escapaban de sus dueños. Las
primeras organizaciones de este tipo aparecieron primero cerca de
Cartagena, se extendieron después por el Magdalena Medio y llegaron
luego a Cauca y Nariño

San Basilio, que sobrevivió a los estragos de la colonización, fue el
primer pueblo de esclavos libres de América, En ese mundo, Benkos
Bioho, antiguo jefe de una tribu africana de Guinea-Bissau y quien
lideró un movimiento para crear asentamientos de esclavos africanos,
ha sido reconocido desde siempre como símbolo de la rebelión y la
lucha de los negros cimarrones.

De todos los palenques de Colombia, el de San Basilio es el único que
todavía conserva su propia identidad y elementos culturales como la
lengua, criolla de base léxica española con marcada influencia
bantú, kikongo y kimbundú, un fenómeno único en América que ha
logrado sobrevivir a pesar del rechazo de otras comunidades que la
consideran un español mal hablado, sinónimo de subdesarrollo e
ignorancia.

Además de la lengua, los palenqueros conservan un tipo de
organización social heredada de sus ancestros africanos: los
ma-kuagro, segmentación por grupos de edad, que permite no sólo una
división del trabajo y la defensa del territorio, sino la
conservación de valores como la honestidad, la solidaridad y el
espíritu colectivo. En kuagros juegan al boxeo como entrenamiento para
ser buenos guerreros, adiestramiento que en la Colonia les sirvió para
resistirse el poderío de criollos y españoles, y que en 1974 le
regaló a Colombia el campeonato del mundo de pesos ligeros de Antonio
Cervantes, Kid Pambelé.

Junto con la lengua y los ma-kuagro conservan la música y la
fabricación de los instrumentos para interpretarla -la marímbula y
el tambor pechiche-, una tradición relacionada con la historia de
los abuelos, los bisabuelos y abuelos de los bisabuelos. De ahí nacen
la champeta criolla, el son palenquero y el bullerengue sentado, y a
ella pertenecen Petrona Martínez, el Sexteto Tabalá y Batata. Una de
las tradiciones de mayor impacto es el lumbalú, un ritual funerario
que dura nueve noches y nueve días, tiempo durante el cual familiares
y amigos del muerto hacen más grata la despedida a través del canto,
el baile y el ron.

Candidatura

"La vida es muy bonita, pero al fin siempre se acaba", canta el sexteto
Habanero de Palenque, y la preocupación es que el patrimonio cultural
de San Basilio corra una suerte similar si no se emprenden planes
definitivos para rescatarlo. Y aunque el Estado y la comunidad han
desarrollado acciones en favor de la preservación, conservación y
protección de diferentes expresiones y saberes que son la base de la
identidad palenquera, fenómenos como la discriminación racial, la
aculturación, la migración forzada, la falta de planes de
transmisión cultural y el conflicto interno, han afectado el uso de la
lengua, la transmisión de la medicina tradicional, y las expresiones
rituales y musicales propias, en detrimento de la estabilidad social y
cultural de la comunidad como de la diversidad cultural del país.

Los Montes de María ya no son el mejor resguardo por la presencia de
paramilitares y guerrilla, y la falta de oportunidades ha llevado a
muchos palenqueros a dejar sus tierras. La primera gran migración tuvo
lugar en los años 70 y la mayoría de los hijos de los que salieron
hoy viven en Barranquilla, y nunca han ido al palenque.

Preservar el conocimiento de San Basilio de Palenque llevó al
ministerio de Cultura a apoyar su candidatura ante la Unesco para que
sea declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la
Humanidad. Un dossier elaborado por la comunidad y un video realizado
por La Hicotea Producciones, son las únicas herramientas que hoy
defienden esta postulación. El objetivo es ahora llamar la atención
de todos los colombianos para que se unan a la causa. Al fin y al cabo,
se trata de un patrimonio invaluable de Colombia, y como diría el
sexteto Tabalá "por eso cuando te veo se me alegra la alegría".


San Basilio en cine

El Palenque de San Basilio, el documental más completo sobre este
enclave de africanos escapados de la esclavitud en Cartagena de Indias,
producido y dirigido por Erwin Goggel, se estrenó el primero de marzo
de 2004. Es el resultado de 17 años de trabajo y en él participaron,
aparte del propio Goggel, las cámaras de Carlos Gaviria y Jorge
Echeverri. Constituye un diagnóstico de la comunidad palenquera a
través de sus manifestaciones culturales. Paulino Salgado, Batata III,
el legendario tamborero, compositor e intérprete, fallecido hace poco
tiempo, es el protagonista.

El documental obtuvo el Círculo Precolombino de Oro al Mejor
Documental del XX Festival de Cine de Bogotá, y participó en la
edición 44 del Festival Internacional de Cine y Televisión de
Cartagena.

http://www.revistacambio.com/html/pais/articulos/4014/

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