(IVÁN): RECTITUD
- From: valarezo <valarezo@xxxxxxxxxxx>
- Date: Sat, 28 Jul 2007 18:11:02 -0700
Sábado, 28 de Julio, año 2007 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica
(Este Libro fue Escrito por Iván Valarezo)
RECTITUD:
Nuestro Señor Jesucristo es "el maestro de la rectitud" no sólo de los
ángeles del reino de los cielos, sino también de cada hombre, mujer,
niño y niña del paraíso y de toda la tierra, también, de nuestros
días, desde los días de la antigüedad y hasta por siempre en la nueva
eternidad venidera. Porque en el reino de los cielos, el Señor
Jesucristo ha de seguir siendo "el estandarte de rectitud", amor,
verdad, justicia y santidad infinita en el corazón y en la vida de
cada uno de sus siervos y siervas, del paraíso y de la humanidad
entera, eternamente y para siempre.
Y es aquí, para donde nuestro Dios te "crea" y, a la vez, te "llama"
también, para que estés con él y así entonces veas tu misma vida
eterna, por la cual te formo en sus manos santas, en el día de tu
creación y de todas tus cosas, también, en el paraíso y en la tierra,
por ejemplo. Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial siempre
"deseo", que así como los ángeles poderosos en santidad y rectitud
infinita de sus corazones y de sus espíritus infinitos, sea también
para con sus hijos e hijas del paraíso y de la tierra (incluyendo a
ti, mi estimado hermano y mi estimada hermana, ya que eres obra de sus
manos).
Para que entonces cada uno de ellos, comenzando con Adán y Eva, por
ejemplo, "llegue" a verle y a conocerle, tal como siempre ha sido (y
ha de ser) a través de los siglos y hasta por siempre, en la nueva
vida celestial e infinita del nuevo mundo venidero del más allá, por
ejemplo, como La Jerusalén Gloriosa del Mesías. Porque sin la rectitud
del Señor Jesucristo, entonces ningún ángel, como Lucifer y sus
ángeles rebeldes podrán "jamás ver, conocer o sentir" en sus vidas a
su Dios, ni a su Espíritu Santo, para siempre.
Y esto es, realmente, profundas "tinieblas" del más allá, como del
bajo mundo, en donde moran los espíritus rebeles y las almas perdidas
y sin Cristo en sus corazones, en el Abismo, reservados cada uno de
ellos para el juicio final de Dios y de todas sus cosas, en el cielo,
por ejemplo. Por otra parte, lo mismo ha sido verdad, desde siempre,
para todo pecador y para toda pecadora de toda la tierra, desde la
antigüedad y hasta nuestros tiempos, también.
Es por esta razón, que nuestro Padre Celestial "lleva antes que nada"
a Adán al pie del Árbol de la vida, su Hijo amado, ¡el gran rey
Mesías!, para que "conozca" su verdadera comida y su verdadera bebida
de su corazón y de su alma infinita, para vivir la vida eterna del
paraíso. Y así hace, nuestro Padre Celestial día y noche con cada
corazón y con cada alma del hombre, mujer, niño y niña, descendientes
de Adán, en todas las naciones del mundo entero, para "ofrecerles"
sobre sus mesas: el fruto de vida eterna (la salvación perfecta de sus
vidas infinitas) en la tierra y en el paraíso, también, para siempre.
Porque la rectitud del Mesías era de suma importancia para el
crecimiento espiritual, intelectual y corporal, también, para Adán y
para cada uno de sus descendientes, en sus millares, de todas las
razas, pueblos, linajes, tribus y reinos eternos, en el cielo y en
toda la tierra, también, eternamente y para siempre. Y sin la rectitud
del Señor Jesucristo, entonces Dios no desea (o no podía) tener
"ninguna relación verdadera" entre Adán y sus criaturas, ya sean
ángeles del reino u hombres del paraíso y de la humanidad entera, en
toda su creación.
Y ésta "rectitud" del Árbol de la vida estaba, ni más ni menos, en su
fruto de vida y de salud eterna, su único Hijo amado, el gran rey
Mesías de todas las edades, en el más allá y en toda la tierra,
también, de nuestros días y de siempre, por ejemplo. Es por eso, que
nuestro Padre Celestial se la "ofreció" a Adán primero, para que coma
y beba de él, en aquel momento y en todos los días de su vida para la
eternidad, para que sus pasos sean por siempre "santos, rectos",
delante de su presencia sagrada y en todos los tiempos del reino de
los cielos, por igual.
Pero Adán no llega a "entender" esta gran verdad espiritual y justa en
su corazón, para mal de su vida y la de sus retoños, en sus millares,
en todos los lugares de la creación de Dios, comenzando en el cielo,
en donde "el pecado primero toma vida", en los ángeles y luego en el
hombre, para mal de muchos. Y aunque Adán no comió y bebió de su Árbol
de vida eterna en el paraíso, para que sus pasos sean justos y rectos
todos los días de su vida delante de su presencia, ya sea en el cielo
o en la tierra, entonces Dios aun así "espera de él" que sea justo y
recto de corazón, delante de él.
Entonces esa es la "fe infinita", de nuestro Dios, desde siempre, de
que así ha de ser con cada pecador del mundo entero, para que
posteriormente se "reconcilie" con su verdad y justicia infinita, y
regrese a su vida normal del paraíso para que sea perfecto y recto en
santidad delante de su Ley y de su nueva vida eternal. Porque el
hombre de toda la tierra, después de haber llevado acabo y dicho todo
que haya de vivir, hacer y decir en su vida, entonces tiene que tener
un "encuentro personal" con su Dios y Fundador de su vida, por medio
de su Árbol de vida eterna, ¡el Señor Jesucristo!, para reencontrarse
con la felicidad celestial de su corazón. (Encuentro personal con Dios
significa tener una relación recta con el Señor Jesucristo, tu único
fruto de vida eterna, en el paraíso, en la tierra y así también en el
nuevo reino celestial de Dios y de sus huestes angelicales.)
