Montilla ha descubierto sus cartas



IZQUIERDA LIBERAL
Nunca antes la Generalitat democrática de Cataluña había sido presidida por un
ciudadano nacido fuera de Cataluña. Esto no es bueno ni malo, afortunadamente es un signo
de normalidad democrática. Si se lo merece él o nos lo merecemos los ciudadanos, el tiempo
lo dirá. De momento, ha dejado fuera de juego a todos.



La habilidad de Montilla es haber guardado sus cartas durante más de 25 años. No lo ha
hecho por carecer de capacidad retórica, seguramente tampoco por carecer de proyecto
político reconocible, las ha guardado porque sabía que estaba trabajando con material
falsificado. Toda su vida política ha sido una renuncia, de haber reivindicado uno sólo de
sus principios socialistas en consonancia con la nación española como dice el nombre del
Partido Socialista Obrero Español jamás podría haber sido invitado a formar parte del clan
nacionalista. Y de tanto renunciar a ellos, ha acabado por carecer de todos. Esa es su
virtud. O quizás su capacidad para negociar y compaginar proyectos antitéticos. Imposible
conseguirlo con principios, pero sin ellos cualquier negociación es posible. Sólo debes
contar con una condición: Poseer poder o la esperanza de tenerlo para poder compartirlo.
Es el caso.

Me explicaré: El discurso de investidura del Sr. Montilla tuvo un alto contenido social y
explícitamente quiso desmarcarse de las políticas identitarias para dedicarse a lo que le
preocupa a la gente. Más incluso de lo esperado. Por ese lado, nada que objetarle; al
contrario, aunque sólo sean palabras, palabras que posiblemente sean demasiadas para
convertirlas en hechos, su sonido generarán pedagogía social. Un giro a lo ocurrido hasta
ahora. Lo contrario del discurso identitario del Sr. Benac, pronunciado días antes a
propósito de su elección como presidente del Parlament, muy parecido a la murga
estatutaria de la anterior legislatura. La irrupción de Ciudadanos ya ha dado sus frutos.

Hasta ahí, José Montilla siguió guardando sus cartas. Fue en la réplica a su futuro
vicepresidente, J.L.Carod Rovira de ERC cuando hubo de descubrirlas. El independentista
había hecho un discurso impecable en su dimensión social, incluso mejor que el suyo, a
veces idéntico al de Ciutadans, pero envuelto en él dejó caer algún caramelo envenenado
sobre la identidad nacional y la lengua propia. Montilla podría haberse callado como lo ha
hecho estos 25 últimos años, pero el inconsciente o la tensión del forcejeo en las
negociaciones para atar el "Govern d'Entesa", le sacó del alma lo que ha sido hasta hoy y
lo que será esta legislatura: "La cultura y la lengua propia es la que configura mi idea
de nación", se justificó. Acabáramos, al final, su "patriotismo social" se resume a la
misma letanía de ERC y CiU.

En esa frase se condensa toda la tramoya de lo dicho hasta ahí. Todo su discurso de
integración, de patriotismo inclusivo, abierto y plural es de cartón piedra.

En esa frase suelta, no preparada -como habían sido todos sus discursos y réplicas-,
quedan desenmascaradas la política de exclusión social y lingüística de este gobierno de
entendimiento nacionalista. Incluso su error de concordancia verbal (habría de ser "La
cultura y la lengua propia son las que configuran mi idea de nación") denota en su
singularización que su idea de nación es la lengua propia. O sea, que todo lo dicho sobre
el respeto a las dos lenguas de Cataluña es un camelo. Incluso su negativa a devolver a
los padres el derecho de los niños a escoger la lengua vehicular de la enseñanza o acabar
con las multas lingüísticas retratan claramente sus verdaderas intenciones. "El catalán es
la lengua que nos identifica, que nos singulariza", dijo y prometió "Medidas de
discriminación positiva" para protegerla. A buen entendedor pocas palabras bastan.

