La venganza del boludo



Hace poco más de un año recibí un llamado de alguien que por recomendación de un amigo me buscaba para escribir un libro con información confidencial que tenía en su poder, apuntando a denunciar al ex presidente Nestor Kirschner por supuestos actos de corrupción cometidos en la provincia de Santa Cruz durante su gobernación.

El libro iba a llamarse como titulo mi nota: “La venganza del boludo”. Lo cierto es que durante el tiempo de negociación, un poco motivado por la información que me llegaba, fui informándome mucho mejor acerca del gobierno de Kirschner y su sucesora homónima. Paso el tiempo, nunca nos pusimos de acuerdo. Para cuando el anónimo se decidió yo ya no estaba interesado en construir la bandeja sobre la que se servirían un montón de denuncias infundadas y datos de corrupciones a medio probar.

Pocos meses después el ex presidente Nestor Kirschner comete el exabrupto de morirse, y me vinieron a la memoria los sucesos de aquel libro que no fue. Me felicité a mi mismo por la decisión, y quede meditando seriamente en que hubiese sucedido si lo hubiese hecho. Hubiese contribuido a la construcción de una percepción negativa de un político al que hoy respeto y seguramente sumado disgustos a su maltrecho corazón. Perdí una excelente oportunidad de negocios claro, pero obtuve la tranquilidad de consciencia que hoy me permite lamentar la muerte de un tipo que con errores y aciertos tuvo los ideales bien puestos, y se animo a asumir la conducción de un país en llamas, contra la salvaje oposición de mucho poder concentrado.

Repasando aquella alusión al tipo con cara de tío bueno al que en Santa Cruz primero no daban dos mangos y en todo el país después algunos creyeron otra cosa por ser simple, maltrecho en su vestir, flaco y desgarbado, encontré una buena explicación al por qué una buena parte de la sociedad argentina no logró asimilar su autoridad. Ese hombre encorvado, desviado en su mirada, con ideologías setentistas de izquierda peronista no era un digno representante para “la más europea de las sociedades de américa latina”. Acá nos gusta la gente bien. Acá preferimos a los señores de apellidos ilustres y a las señoras de la alta sociedad que se cagan en todos, pero con altura, glamour y el traje bien compuesto. Alta la mirada y el paso ordenado, que no se note que somos argentinos como esos negros descamisados que hacen que nuestra argentina se parezca a Paraguay, Brasil, Bolivia o Venezuela.

Menudo favor les hizo Néstor viniendo a morirse justo ahora. Ahora que faltaba poco para las elecciones y había una remota posibilidad de cortar la racha… éste va y se muere. Y para colmo el pueblo por millones lo llora, lo lamenta y lo justifica. El mismo pueblo boludo que lo aplaudió en vida y unos cuantos que se volvieron boludos de repente. Porque claro, ¿quien no sabe que la boludez es contagiosa?.

Hace apenas diez días, en los albores del censo nacional 2010 nos desayunábamos con la noticia de que había muerto Néstor Kirschner. Baldazo de agua fría. Costó acomodarse, costó creer. Pero en cuanto el pueblo asimiló el golpe salió a las calles a regarlas con su esperanza y con la firme convicción de que esta muerte no era la muerte. El jueves miles y miles lloraron la plaza de las madres y el viernes, en la que me pareció la más conmovedora de las imágenes de esos días, un avión blanco y gordo se elevaba de la tierra para siempre. Se anudó el trago en la garganta cuando al tercer día, Néstor, se fue al cielo.

Hoy entiendo que esa fue verdadera y finalmente la venganza del boludo. Con la fuerza inexpugnable de los hechos y el respaldo amoroso de unos cuantos, nació un mito contra el que ya no van a poder pelear.

Guillermo Dowyer, 5 de Noviembre de 2010.

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