Además, para que esto se cumpla en la vida del hombre, entonces Dios
"envió" a su Hijo amado al mundo, para que sólo de él aprendan:
verdad, amor, justicia y rectitud en todas las cosas de su vida, para
gloria y para honra infinita de su nombre santo, en la tierra y así
también en el nuevo reino venidero. Y, hoy en día, más que nunca el
hombre "necesita" infinitamente: del espíritu de amor, verdad,
justicia y rectitud del Señor Jesucristo, para escapar cada uno de sus
pecados delante de Dios y así entonces poder ver la vida eterna, desde
ya en la tierra, para posteriormente, en el día del SEÑOR, entrar
nuevamente al reino de su felicidad celestial.
En la medida en que, el reino de los cielos, así como la tierra de
nuestros días y de siempre, "no fue creado" para los ángeles del cielo
jamás, aunque no lo creas así, mi estimado hermano y mi estimada
hermana, sino para Adán y para cada uno de sus hijos e hijas de todas
las naciones de la tierra. Y es por esta razón, que hoy en día vives
en la tierra tu vida delante de la Ley de Dios, sólo por la gracia
infinita de su Árbol de vida eterna, el Señor Jesucristo, para que muy
pronto ya te encuentres de nuevo unido a tu Dios y a sus huestes
celestiales del paraíso. Porque la Ley de Dios mata (declara culpable)
al pecador, por su culpa, por su pecado, por su ofensa a Dios y a su
vida santa del reino celestial, pero el Señor Jesucristo te protege de
ella, por los poderes y autoridades sobrenaturales de su sangre y vida
muy santa, para el cielo y para la tierra, también.
Entonces el hombre descendió del paraíso, así como el Señor Jesucristo
posteriormente, pero con el pecado de las tinieblas en su corazón y en
su sangre contaminada, para morir y reencontrarse con el mismo Señor
Jesucristo de siempre, sobre la cima de la roca eterna, pero esta vez
clavado a él, para que no evada al Señor más, como antes. Y sólo
entonces Jesucristo pudo finalmente, no tanto por la fe de Adán, ya
que lo había rechazado en su primer error humano, para ahora darle
"rectitud de amor", verdad, justicia y santidad infinita a él y a todo
aquel que ame a su Creador, con tan sólo creer en su corazón y
confesar con sus labios su nombre redentor.
Y "éste nombre salvador" del hombre, en la tierra y así también del
paraíso y del nuevo reino sempiterno, como La Nueva Jerusalén Gloriosa
del Mesías, es, ni más ni menos, el mismo de ayer, de hoy y de
siempre, su majestad de Israel y de la humanidad entera, el Cristo, el
Hijo amado de Dios, ¡el Hijo de David! Porque sólo el Señor Jesucristo
"cumplió rectamente" con su nacimiento, con su vida, con su
crucifixión: muerte y resurrección en el Tercer Día, cada una de las
promesas y palabras de los profetas, en las escrituras de la
antigüedad de Israel, para bien de muchos y gloria infinita de nuestro
Dios y de su Espíritu Santo, en nuestras vidas.
NUESTRO DIOS AMA LA RECTITUD DE SU HIJO AMADO EN EL HOMBRE
Porque nuestro Padre Celestial es "sumamente justo" y, a la vez, "ama"
de todo corazón, a los que con verdad y rectitud de espíritu de fe,
"aman también" a su Hijo amado, el Señor Jesucristo, en el paraíso y
en todos los lugares de la tierra. Por lo tanto, nuestro Padre
Celestial desea que en la nueva vida infinita del nuevo reino de los
cielos, entonces "los rectos 'contemplen' su rostro", infinitamente y
para siempre, para que se gocen de su rectitud divina y así crezcan en
su luz y en su gloria eterna, para nunca más alejar de su Dios y de su
hogar celeste.
Y éste es un privilegio celestial de "ver y conocer" el rostro de
nuestro Padre Celestial, el cual sólo le pertenece a su Hijo amado,
por inicio divino, ¡el gran rey Mesías de todas las edades! Porque a
través de los siglos, "nadie 'pudo' contemplar" el rostro del SEÑOR,
ni los ángeles perfectos, salvo ¡el Señor Jesucristo!, por que sólo él
es digno de tanta gloria y honra, en el cielo, en la tierra y en la
nueva eternidad venidera, también. Es más, sólo Jesucristo posee en sí
mismo la santidad insuperable, para creer y ver a Dios infinitamente
en nuestros corazones y en nuestras nuevas vidas eternales del cielo.
Y esta verdad siempre fue así, a través de los siglos, en el reino
celestial: Dado que, el rostro sagrado de nuestro Dios es tan "santo",
que ninguno de los ángeles del cielo posee en si, tanta santidad y
tanta pureza espiritual y de luz divina, como el Mesías, para ver y
conocer el rostro sagrado de nuestro Dios. Por esta razón, sólo el
Señor Jesucristo conoce a Dios, y sólo Dios conoce realmente al Señor
Jesucristo en su Espíritu Santo; por lo tanto, ningún ángel del cielo
puede decir realmente que conoce a Dios, como únicamente el Señor
Jesucristo le conoce, desde siempre.
Es por eso, también, que sólo el Señor Jesucristo "puede" darle de
conocer a Dios al hombre de toda la tierra y más no los ángeles del
cielo, por ejemplo. Porque los ángeles "no sabrían" como empezar a
manifestar a Dios, por su falta de santidad perfecta en cada uno de
ellos y por falta de conocimiento de Él y de su deidad infinita,
también; es más, sin Jesucristo en sus corazones, entonces los
ángeles, como los pecadores de la tierra, "no podrían ver" a Dios, ni
menos conocerle jamás.
Ni menos ningún ángel del cielo "puede decir", realmente, que conoce
al Señor Jesucristo, como sólo nuestro Padre Celestial le conoce a Él,
en su pureza y en su santidad perfecta, de su espíritu y de su sangre
viviente, desde los primeros días de la antigüedad y hasta nuestros
tiempos, por ejemplo. Y "éste privilegio" de conocer al Señor
Jesucristo, el Padre Celestial nos lo ha entregado a nosotros,
también, si tan solamente "le amamos a él", por medio del espíritu de
fe, de su sangre del sacrificio del pacto eterno, el cual toma lugar
en su día, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para el fin de la
ceguera espiritual.