Entiende uno entonces que su huida retórica del discurso identitario sólo es una
estrategia para impedir que sus votantes cojan el petate y se larguen a la abstención o
directamente a Ciutadans. No es casualidad que cualquiera de sus planes y proyectos estén
adjetivados por lo nacional, como el "plan nacional para la educación". Como si la
ecuación tuviere que ser nacional y no simplemente educación. El saber, el conocimiento,
la formación, la ilustración ha de ser universal. Y todo plan educativo ha de aspirar a
eso si queremos que las matemáticas o la historia sean reconocidos como un saber y no como
un instrumento de manipulación de las conciencias o una herramienta inservible para la
ciencia, como sería el caso de las matemáticas. No me imagino una matemática catalana y
otra china. Ese adjetivo impertinente es la patita peluda que el lobo no puede evitar. Y
es la que nos advierte que Montilla ha guardado las cartas hasta ahora porque sabía que
estaba trabajando con material falsificado. Dicho de un modo más gráfico, no podrá seguir
vendiendo la burra nacional a su electorado, no podrá seguir vendiendo la lengua propia de
la nación a un electorado que tiene dos, no podrá seguir agitando el fantasma de la
cohesión social porque en su nombre está humillando la cultura de sus paisanos. Y no lo
podrá seguir haciendo porque existe Ciutadans, partido de la ciudadanía. Sin él, aún
tendría sus cartas en la manga, con Ciutadans en el hemiciclo ya no se puede permitir el
lujo porque su opción podría ser la opción de sus propios votantes.

Ahora, los 500.000 abstencionistas que dejan de votarle en las elecciones autonómicas,
pero lo hacen por el PSC en las generales, tienen sus cartas listas para jugar. Ni
Montilla, ni José Zaragoza, ni Manuela de Madre saben cómo las jugarán. De ahí su
desconcierto. De reojo miran a Ciutadans, afilan sus medios de comunicación y tratan de
echarles a patadas a campo enemigo. Es su último intento de mantener a su electorado
confundido. Pa' mi que ya es demasiado tarde.

La réplica de Montilla al presidente de Ciutadans, Albert Rivera fue la más agresiva,
contundente y también la más brillante. Dio la sensación de que esos escuálidos tres
diputados fueron los únicos que le sacaron del sopor y el aburrimiento que demostró en sus
intervenciones anteriores. Como si lo que le preocupara de verdad fuera marcar a Ciutadans
y no a la poderosa oposición de CiU o la del PP. No es casualidad, pero es un buen signo.
Montilla demostró con Ciutadans que puede salir al quite si la empresa lo merece. Para
reflexionar.

Recriminó a Rivera haber hablado mucho de identidad, precisamente él que tanto se había
quejado de lo mucho que se hablaba de ella en la política catalana, dijo. Justo es
reconocer que fue un gancho efectivo y gracioso. Y tenía razón. Albert Rivera no podía
dejar de hablar de identidad. Debía hacerlo para combatirla, para criticar el discurso
identitario del Tripartito, para devolver a la vida política catalana la pasión por los
problemas sociales. Para acabar con los malos tratos, entre otras cosas, hay que
criticarlos; para acabar con el fracaso escolar, hay que analizar, mesurar, criticarlo
para confrontarlo con la calidad educativa. Para acabar con la obsesión identitaria hay
que nombrarla.

El Sr. Montilla vive instalado confortablemente en el chiringuito identitario que se han
ido construyendo desde 1980. Viven tan bien en él que ya no lo consideran como tal. Pero
la escuela se rige por el discurso identitario, los medios de comunicación públicos,
Catalunya Radio, TV3 se rigen por ese mismo discurso identitario, la cosmovisión actual
que irradia la política catalana está regida por el discurso identitario. ¿Cómo
denunciarlo sin hablar de él? ¿Cómo acabar con él sin denunciarlo?

Se le acabó el crédito Sr. Montilla. Nunca más podrá tomarle el pelo a su electorado sin
que un escalofrío cruce su espina dorsal al recordar que habrá tres diputados de Ciutadans
advirtiéndoselo.

Mientras tanto, felicidades, le deseo lo mejor.


--
Salud
JP@

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