Una presidenta superpoderosa



Una presidenta superpoderosa
Por Fernando Laborda
Viernes 30 de noviembre de 2007 | Publicado en la Edición impresa


Nunca desde la reapertura democrática de 1983 un presidente de la Nación
asumió sus funciones con una cuota de poder semejante a la que, al menos
en un principio, gozará Cristina Fernández de Kirchner.

Las mayorías numéricas que tendrá la futura jefa del Estado en la Cámara
de Diputados y el Senado no las ha tenido ningún presidente en el citado
período de 24 años.

Muchos se preguntan si, con esas mayorías absolutas, Cristina Kirchner
necesitaba los controvertidos superpoderes, facultades legislativas que
los parlamentarios le concedieron al Poder Ejecutivo, y la prórroga de la
ley de emergencia económica, que la semana próxima seguirá tratando el
Poder Legislativo.

En un país que viene creciendo a tasas cercanas al 9% en los últimos años
y que canceló anticipadamente su deuda con el FMI, ninguna ley de
emergencia económica parece necesaria y ninguno de sus fundamentos,
creíble.

Pero hay algo que llama más la atención. Es el hecho de que la presidenta
electa reclame del Congreso la prórroga de esa norma de excepción, cuando
ella, siendo legisladora nacional, se opuso a concederle esos poderes
especiales al presidente Eduardo Duhalde a principios de 2002, un año en
el que nadie podía negar las circunstancias de emergencia económica,
social y política. Curiosamente también, Cristina Kirchner se abstuvo de
votar las prórrogas de aquella ley, incluso durante el gobierno de su
esposo.

Ayer, el proyecto de prórroga de la emergencia económica fue aprobado en
comisión en la Cámara de Diputados e introducido no sin ciertas picardías
por el oficialismo en el plan de labor parlamentaria para la sesión del
próximo martes. La continuidad de esa norma pensada para tiempos muy
diferentes de los actuales, entre otras cosas, le permitirá al Poder
Ejecutivo renegociar concesiones, tarifas y marcos regulatorios con las
empresas de servicios públicos privatizadas.

* * *


Las señales de continuidad siguen siendo mucho más fuertes que las de
cambio. A la permanencia de los superpoderes y, probablemente, de la
emergencia económica, la inminente sanción del presupuesto 2008 añadirá
la costumbre kirchnerista de subestimar las metas de crecimiento
económico, para que la mayor recaudación sea discrecionalmente decidida
por el Poder Ejecutivo sin intervención parlamentaria.

Es que si algo tienen claro Néstor y Cristina Kirchner, incluso desde que
el primero gobernaba la provincia de Santa Cruz, es que la principal
fuente de poder real es la caja del Estado. De allí su obsesión por
asegurarse el superávit fiscal, aunque ahora no por la vía de la
contención del gasto público, sino por una mayor presión sobre los
sectores exportadores, a través de crecientes retenciones.

En sus declaraciones públicas, la presidenta electa parece tener claro
que la inflación se debe combatir con más inversiones. Pero los últimos
actos del gobierno nacional no están generando el clima ideal para los
inversores. Algunas cifras valen más que mil palabras: según el estudio
Broda, en el primer semestre de 2007, la inversión extranjera directa
creció en Brasil el 183% y en Chile, el 62%; en la Argentina, cayó el 51
por ciento.

flaborda@xxxxxxxxxxxxxxx

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