Puesto que, la ceguera espiritual del hombre y así también de muchos
ángeles del cielo, es "profundamente grande" y nadie la pueda quitar
del corazón (del hombre o de los ángeles), si no es solamente por la
fe viviente, de "creer" en el corazón y así "invocar" con los labios:
el nombre sagrado de nuestro salvador eterno, ¡el Señor Jesucristo! Y
el corazón del hombre "tiene que creer" en el Señor Jesucristo, por
inicio propio, como los ángeles del cielo, y así también invocar su
nombre santo, porque sólo el Señor Jesucristo es "la luz" del cielo
para destruir cada una de "las tinieblas" del corazón malvado de
Lucifer y de sus seguidores, en toda la creación de Dios.
Porque en el día que los ángeles "pecaron" en contra del SEÑOR y de su
gran rey Mesías, en el reino de los cielos, fue entonces bajo el
liderazgo y engaño perdido del corazón en tinieblas de Lucifer, para
"humillar" el nombre del Señor Jesucristo y así exaltar su nombre
inicuo más alto que el nombre de nuestro Padre Celestial. Algo
sumamente horrible y hasta imposible de alcanzar, también, por lo
tanto, el Espíritu Santo de Dios "no se lo permitió" en ningún
momento, sino que lo paro seco en su camino de gran maldad y de
ceguera espiritual, con la luz sumamente brillante y todopoderosa de
su Espíritu Sagrado del Árbol de la vida, ¡el Señor Jesucristo!
Porque en su santidad celestial y fidelidad infinita hacia el Padre
Celestial y hacia su Hijo amado, entonces el Espíritu Santo de Dios se
"enfrenta" a Lucifer y a cada una de sus profundas tinieblas de su
corazón, para que este mal terrible jamás ocurra en el reino de Dios,
con él, ni con ninguno de sus ángeles, por ejemplo. Porque delante de
Dios y de su reino celestial sólo puede existir el "espíritu recto" de
su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna, de todos los seres
vivientes del cielo y así también del paraíso, de toda la tierra y del
nuevo reino de los cielos, como La Nueva Jerusalén Sagrada e
Infinitamente Honrada del cielo.
Además, fue así como el Espíritu Santo de Dios, en su rectitud
celestial e infinitamente divina, entonces pudo "ponerle fin" a la
rebelión de la ceguera espiritual de Lucifer y de sus ángeles caídos
en el reino de los cielos, para que luego sean juzgados por su ceguera
espiritual y crímenes en el día del juicio de todas las cosas. Y esta
ceguera espiritual entra al paraíso, para "cegar" el corazón, el
espíritu y la vida de Adán y de cada uno de sus descendientes, para
alcanzar el mismo fin, como intento con los ángeles del reino de Dios,
para que el nombre del Señor Jesucristo ya no sea en sus corazones,
sino sólo el suyo, para mal de muchos.
Entonces es por esta razón, que el camino del hombre delante de Dios
comenzó a ser "un camino torcido" y más no recto, para mal de su vida
y de muchos en el paraíso y también en todos los lugares de la tierra,
de nuestros días, como hoy en día vemos pecadores y pecadores haciendo
siempre de las suyas. Y la única manera que el hombre puede "cambiar"
su camino torcido por el camino recto, por el cual Dios mismo lo formo
en sus manos, en el comienzo de su vida y de todas las cosas, en el
paraíso y en la tierra, también, fue "el camino hacia el Árbol
Viviente" y más no el camino hacia el mal.
Por tanto, éste camino que lleva día y noche a todo ser viviente hacia
el mal eterno, ya sea ángeles caídos del cielo u hombres pecadores o
mujer pecadoras de toda la tierra, es "el camino rebelde" hacia el
árbol de la ciencia del bien y del mal, por ejemplo. Porque el camino
hacia todos los males de la vida de los ángeles del cielo y así
también de la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas de la
humanidad entera, "no fue jamás" el camino hacia el Árbol de la vida,
sino el camino hacia el árbol del fruto prohibido de la ciencia del
bien y del mal.
Y de este árbol prohibido fue, realmente, del cual Lucifer hizo que
los ángeles rebeldes, como una tercera parte de ellos en el reino de
Dios, "abandonaran" su santidad para comer de él, en vez, de comer del
Árbol de la vida, para rendirle gloria y honra a nuestro Dios y Padre
Celestial que está en los cielos, por ejemplo. Y así también, con sus
pasos torcidos de su vida llena de tinieblas, como del infierno o del
bajo mundo de los condenados, entonces entro Lucifer al paraíso para
"engañar" a Eva y luego a Adán, para que ambos coman de su fruto
prohibido, y pequen en contra del Señor Jesucristo, ofendiendo así a
Dios y a su Espíritu Santo.
Puesto que, desde el día que Eva primero y luego Adán "comieron" del
fruto prohibido, entonces no sólo sus caminos cambiaron hacia el mal
eterno de sus vidas, como todo ángel caído del cielo, sino también
para mal eterno de cada paso de sus descendientes, en sus millares, en
todos los lugares de la tierra. Y este es un mal terrible del corazón
y del alma viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de
la humanidad entera, el cual "sólo la sangre" del Señor Jesucristo
puede cambiar, si tan sólo se cree en el corazón y se confiesa su
nombre sagrado con nuestros labios, para perdón y salud eterna.
Y sólo así entonces se "confiesa" el nombre sagrado de "la luz del
cielo", la cual "destruye" cada una de las tinieblas de Lucifer y de
sus ángeles caídos, en nuestros caminos, como en nuestro andar
cotidiano por la tierra, para que los pasos de Adán ya no sean los
nuestros, sino únicamente los de nuestro Señor Jesucristo. En
realidad, son estos pasos del Señor Jesucristo los que nos "llevan"
por el camino de la rectitud eterna, no solamente para escapar el mal
terrible de los pasos de Lucifer en nuestras vidas, sino también mucho
más que todo esto.
En verdad, los pasos del Señor Jesucristo nos encaminan paso a paso
hacia el cielo más alto que el paraíso y el reino de los ángeles, en
donde nuestro Padre Celestial se "encontrara" con nosotros para verle
y conocerle, tal como su Hijo amado siempre le ha visto y le ha
conocido desde siempre y hasta nuestros días, por ejemplo. Por lo
tanto, los pasos verdaderos, por los cuales nuestro Padre Celestial
nos formo en sus manos, en el comienzo de nuestras vidas, en el
paraíso, "son los pasos" de su Hijo amado, el Árbol de la vida y más
no los pasos del Árbol prohibido del conocimiento del mal y del bien.
Es por esta razón, que para nosotros "encontrar" el reino de los
cielos y su santidad infinita, además de su justicia y rectitud
celestial para vivir la felicidad eterna, entonces tenemos que
caminar, sin duda alguna, en los pasos celestiales e infinitos de
nuestro salvador celestial, ¡el Señor Jesucristo! Y, hoy en día, tú
muy bien, mi estimado hermano y mi estimada hermana, "puedes hacer",
que espiritualmente hablando, para complacer toda justicia y toda
rectitud celestial de nuestro Padre Celestial, de acuerdo a su Ley y a
su voluntad perfecta en su vida muy sagrada, entonces comenzar a
caminar paso a paso con Cristo hacia tu nueva eternidad celestial.
BUSQUEN EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA PARA VIVIR LA ETERNIDAD
No señoree, pues, el pecado en sus corazones de ninguna manera, ni en
sus cuerpos mortales, tampoco, "de modo" que obedezcan a sus malos
deseos, para mal de sus vidas y de los demás, también. Más bien,
"busquen" primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las
buenas bendiciones del Árbol de la vida, entonces les serán entregada
a sus corazones y a sus almas eternas, también, para que sus cuerpos
"vivan en la rectitud" de su Dios y amante de sus vidas infinitas, en
la tierra y en su nuevo reino celestial.
Porque el que "se deja llevar" por el pecado, entonces le está dando
cabida a sus tinieblas, para que hagan todo lo que deseen hacer en su
corazón y en su cuerpo humano, para que no haya más bendiciones de
Dios en su nombre santo, sino sólo mal para su vida en la tierra y en
el más allá, también. Y nuestro Dios "no es de los que busca" el mal
de nadie, sino sólo el bien glorioso y sumamente honrado de su Hijo
amado, ¡el Señor Jesucristo!, para que la gloria infinita de su nombre
santo entonces sea mayor que antes, en la tierra y así también en el
nuevo reino celestial, en los corazones de sus ángeles.
Comenzando con todos los que buscan agradar a su Dios, entonces están
"buscando" su verdad y su justicia infinita, las cuales sólo se pueden
encontrar en la vida perfecta y sumamente gloriosa, no de sus millares
de ángeles del cielo, sino en la vida misma de su Árbol de vida
eterna, ¡el Señor Jesucristo! Porque "únicamente en creer", e invocar,
en comer y en beber el fruto de la vida de Dios y de su Árbol de vida,
es que realmente hay vida (y vida eterna) en abundancia, para los
ángeles del reino y así también para cada hombre, mujer, niño y niña
de la humanidad entera, comenzando con Adán y Eva, primero.
Y estos son los que "caminan" en la rectitud del Espíritu del SEÑOR,
los que aman el creer, en confesar, en comer y en beber del fruto de
la vida de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Porque fue el Señor
Jesucristo quien les manifestó a sus apóstoles, sobre la mesa de la
"cena del SEÑOR", cuando tomando el pan en sus manos y lo partió, para
decirles: Este es mi cuerpo, el cual es traspasado, roto, fragmentado
por ustedes, en el día de hoy y en presencia de nuestro Padre
Celestial que está en los cielos.
De éste pan coman, para que "no vuelvan" a tener hambre jamás, en esta
vida ni en la venidera del más allá, eternamente y para siempre.
Porque todo aquel que "come" de éste pan de vida eterna, el cual
descendió del cielo, no tendrá hambre jamás, como los que comieron del
maná en el desierto, y luego volvieron a tener hambre. Y levantando el
pan al cielo, entonces se lo "ofreció" al SEÑOR primero.
Y luego de haber hecho una oración delante de Dios para los hombres,
mujeres, niños y niñas de la humanidad entera, comenzando con la Casa
de Israel, naturalmente, entonces lo "partió él mismo" (como dijo, yo
mismo pongo mi vida y nadie me la quita), para entregárselo a sus
apóstoles y hasta al que lo traicionaba, Judas, también. Porque Judas
estaba ahí con el Señor Jesucristo "participando de la mesa del SEÑOR"
y con sus apóstoles (hermanos misioneros) para posteriormente, guiado
por el espíritu de error (el cual engaña a Eva y luego a Adán en el
paraíso, para que coman del fruto prohibido), entonces haría que los
que viven en las tinieblas, coman de su maldad infinitamente. (Y esto
seria para muerte eterna de Israel y de muchos (o quizás la humanidad
entera) en toda la tierra, para siempre.)
Entonces después de haber ofrecido su pan de vida eterna a Dios
primero y luego a sus seguidores, el Señor Jesucristo toma en sus
manos "la copa de vino". La levanto al cielo también para ofrecérsela
al SEÑOR, para que le dé su aprobación y bendición (como dejándola
derramar desde del paraíso, el espíritu de la sangre sobrenatural
sobre Israel y la humanidad entera); pues, así como hizo con el pan de
vida primero delante de sus hermanos eternos, en Israel, y luego la
entrego a al mundo entero.
En el acto, después de haber hecho una oración de gracias al SEÑOR del
cielo y de toda la tierra, entonces "tomo de la copa de vida", y le
dio de beber a cada uno de sus apóstoles y hasta el mismo apóstol que
lo traicionaba, Judas, el calumniador. Porque Judas antes de entregar
al Señor Jesucristo, en manos rebeldes de los enemigos del SEÑOR y de
su sagrado evangelio, "comió del pan de vida y bebido de la copa
sagrada del SEÑOR", también, junto con los demás apóstoles, como si no
estaba sucediendo nada en contra del Señor Jesucristo y de todo
Israel, incluyendo a la humanidad entera. (Judas se estaba engañando a
sí mismo, "sin saber" lo que realmente hacia con su alma y la de su
salvador, porque el Señor Jesucristo y nuestro Dios sabían muy bien
que era lo que había hecho, y que era lo que iba hacer momentos
después, para cumplir la palabra del SEÑOR, en la tierra y en el
paraíso, también.)
Por lo tanto, en la mesa del SEÑOR, el Señor Jesucristo no fue
engañado por las palabras de Judas, pues, "Él sabia" que era lo que
tramaban los enemigos del SEÑOR y de su evangelio de vida y de salud
eterna, no sólo para Israel, sino también para la humanidad entera
(aun sin que lo pensaran así sus enemigos). Y después de haber visto
Jesucristo que Judas "compartía" con el pan viviente y con su sangre
salvadora, entonces lo deja ir, a que haga lo que estaba escrito en su
corazón y en su sangre rebelde, para que se cumpla la escritura de los
profetas, en referencia a Él y a su disimulada participación para con
Jesucristo e Israel.
Judas, aunque había comido y bebido de la mesa del SEÑOR, salió de la
presencia del Señor Jesucristo "por su camino sombrío", por el camino
del árbol de la ciencia del bien y del mal, para vender a su mejor
amigo (y hermano) que en vida jamás había conocido antes a otro igual,
y abandonarlo por treinta piezas de plata. Entonces momentos más
tarde, Judas cobra la plata y entrega al Señor Jesucristo con "un beso
poco sincero" en su mejilla, en manos de los enemigos que deseaban
matarle (a como de lugar), para "deshonrar" su nombre santo y salvador
no sólo para Israel sino también para la humanidad entera, en esta
vida y en la vendiera, para siempre.
Realmente, Judas caminaba por un camino torcido y muy extraño a Dios y
a su nueva vida santa e infinitamente gloriosa de su nuevo reino
celestial, el cual "conducía" hacia el mal, por lo tanto, no era
inspiración del Señor Jesucristo, ni del hombre tampoco. Este camino
que Judas tuvo que caminar todos los días de su vida en Israel, "aun
cuando vivió", camino y conocido día y noche con el Señor Jesucristo y
su evangelio de poder y de salud eterna, también, y hasta que
finalmente consumió del mismo cuerpo del "Cordero del SEÑOR" y para
finalmente entregarlo al deseo malvado de sus enemigos.
Y todo esto sucedió así con Judas, en la vida del Señor Jesucristo,
porque "estaba escrito" que sucediese así, para que el pan que había
comido y para que la sangre que había bebido de él, entonces bajase a
la tierra para ser levantada después, por los pecadores: clavado a los
árboles cruzados de Adán y Eva para Dios. Porque fue Dios quien
buscaba "este sacrificio" de su Hijo amado, clavado a los árboles sin
vida de Adán y Eva, para que entonces no sólo nuestros progenitores
recobren sus vidas y sus bendiciones eternas del paraíso, sino también
cada uno de sus descendientes, en sus millares, en todos los lugares
de la tierra y hasta aun Judas, el detractor.
Fue por esta razón, que el Señor Jesucristo primero "le dio" de comer
de su pan de vida eterna y luego (le dio) de beber de su copa de la
sangre del pacto eterno, para que Judas, aunque peque una vez más
delante de su presencia sagrada y del SEÑOR del cielo, entonces "no se
pierda infinitamente" su alma preciosa. (Muchos dicen que Judas se
perdió en su pecado y en su maldad eterna, cuando por engaño entonces
entrega a Cristo a sus enemigos, cuando la escritura declara
públicamente que él comió y bebió de la vida eterna antes de morir.
Porque todo aquel que come y bebe del "Cordero Escogido de Dios,
entonces el mismo fuego eterno del infierno lo vomita de sus tierras y
la muerte no lo puede retener en sus manos, así como no pudo retener
al Señor Jesucristo, sino que en el Tercer Día resucita para una vida
eterna.)
Por lo tanto, nuestro Padre Celestial es un Dios de amor y de
misericordia infinita, y pienso que Judas no murió en su camino
torcido, sino en el camino del Señor Jesucristo. Además, si el Señor
Jesucristo "se asegura primero" que Judas comiese de su pan de vida
eterna y luego beba de su copa de la sangre del pacto eterno, fue para
salvar su vida eterna a pesar de su doblez, engaño, mentira, calumnia,
maldad y fingimiento de amar a Dios, cuando lo contrario era la mera
verdad. "Fingimiento errado" de las tinieblas en Judas, como de la
vida perdida de Lucifer, en el reino de Dios antes de su rebelión,
manifestando así lealtad al gran rey Mesías y al Dios del cielo y de
la tierra, para salvar a Israel de sus pecados y a la humanidad
entera, cuando la verdad era otra en todo el tiempo.
Porque el Señor Jesucristo había descendido del cielo, "para redimir
su alma" del poder del pecado y de sus tinieblas, asimismo como deseo
redimir a Adán y a Eva, clavado a sus palos sin vida, sobre la cima de
la roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para ponerle
fin al pecado original, y cumplir la Ley Divina. Pero Judas "jamás se
dio cuenta de su ceguera espiritual", sino hasta que ya fue demasiado
tarde, después de haber caído en su propia trampa infinitamente
mortal, de saber que sus pasos por la tierra y delante de Dios habían
sido conocidos por el mismo Señor Jesucristo, desde mucho antes de la
fundación del mundo y de sus cosas, también.
Entonces cuando Judas "se da cuenta de su terrible mal", el cual lo
llevada aceleradamente (y a cada minuto de su vida) hacia el fin de
sus días, no sólo en la tierra, sino también al infierno y con
posterioridad al lago de fuego, su segunda muerte, "se arrepiente" de
su mentira malvada e infinitamente cruel, para con su salvador. Y fue
el pan de vida que partió con el Señor Jesucristo y la copa de la
sangre del pacto eterno sobre la mesa del SEÑOR, pienso yo, lo que
hace que Judas "recapacite", en sus últimos momentos de vida, para
"enderezar" sus pasos, para entonces entrar a la eternidad en su
ultimo día de vida en la tierra.
Porque, pienso que si el Señor Jesucristo deseaba que Judas se pierda
en su mentira y en su calumnia cruel, entonces "jamás hubiese
permitido" que él coma de su pan de vida eterna, ni menos beba de su
copa de la sangre del pacto eterno, también, para perdón y para entrar
a la vida infinita sin más tardar, por ejemplo. Entonces como el Señor
Jesucristo, y nuestro Padre Celestial junto con su Espíritu Santo,
también, "sabia muy bien" que era lo que Judas iba a hacer con su vida
y la vida de su salvador eterno, pues, le dio de comer y de beber de
Él mismo, mucho antes que su hora llegue y camine hacia la eternidad
infinitamente perdido.
Por lo tanto, pienso que Dios "rescata a Judas", en sus últimos
momentos de vida y con problemas y dificultades de todas clases, pero
"lo salva de su mal eterno", aun a pesar de su mentira, de su calumnia
y de todo el mal que conlleva todo ello, porque se "arrepintió" al fin
de su maldad a su redentor celestial. Porque "la verdad es" que Judas
comió y bebió del fruto de la vida eterna en la mesa del SEÑOR, y no
la rechazo jamás como sabemos muy bien que Adán y Eva lo hicieron así
en el paraíso y delante de Dios, también, para mal de sus vidas y de
muchos también (como Judas mismo, por ejemplo).
Ahora, Judas "murió casi inmediatamente" después de haber pecado en
contra de su salvador celestial, el Señor Jesucristo, como ya lo
sabemos muy bien (porque estaba escrito de él, en las escrituras, de
que él mismo le entregaría a sus enemigos por treinta piezas de
plata). Sin embargo, Judas no murió inmediatamente por pecar en contra
de Dios y de su Jesucristo, sino porque "había hecho algo muy
terrible", lleno de muchas tinieblas, las cuales hubiesen perdurado
con él, si hubiese seguido viviendo en Israel, y hasta aun muerto
seguidores fieles a él hubiesen seguido sus pasos de maldad hasta hoy
en día, por ejemplo. Haciendo así que muchos se pierdan en las mismas
tinieblas del más allá, las cuales terminaron con su vida mesiánica y
con su único amigo y salvador de su vida, el Señor Jesucristo, por
engaño, por mentira, por calumnia y por treinta piezas de plata (las
cuales no le sirvieron para nada jamás, ni menos para su sepultura.)
Es decir, de que "si Judas hubiese seguido viviendo", entonces muchos
lo hubiesen aceptado como alguien grande, quien destruye al Señor
Jesucristo con una mentira, con una calumnia cruel e infinitamente
malvada, para engrandecer mucho más que antes el reino de Lucifer y de
sus ángeles caídos, en toda la tierra. Es más, una nueva secta
religiosa en su honor, en su nombre, "se hubiese levantado", y aun
estuviera con nosotros, también, predicando sus pasos de maldad
infinita, al nivel quizás que el evangelio del gran rey Mesías; pues
entonces, seria una secta para destruir en lugar de edificar la vida
del hombre, para que regrese al paraíso.
Es por eso, que cuando Judas peca en contra del Señor Jesucristo,
aunque Dios lo rescata de su maldad por los poderes sobrenaturales del
pan de vida eterna y de la copa de la sangre del pacto eterno entre el
paraíso y toda la humanidad del hombre en toda la tierra, entonces
Dios lo salva antes de morir. Para que de esta manera, las tinieblas
que se habían levantado del infierno, para "deshonrar y humillar" al
Señor Jesucristo y su vida consagrada a Dios, a su Ley y a Israel
junto con la humanidad entera, posteriormente entonces regresen a sus
lugares eternos del más allá, como el mismo infierno, para que no se
perpetúen más sobre la tierra.
Y así nadie podría "seguir" a Judas en su pecado, ni menos
"engrandecer" sus tinieblas, ni su nombre inicuo más alto que el
nombre del Señor Jesucristo, por ejemplo, eternamente y para siempre.
Porque toda gloria y honra del corazón del pecador y de la pecadora de
toda la tierra, le pertenece solamente a nuestro Padre Celestial, por
medio del espíritu de vida y de la sangre gloriosa y sumamente honrada
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!
Por lo tanto, a Judas nuestro Dios lo "rescato" de su mal eterno,
porque sólo Él es misericordioso e infinitamente bondadoso, gracias al
nacimiento, a la vida gloriosa y sumamente honrada del Señor
Jesucristo en Israel, para cumplir la Ley del paraíso, destruyendo así
al pecado y a ángel de la muerte, para siempre. Y así las "tinieblas"
que lo guiaban día y noche a "Judas", buscando como destruir la vida
gloriosa e infinitamente honrada del siervo fiel y eterno de Dios,
entonces "no sigan", ni un sólo momento más en Israel, ni en ningún
lugar de toda la tierra, para que otros (como Judas) no cometan el
mismo pecado terrible e infinitamente mortal.
Porque Dios desea que todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la
humanidad entera, "brillen infinitamente" como las estrellas del
firmamento, en la nueva eternidad venidera del cielo y de su Árbol de
vida eterna, su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo! Y "esa estrella" más
brillante que el sol (quizás junto con Judas en el firmamento) "eres
tú" mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, porque nuestro
Dios te forma en sus manos santas, en su día, para que vivas con él y
con su Hijo amado, en su nueva vida infinita del cielo, para gloria de
su nombre santo.
SI, LOS JUSTOS DEL SEÑOR BRILLARÁN INMORTALMENTE COMO EL SOL
Entonces "los justos resplandecerán" como el sol en el reino de
nuestro Padre Celestial, para nunca más volver a ver las tinieblas,
como las de Adán y Eva, por ejemplo, que "afligían" sus corazones y
sus espíritus humanos, porque el Señor Jesucristo no vivía en sus
almas vivientes, para complacer toda verdad y justicia redentora de
nuestro Creador Celestial. Pues entonces el que tiene oídos, que "oiga
firmemente" y con gran confianza en su corazón: lo que el Espíritu
Santo de Dios le dice a su espíritu humano, de entre las profundas
tinieblas de su alma viviente, para que "vea la vida eterna", desde
hoy mismo y en adelante.
En la medida en que, es el Espíritu de Dios, quien realmente "le habla
en 'la rectitud' de la verdad y de la justicia", sólo de nuestro Señor
Jesucristo al corazón el hombre pecador y al corazón de la mujer
pecadora, para que "despierten" delante de su Dios y Creador de sus
vidas, para "entrar enseguida" a la vida celestial. Porque es
solamente en "creer" en el corazón y así "confesar" con los labios,
que el corazón del hombre "despertara" para perdón, salud y vida
eterna, en las manos de nuestro Padre Celestial, por los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo y la gracia infinita de su Hijo
amado, ¡el Señor Jesucristo!
Ya que, nuestro Padre Celestial "envió" a su Hijo amado al mundo, para
que lo que está "torcido en el andar" del hombre, entonces sea
"enderezado" en su vida y en la vida de cada uno de los suyos,
también, para que "camine recto" en la tierra y así también en su
nueva vida celestial, del nuevo reino venidero. Porque sólo los que
"caminan en el espíritu del 'nombre y de la sangre sagrada' del Árbol
de la vida", entonces podrán ingresar a la vida eterna del nuevo reino
de Dios y de sus huestes celestiales, para que no vuelvan a conocer
los pasos de rebelión de Adán y Eva, sino sólo los del Señor
Jesucristo, para la eternidad.
Y el hombre y así también la mujer, el niño y la niña de la humanidad
entera, están "llamados a conocer", por inicio divino, los pasos
Jesucristo en sus corazones primeramente, para comenzar a caminar en
sus pasos normales, en la tierra y también en el paraíso, en los pasos
de la verdad y la justicia infinita del Árbol Viviente. Porque no es
posible que nadie "camine en el reino celestial" y pise lugares muy
santos de Dios y de su Árbol de vida eterna, con los pasos (o el
caminar) de Lucifer y de sus ángeles caídos, por ejemplo. Esto es
totalmente inaceptable, injusto, absurdo e ilógico infinitamente, para
nuestro Padre Celestial, para su Espíritu Santo, para su Árbol de
vida, para sus ángeles infinitos y, por ultimo, también para el hombre
y la mujer de fe, que han llegado a conocer la rectitud de la verdad y
la justicia del nuevo reino celestial.
En efecto, esto es "abominación infinita", en la mayoría de los casos
para el corazón sumamente sagrado de Dios, de su Espíritu Santo, del
Señor Jesucristo, de sus huestes celestiales y de su nueva humanidad
infinita (lavada, justificada y santificada por la sangre sagrada del
pacto eterno), en sus millares, por todos lados, en el reino de los
cielos. Y nuestro Dios no está "buscando la abominación" del pecador,
ni menos ver a sus siervos fieles "ofendidos", una vez más, por las
palabras mentirosas y llenas de maldad de Lucifer y de sus ángeles
rebeldes, sino sólo "la rectitud de 'la verdad y la justicia eterna'
de su Hijo", en la vida de cada uno de sus muy amados.
Y estos muy amados por Dios, por su Espíritu Santo y por su Hijo
amado, el Señor Jesucristo, "no son tantos 'los ángeles' del cielo",
(porque Jesucristo no murió por ellos), sino que eres "tú mismo", mi
estimado hermano y mi estimada hermana, en esta misma hora del día y
para el infinito. (Porque la verdad (y la justicia infinita) de la
vida santa y recta del reino de los cielos es que nuestro Dios "te ama
tanto", como el Señor Jesucristo y así también su Espíritu Santo,
cuando Dios mismo deja correr la sangre de su "Cordero Escogido", para
tocarte, redimirte de tus males eternos, como la muerte del infierno,
por ejemplo.)
Y sólo así tú puedas "vivir tu vida 'santa, recta' y sobrenaturalmente
normal", no sólo en la tierra, sino en tu nueva vida angelical e
infinita del nuevo reino de los cielos, como en La Nueva Jerusalén
Gloriosa de la nueva eternidad venidera, por ejemplo, en donde "no
existen" los malos pasos del enemigo, sino sólo los pasos del Mesías.
Porque "no es justo" que nadie camine por estas tierras santas del
cielo "con otros pasos" en su vida celestial, terrenal o del mismo
paraíso, "que no sean" los de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor
Jesucristo! Por lo tanto, «nuestro Dios no es un Dios de injusticia,
sino un Dios infinitamente verdadero, amante de lo bueno y muy justo
con todos sus hijos e hijas en toda la tierra», sólo por medio del
espíritu de amor y de rectitud de su Hijo amado, ¡el Cristo!
Entonces la tierra sagrada del nuevo reino venidero "vomitaría" a cada
infractor, de la misma manera que el antiguo reino celestial "expulso"
a Lucifer y a sus ángeles rebeldes, y así también como sucedió con
Adán y Eva, en el paraíso, en el día que pecaron delante del Señor
Jesucristo, cuando torcieron sus pasos al no creer en Él. Por eso, el
hombre "tuerce sus pasos 'por su caminar' en la tierra", así como Adán
y Eva torcieron sus pasos en sus andares en el paraíso, fue porque
"únicamente no creyeron" en el Señor Jesucristo, para mal de sus pasos
eternos en la eternidad venidera y así también para con cada uno de
sus descendientes, en toda la tierra.
Porque la verdad es que la tierra sagrada del paraíso "se entristeció
mucho", cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido y
posteriormente los "vomita" de sus tierras sagradas, aun cuando no
querían hacerlo así, para que "no la contaminasen más" con sus malos
pasos del enemigo eterno del Señor Jesucristo, Lucifer. Por lo tanto,
en todos los lugares, en donde nuestro Dios desciende con su Espíritu
Santo, para hacer su obra infinita en la vida del hombre, entonces
"ese lugar es muy santo" para Dios, y el hombre tiene que manifestar
"reverencia hacia su Dios" y Creador de su vida, para que "vengan
'días buenos y de refrigerio' a su vida".
Por ejemplo, podemos recordar cuando el Señor Jesucristo descendió del
paraíso, como "el Árbol extraño que 'ardía entre llamas' al lado del
Sinaí", y la zarza en su derredor no se quemaba, por muy intenso que
fuese el fuego y su calor, también. Y cuando Moisés vio "la luz del
fuego", después de algunos días, entonces se acercaba un poco más,
como cada vez más que el día anterior; es decir, que la luz del Mesías
"estaba 'destruyendo' las tinieblas del corazón y de los ojos de
Moisés", para que finalmente lo viese frontalmente, rectamente, para
gloria de Dios y salvación de Israel. Porque a nuestro Dios sólo lo
podemos "ver 'rectamente' con nuestro corazón y con nuestros ojos", no
por medio de ídolos e imágenes de talla, sino por el camino recto de
la verdad y la justicia infinita del Señor Jesucristo.
Pues Moisés se acercaba a la luz del fuego cada vez más y con "gran
curiosidad" en su corazón, porque "veía 'el árbol de la vida ardiendo'
sobre el Monte Sinaí" (como quien ve a Cristo sobre lo alto del monte
sangrando y nos ve no con juicio eterno, sino con un espíritu recto de
amor, justicia y verdad infinita). Y entonces Moisés pensaba que
pronto se apagaría el fuego del Árbol en llamas (como los otros fuegos
que había visto arder por un tiempo y hasta que se extinguían
finalmente). Pero luego de varias veces de ver el fuego, el cual ardía
pero no consumía, ni hacía daño en todo su alrededor, entonces esto
despertó mucho más que antes la curiosidad del corazón de Moisés, como
que las tinieblas que estaban en su corazón, en su alma eterna,
entonces comenzaron a irse de él, para siempre, por ejemplo.
Y entonces comenzó a caminar recto Moisés hacia donde estaba el fuego
del Árbol Ardiente, pero con mayor luz que antes en su corazón, porque
la misma luz del fuego del Árbol Ardiendo en llamas le ayudaba a
disipar las tinieblas que segaban su vida y la de los suyos, también.
Entonces una vez bien cerca del Árbol en llamas, volvió a oír una voz
que le decía a Moisés: ¡El lugar en donde te encuentras Moisés, santo
es! (Moisés se asusta esta vez más que antes, al oír la voz que venia
a él, directamente desde el Árbol y entre las llamas extrañas a su
corazón y a sus ojos, también.) Una vez más, la voz celestial habla,
la cual quemaba su corazón y su alma entera sin hacerle daño alguno, y
le dice: Moisés, quítate las sandalias, para que no profanes el suelo
con tus pasos mundanos y torcidos por el pecado, porque sólo yo soy el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacobo.
Moisés se estremece al oír lo que Dios mismo le manifestaba a su
corazón "para hacerle entender" quien realmente era Él (o delante de
quien él estaba parado en aquel lugar y en aquel instante); y entonces
sin decir nada, Moisés obedeció a su voz, la cual le continuaba
hablando desde el Árbol Ardiendo, y prosiguió a quitarse las
sandalias. Y una vez que Moisés se quita las sandalias de sus pies,
entonces el SEÑOR "le comenzó a hablar a su vida" para bien de todo
Israel, como nunca antes Dios le había hablado al hombre de toda la
tierra, en aquellos días, y hasta que Cristo vino a nosotros para
entregarnos el camino recto hacia la vida eterna.
Por lo tanto, desde aquel día que Moisés se removió sus sandalias de
sus pies, delante de Dios y de su Árbol de vida ardiendo en llamas en
el Sinaí, entonces «los nuevos pasos hacia una vida nueva comenzó no
sólo con Israel, sino también para la humanidad entera y sus naciones
en todos los lugares de la tierra». Es decir, que los pasos de Moisés
no sólo cambiaron en su vida, sino también la de los israelíes por
miles de siglos venideros, para por fin (y muy pronto también)
«recibir al gran rey Mesías en sus corazones», para su liberación
total e infinita de sus enemigos eternos de toda la vida.
Y estos nuevos pasos de Dios en la vida del hombre son los pasos del
Señor Jesucristo, desde la antigüedad y hasta nuestros días, "llenos
de bendiciones y de milagros gloriosos" para derrotar al enemigo y a
cada una de sus tinieblas, con los poderes sobrenaturales de su
evangelio eterno y con los dones de su Espíritu Santo, por ejemplo.
Porque el Señor Jesucristo es "el cambio total" de los pasos torcidos
del hombre pecador y de la mujer pecadora, "para recibir sus pasos
eternos", de su nueva vida infinita del paraíso y de La Nueva
Jerusalén Santa e Inmortal del cielo, para perdón de pecados y para
sanidad total del corazón, del alma y del cuerpo del hombre.
Porque "sólo estos pasos", del Señor Jesucristo en el paraíso y así
también en la tierra, "son los que han de llevar" paso a paso hacia la
vida eterna e infinitamente gloriosa de nuestro Dios, a todo hombre y
a toda mujer, también, para entrar a la vida eterna y vivirla, gozarla
y crecer en ella, eternamente y para siempre. E infinitamente
"caminaremos en los pasos del Señor Jesucristo" en la tierra y así
también en nuestras nuevas vidas eternas, como Dios "decidió que fuese
así" en la vida de Adán y en la vida de cada uno de sus descendientes,
de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de la humanidad entera,
desde antes de la fundación del cielo.
Es por eso, que "el caminar de la verdad, la justicia", es la rectitud
de la nueva vida eterna del hombre en la tierra y así también en La
Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, para todos los ángeles y
para la nueva humanidad celestial e infinita de la nueva eternidad
venidera. Es por esta razón, que nuestro Dios "te llama a ti", de la
misma manera que "llamo a sus 'hijos e hijas' de la antigüedad", para
que le sigas sólo a él paso a paso hacia la eternidad desde hoy mismo
y para siempre, en el infinito de Dios y de su nueva humanidad
celestial e infinita.
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, el Señor Jesucristo.
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para
que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la
voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero
todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu
vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos
termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad.
Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y
noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber
desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos
estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor
Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe
en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus
infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también,
en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley
santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas
las huestes de sus santos ángeles. Y tú con los tuyos, mi estimado
hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de
bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada
señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y
celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra,
del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino
de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!
SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".
CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, por la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx
http://radioalerta.com
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